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Y ahora, ¿quién podrá salvarnos?

Carolina Castellanos
06 de octubre, 2017

La mayoría de guatemaltecos somos gente honrada que nos levantamos todas las mañanas a hacer nuestras actividades diarias, sean éstas trabajar (para los afortunados que tenemos una forma de generar ingresos), estudiar, cuidar a los hijos y llevarlos al colegio. O también salir con amigos, ir al supermercado, tienda o mercado.

Una pequeña minoría (alrededor de un millón de personas individuales y jurídicas) pagamos impuestos. Esperamos a cambio servicios mínimos del gobierno, como un centro de salud digno, educación de calidad, alumbrado público, calles y carreteras por las que se pueda transitar.

Muchos leemos prensa escrita, escuchamos programas de radio, vemos noticias en televisión y usamos las redes sociales. Esto nos permite mantenernos informados del acontecer nacional e internacional.

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Últimamente, agregamos a nuestra vida diaria una buena dosis de quejas, enojos, reclamos, exigencias al gobierno y muchas, muchas críticas a lo que está sucediendo en nuestro país.

Pero nos topamos con impotencia, y el enojo asociado a ésta, por no poder resolver nada. Más aún, por no tener a dónde acudir y exigir nuestros derechos (la mayoría de nosotros sí cumplimos con nuestras responsabilidades). Así que nos expresamos por medio de las redes sociales.

Estamos viviendo lo que en buen chapín se llama “llover sobre mojado”. Nuestra Guate está siendo amenazada por muchas cosas simultáneamente. La época de lluvia ha dañado la ya arruinada infraestructura vial, encareciendo los productos por incremento de costos.

Nos llueve a todos cuando grupos ideológicos quieren defenestrar al Presidente. Romper el orden constitucional sería nefasto para el país.

Nos sigue lloviendo con un Congreso desastroso que no entiende que somos los ciudadanos los que votamos por ellos y que tienen la obligación de hacernos caso.

Y todo lo que sucede se refleja en esos índices que de pronto no todos entienden pero que demuestran que la confianza en la economía ha caído hasta el suelo. No hay inversión por lo que no hay trabajo para tantísima gente. Y no hay una agenda de país que pueda conducirnos a que “deje de llover”.

Varias organizaciones hicieron un llamado al diálogo. Éste puede darse si hay intención de resolver y no sólo de figurar y de empujar agendas personales. Esta no es ahora un “paraguas” para, por lo menos, taparnos de la lluvia.

Seguiremos mojándonos de pies a cabeza si no empezamos a ver el largo plazo en lugar de cerrarnos en la coyuntura actual.

No es el nuevo embajador de Estados Unidos quien nos va a salvar. No va a venir una empresa gigante a darle trabajo a cien mil personas. Seguirá el aguacero hasta que sea reemplazado por un huracán de propuestas que busquen el bien común y no intereses personales.

¿Quién podrá salvarnos? Solo nosotros mismos.

República es ajena a la opinión expresada en este artículo

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