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Abramos los ojos ante la crisis que estamos viviendo.

Redacción
31 de agosto, 2017

Lastimosamente la narrativa que ha proliferado a partir de la semana anterior con el rumor de la remoción del comisionado, confirmada por el presidente el domingo, ha puesto a los guatemaltecos a elegir un bando u otro. Muchos ya piden que todos se pronuncien a favor de unos actores sobre otros forzando una dicotomía innecesaria que solo fomenta la división en el país en un momento en donde se necesita un liderazgo menos radical. Las manifestaciones en la plaza y enfrente de la sede de CICIG en zona 14 son la esencia y la representación de esta visión de blanco y negro ante el acontecer nacional. Las opiniones en medios de comunicación alimentan esta noción de confrontación y los análisis objetivos de la situación son cada vez más escasos por ser considerados aburridos o por no tomar una postura radical y emocional. Sin embargo es importante tomarse la molestia, para aquellos que quieren usar más la cabeza que la lengua o los dedos, de pensar acerca de las consecuencias no intencionadas de todo este proceso.

Dentro de la gran controversia que estamos viviendo existen al menos dos actores relevantes. Uno primero es el Presidente Jimmy Morales que como actor es importante analizarlo dentro de dos variables: su figura personal y la presidencia como institución. A título personal, Jimmy Morales ha demostrado su poco liderazgo y capacidad de manejar crisis que lo ha llevado a tomar decisiones que han empeorado la situación del país. Su decisión de declarar non grato al comisionado Iván Velásquez fue un grave error no solo por el claro conflicto de intereses que tiene por su hermano e hijo así como también de su responsabilidad como secretario general de FCN durante el 2015. La percepción ha sido clara y su discurso de “ni corrupto ni ladrón” se está cayendo rápidamente. La presidencia como institución también se ha visto debilitada. La capacidad de realizar órdenes ejecutivas se ha visto limitada por la arbitrariedad y eterna maleabilidad de la ley que la Corte de Constitucionalidad ha empleado para obligar al ejecutivo a actuar o a limitar sus acciones. El hecho de que cualquier decisión del ejecutivo pueda ser sujeta de amparo y que este sea dado con lugar por la CC sienta un mal precedente para el futuro en el cuál la Corte tome decisiones ejecutivas.

En segundo lugar está la CICIG-MP. Reconociendo que es gracias a la CICIG-MP que hemos hecho inimaginables avances en la lucha contra la corrupción, que sin ambos y sin el liderazgo ejercido por sus autoridades no sería posible, los miedos o dudas que han surgido con respecto a ellos se está confirmando. Una de las críticas recurrentes al actuar de ellos ha sido que sus investigaciones son políticas y responden ante coyunturas que los favorecen políticamente, a esto se le ha llamado “justicia selectiva”. La coincidencia de la presentación del caso contra FCN el mismo día en el cual el presidente estaba reunido con el Secretario de la ONU es una muestra de ello. En primer lugar porque un día antes la Fiscal General presentó dos casos, relativamente escuetos con lo que se espera cuando se habla de financiamiento ilícito, que no involucraban al partido oficialista. Al preguntarle si existía una posible investigación sobre FCN, ella comentó que no tenían preparado en ese momento presentar la investigación pero que en un futuro no descartaban la posibilidad. El asunto es que un día después de manera milagrosa, ya tenían esa investigación realizada. Otra crítica ha sido la personalización de ambas instituciones. Sin duda hay que reconocer el liderazgo que han tenido Thelma Aldana e Iván Velásquez siempre y cuando se matice sus actuaciones como mencionaba arriba.

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La posible remoción del Comisionado y la reacción de la Fiscal General afirmando que renunciaría en caso eso se llevara a cabo, ponen a la luz la dependencia que tenemos de estas dos figuras. Parece que Thelma Aldana no se considera capaz de realizar su trabajo de manera independiente y efectiva sin que Iván Velásquez este a su lado y eso es evidencia de que su institución sigue siendo tan débil como el día en que asumió. La reacción de las personas ante esta posible situación muestra también que aún no hemos visto un Ministerio Público fortalecido capaz de resistir la inevitable transición de personalidades que caracteriza a cualquier república. El discurso de instituciones y no personas, tiene su razón de ser.

La narrativa de la cual algunos actores están capitalizando políticamente nos ha puesto unas gafas opacas y encuadradas que no nos permiten ver la situación a la luz de la realidad. Sin duda es un momento que evoca en nosotros una emocionalidad efervescente que nos invita a emitir nuestra opinión y a tomar partida lo antes posible, incluso gritando consignas erróneas a las intenciones que defendemos, como evidencia un video que ha circulado este semana causando un poco de gracia ante el estrés que estamos viviendo. Invito a aquellos que están dispuestos a ir más allá de las consignas y los gritos que inundan, a quitarnos las gafas de la confrontación y a comenzar a discutir las consecuencias de la situación y los cambios que necesitamos para evitar caer nuevamente en esta crisis.

República es ajena a la opinión expresada en este artículo

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