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El clientelismo pasará de moda

Redacción
04 de septiembre, 2016

Encuentro fascinante cómo el análisis microeconómico (del comportamiento de un individuo o empresa) puede ser aplicado al análisis político. Por ejemplo, uno de mis argumentos principales es que los partidos funcionan como franquicias. Cada cuatro años, las autoridades nacionales de los partidos trasladan a líderes departamentales y municipales el costo de desarrollar “la marca del partido” en el territorio. A cambio, estos líderes obtienen la posibilidad de postularse con un partido nacional que les dé imagen y cercanía con un candidato presidencial.

Hace unas semanas también hablé sobre otro concepto llamado “la subcontratación del poder”. Mi tesis es que los poderes ejecutivo y legislativo han cedido a otros actores algunas de sus tareas, y se han limitado al nombramiento de funcionarios y aprobación de decretos. Esto persigue una lógica similar a la subcontratación que realizan las empresas con el objetivo de reducir costos. En el caso de iniciativas de ley, los partidos trasladan a otros actores el costo de redactar los decretos, los cuales pueden ser aprobados sin mayor discusión en el Congreso.

Si se analiza la política desde una visión de oferta y demanda, se puede decir que los partidos políticos son ofertantes de productos y servicios, y los votantes juegan un papel de consumidores. En este sentido, hay un tercer concepto que surge a partir de esta perspectiva, “la política del contenido”.

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En el caso de Guatemala, el producto ofrecido tradicionalmente por los partidos políticos ha sido de tipo clientelar. Los altos niveles de pobreza y una débil cultura democrática han hecho que el intercambio de un bien material o un empleo a cambio de un voto, sea la estrategia ganadora para los partidos. Sin embargo, este producto podría estar pasando de moda.

Desde mi perspectiva, los votantes (consumidores) están comenzando a demandar un nuevo tipo de servicio más enfocado en la generación y distribución de contenidos atractivos, y menos asociado con la distribución de bienes materiales. Estos contenidos no necesariamente se derivan de una plataforma ideológica o de un plan de gobierno, pero sí reflejan los intereses de los ciudadanos, identificados a través del análisis de información provista por la tecnología.

Esta tendencia es producto de dos variables. Primero, la crisis política del año pasado que mostró el debilitamiento de “la política tradicional”, basada en el clientelismo y padrinazgo político, y segundo, la proliferación de la tecnología de la información, en particular de las redes sociales.

En la actualidad, son pocos, o casi ninguno, los políticos que han identificado esta tendencia. El reto de los partidos políticos para la elección del 2019 será generar un producto que satisfaga la demanda de los votantes. En este sentido, limitar la creación de contenidos a canciones o videos publicitarios podría resultar en un fracaso electoral. Es necesario que los partidos apuesten a la innovación si desean mantenerse vivos.

República.gt es ajena a la opinión expresada en este artículo

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