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El arte de saber manejar

Redacción República
20 de mayo, 2017

Es impresionante la cantidad de accidentes que se reportaron esta semana a través de las noticias. Desde el transporte pesado hasta motocicletas, llegaron a nuestros feeds de noticias diversos tipos de accidentes. Me parece interesante el hecho cuando recuerdo que hace algunas pocas semanas la OMS compartió el dato de que 150.000 personas mueren cada año en carreteras y ciudades de América por causas relacionadas con el tráfico.

Nuestra cultura vial como guatemaltecos jamás ha sido la mejor, de hecho habría que aclarar como primer punto que jamás ha sido promovida entre los ciudadanos. Si la pura educación es un tema al que pocas personas tienen acceso en nuestro país, la educación vial está muy guardada y empolvada.

Son pocas las veces en las que nos preocupamos por ser conscientes de la manera en que conducimos. Tenemos siempre mucha prisa, muchas ansias de llegar y poco tiempo para hacerlo. Nos hemos convertido en todos unos expertos en el arte de salir tarde de casa para llegar al trabajo, por eso es que se nos ve tan estresados cada día por avanzar en medio del tránsito. Como conductores perfeccionamos cada vez más nuestra capacidad de rebasar incorrectamente, avanzar sin esperar a que se nos conceda la vía, nos negamos a usar nuestras direccionales y pocas veces hacemos los altos que se nos cruzan en las calles.

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Esta condición, colectiva porque no hay ninguno de nosotros que se salve de manejar mal, es preocupante. Y lo es porque estamos diariamente poniendo en riesgo nuestra vida. Pero aunque esto ya de por si es trágico, es aún peor considerar que estamos poniendo en riesgo la vida de las personas que conducen por las mismas calles en las que nosotros lo hacemos. Y por esos otros hablo de familias completas, mujeres embarazadas, niños, personas adultas; realmente hablamos de personas cuyas vidas son preciadas para sus círculos cercanos. Sus vidas valen tanto como las nuestras.

Sería una lástima que por ser irresponsables con nuestro horario, nuestra atención a las señales de tránsito y nuestras pocas revisiones al carro, causáramos accidentes que cobren la vida de otras personas y hasta nuestra propia vida. Como guatemaltecos estamos siendo demasiado inconsiderados con la manera en que conducimos, es cierto que nuestras calles y pavimentación tampoco están en las mejores condiciones, pero nuestra actitud tras el volante también dice mucho de nuestra culpa en esta situación.

Manejar es un arte, es cuidar cada detalle para que conducirnos por la vía pública no sea un acto peligroso sino sencillo. Y no se vale culpar a los demás cuando tocamos el tema de la precaución. Dejemos de preocuparnos por lo mal que otros conducen y decidamos partir por considerar y cambiar nuestra propia manera de hacerlo. Imagínense qué cambio habría si todos lo hiciéramos.

República es ajena a la opinión expresada en este artículo

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