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Mi novia está herida

Redacción República
03 de septiembre, 2017

Por Rudy Pérez 

Yo, confieso que he roto el corazón de mi novia. Alteré la sangre de sus venas. Fui infiel al cabello formado de nubes y al claro azul de sus ojos preciosos. La he visto llorar y entre lágrimas de lluvia que quieren rescatar mis sentimientos, solamente la veo lejana como un horizonte y, la castigo con el látigo de la indiferencia. Hoy está embarazada y, tendrá a un hijo más de los tantos que llevan hinchado su estómago por el hambre y la pobreza. No aguanto su mirada. Quisiera abrazarla y besarla. Su olor a pinabetes y eucaliptos no se ha perdido.

¡Cómo pude quitar la virginidad de sus ríos! Invadir la intimidad de sus montañas. Ahora no puedo perdonarme haberla abandonado. Y paso como aquel amante que siempre hiere a lo que más ama. Rugen sus volcanes, porque sabe que estoy distante. Quisiera con ellos amamantarme con una tierna caricia y brindarme su leche con sabor a maíz.
Ayer sentí su aliento a incienso. Me hizo recordar al bendito Chichicastenango. Aunque llorando, sigue viéndose en ese gran espejo que le regala la luna de Xelaju. Está tan sola. Y aún como orquídea que crece en las verdes verapaces, en la soledad su alma sigue siendo blanca. No sé porqué me cuesta entender que me sigue amando. Porqué a cada error que cometo me concede su perdón. Esta distancia mata, porque cuando está en mis brazos la hago sentir tan distante. Ella me ha llorado toda una historia. Porque su historia ha sido de lucha y sacrificios. Mis ojos la han visto visitar cementerios, cárceles y hospitales. Cuando le pregunto, dice, que son sus hijos que día a día se están matando.
A veces extraño su carácter extinto. Parecía una mujer de oriente. Inquebrantable. Como madre entristece cuando parte de su descendencia, aquella que luchaba por la justicia, quedó soterrada en el olvido. Tuvo que decirle adiós a Manuel, Robin y qué decir de Oliverio. Ellos eran grandes y, yo, como todo un cínico sigo despreciándola.

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Perdóname porque mi vida se ha convertido en un gran circo, donde todavía, cometo la desfachatez de tratar de payasos a las personas.

Pero aquí estoy, para que dictes mi sentencia. Tienes todo el derecho. Pero por favor no tomes el Código de Derecho que te han impuesto, porque, aunque es sagrado no ha sido bien utilizado. Deberé pagarte lo que NO HE HECHO. Me diste miles de oportunidades. Tendré que entrar a tu soledad. Esta noche llegaré a tu palacio verde. Quiero decirte que te amo y regresar. Trabajar por ti. Cobijarme en tu regazo a través del amor a tus hijos. Esta noche no quiero juzgar a nadie. Sé que estarás en cada una de las ventanas a donde te lleve mis disculpas. Porque te asomas a cada una de ellas, llorosa, aunque lastimen sus vidrios la política, y sobre todo las leyes obsoletas que siguen golpeándote.

Mi conciencia me dicta que soy la verdadera razón de tu dolor. Por favor confía en que un día voy a cambiar. Porque te amo mi novia linda. Te amo mi preciosa GUATEMALA.

República es ajena a la opinión expresada en este artículo