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¡Arraigados!

Carolina Castellanos
02 de marzo, 2017

Platicando vía chat con una amiga, hablábamos de algunas de las crisis que estamos viviendo y ella utilizó esta expresión para referirse a una de ellas: la falta de pasaportes.  Me quedé pensando en el asunto y llegué a la conclusión que estamos arraigados en más de una forma.

Siguiendo la conversación con mi amiga, usaré la palabra para describir el fracasado gobierno que nos tiene viviendo con tantas limitaciones a nuestras libertades.

Los pasaportes son una de tantas historias.  No hay cartillas desde hace un año o más.  Miles de personas no tienen este valioso documento.  A quienes se les venció, van a Migración y allí les ponen una calcomanía que revalida su vigencia.  El problema es que, con esa calcomanía, es sumamente difícil conseguir visa para cualquier país.  No muy “se tragan” el asunto en otros países. Arraigados en el país.

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Otro problema es la falta de DPI.  Hemos recibido toda la información de parte de los medios de comunicación, describiendo la problemática, las acusaciones de Easy Marketing hacia el RENAP y de regreso.  Lo cierto es que no hay DPI.  Cientos de miles de personas no tienen como identificarse, cambiar un cheque, sacar su licencia de conducir, nada.  Mientras el gobierno resuelve el problema, no hay DPI.  Ah! Y sin DPI no se puede tramitar el pasaporte. ¿Qué tal? Arraigados porque no podemos hacer nada sin DPI.

Bueno, pues tampoco hay correo.  Muchos países ya dijeron que no envían correspondencia a Guatemala porque no llega a su destino.  Encomiendas, cartas, lo que sea, están varadas a nivel mundial, en algún lugar, esperando a que este inepto gobierno resuelva el problema y el sistema de correos funcione.  ¿El responsable? El Congreso anterior, que no renovó la concesión.  Correspondencia arraigada.

Pero también estamos arraigados en nuestras casas.  Resulta que lo vividores de la conflictividad deciden bloquear carreteras y rutas principales de la ciudad, otra vez. Tienen la “gentileza” de informarnos dónde, cuándo, horario y, por supuesto, sus tradicionales e ilegítimas demandas. Entonces, nos quedamos imposibilitados de salir, bajo la pena de poner en riesgo nuestra integridad física y hasta nuestra vida, de quedarnos varados en algún lugar por 8 o 10 horas. O sea, ¡arraigados otra vez, en nuestra propia casa!

Adaptando la palabra: nos han querido arraigar dentro de nuestras propias redes sociales.  Resulta que si uno se opone a la opinión de CICIG, nos convierte en corruptos, amantes de la corrupción o racistas.  Nuestra libertad de expresión está coartada por un poder “supranacional”, extranjero y, por lo visto, muy sensible a la crítica y la oposición.  Su palabra no es ley, ni siquiera es válida en Guatemala, más allá de lo que ordena su mandato. 

Resulta que ¡también hay mercadería arraigada! ¿Se recuerda de la patética y desastrosa modificación a la ley de zonas francas? Además de ocasionar la salida de muchísimas empresas, hay mucha mercadería varada en las bodegas pues se quedó “atrapada” en el limbo.  La ineficiencia y la corrupción de las aduanas es extrema.  Las pérdidas para las empresas son enormes.  Hay producto vencido al que se le deberá pagar impuestos para sacarlo y desecharlo. 

Al final del día, lo que más arraigado está es el desarrollo del país.  Lo tienen así la ineptitud, la ineficiencia y la corrupción del gobierno.  También las sentencias judiciales que cancelan licencias por ideología, dejando a miles de personas sin trabajo, y en franca violación a la ley.  Y por supuesto, por la inacción gubernamental cuando se violan los derechos plasmados en la Constitución: libertad de locomoción, de comercialización, de propiedad privada. 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo

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