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Peluda situación en la UNE

Redacción
07 de agosto, 2016

Hace unos días Gustavo Berganza hizo un análisis sobre el futuro de la Unidad Nacional de la Esperanza—UNE—en su columna semanal de opinión. En ella se evidenció la división entre los miembros del comité ejecutivo nacional de dicho partido. El artículo apuntaba sobre la necesidad de que la UNE replanteara su visión hacia el futuro, especialmente en lo concerniente a la renovación de liderazgos.

El pasado viernes este debate se llevó a las redes sociales. Miembros del comité nacional como Carlos Menocal y Ronaldo Robles, mantuvieron su crítica hacia la falta de acción por parte de la secretaria general, Sandra Torres, luego de la estrepitosa derrota electoral de en el 2015. En respuesta, la ex candidata presidencial los bloqueó del Twitter… en estas épocas modernas, ¡nada más doloroso que eso!

Las diferencias entre estos tres personajes se convirtieron en noticia y han posicionado un tema importante, sobre todo en el contexto de discusión de una “segunda generación” de reformas electorales. Queda claro que la gran debilidad de los partidos políticos guatemaltecos es la falta de competencia a lo interno de las organizaciones. Los secretarios generales controlan una enorme cuota de poder debido a la estructura de organización que establece la Ley.

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En efecto, Berganza menciona que Torres ha estado enfocada en la realización de las asambleas municipales y departamentales del partido. Al tener control de los delegados municipales, que luego eligen a las autoridades departamentales y nacionales, Torres no tendría ningún problema en ser reelecta como secretaria general. Por lo tanto, independientemente del ruido que ocasionen las críticas en redes sociales, Torres sigue teniendo el poder real a lo interno de la UNE.

El diseño institucional, es decir, las reglas del juego establecidas en la Ley Electoral son las responsables de se dé esta situación en la UNE, y en todos los partidos. Es de recordar la pugna interna en el Partido de Avanzada Nacional, cuando Oscar Berger, a pesar de ganar una elección primaria, no fue electo como candidato. Esto sucedió porque Leonel López Rodas controlaba la asamblea nacional, que según la Ley es la responsable de designar las candidaturas.

Desde mi perspectiva, el modelo de organización basado en asambleas municipales, departamentales y nacionales, no promueve la democracia interna. Ese modelo se caracteriza por votaciones cerradas a algunos miembros del partido (no todos los afiliados), con requisitos de quórum mínimos, planillas únicas y la manipulación del nivel nacional sobre las elecciones de los municipios y departamentos.

Lamentablemente en las discusiones de reformas a la Ley Electoral el modelo de asambleas parece intocable. Las soluciones propuestas se enfocan en aumentar los requisitos de quórum y de organización inscrita ante el Tribunal Supremo Electoral. Si bien, a simple vista esos planteamientos tienen sentido, el problema de fondo es el modelo en sí, no su implementación.

Un modelo de primarias es más efectivo para promover la competencia interna. Por ejemplo, Ronaldo Robles y Carlos Menocal deberían poder tener la oportunidad de construir un grupo a lo interno del partido, y participar en una elección primaria, en la que todos los afiliados (e incluso no afiliados) puedan decidir si desean la continuidad de Sandra Torres como candidata presidencial. En la actualidad esto no es posible pues la elección de autoridades y candidatos la realizan delegados municipales, controlados por la secretaría general de los partidos.

El caso de Donald Trump en el Partido Republicano es un claro ejemplo de la funcionalidad del modelo de primarias. A pesar de que la dirigencia nacional del partido no lo acepta, él fue quien ganó la nominación con el voto de los afiliados. La primaria republicana fue un claro ejemplo de una división interna, canalizada de manera institucional. ¿Por qué no apostarle a un modelo de este tipo en Guatemala? Estoy seguro que podría reducir las rupturas, el transfuguismo, y la creación de nuevos partidos que solo surgen por la incapacidad de los existentes para tratar las diferencias.

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