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Otro tipo de escuadrones de la muerte

José Carlos Ortega
03 de septiembre, 2017

El gran problema de los escuadrones de la muerte es que al realizar sus acciones se salen del Estado de Derecho y la protección de esos mismos derechos individuales que pretenden proteger.

En nuestro bello país, lleno de problemas sociales y de grandes retos y oportunidades, por no tener claros los objetivos de país, el de proteger los derechos individuales superiores y anteriores al Estado: vida, libertad, propiedad y familia, siempre estamos dando tumbos en cuánto a lo que debe hacer el gobierno, y lo que no, y procurando que resuelva todo aquello que por alguna razón está mal.

Como no tenemos claro que se debe proteger la vida, la libertad y la propiedad, no le damos prioridad a la justicia y la seguridad. Esa fragilidad del Estado ha llevado que varias veces en nuestra historia se hayan fundado escuadrones de la muerte para combatir a grupos que son amenaza para la seguridad o por razones puramente políticas e ideológicas con el pretexto de protegernos. Desde el mal recordado Donaldo Álvarez Ruiz y sus tres secuaces – German Chupina Barahona, Manuel de Jesús Valiente Téllez y Pedro García Arredondo -, pasando por la panel blanca durante el gobierno de Vinicio Cerezo, llegando a las acusaciones contra Vielman, Sperisen y Figueroa, con los Víctores y los Benítez para finalizar con los asesinatos perpetrados por la Policía Nacional Civil contra mareros y otros en tiempo de la señora Blanco Loppola en el gobierno de la UNE. Esos, los más conocidos… pero que seguro ha habido más, y antes que estos.
El objetivo de los escuadrones de la muerte es hacer una “limpieza social” expedita de grupos o personas que han transgredido la ley de forma continua y así lograr que ese mal ya no continúe o que se extirpe determinada forma de pensar o de actuar. Se pretende hacer “justicia” por propia mano y “ahorrarse” el proceso de justicia de probar la culpabilidad, de llevar evidencias, el debido proceso, etc. con la justificación que los tribunales protegen a los criminales. Ahorra dinero de los contribuyentes porque ya no se les mantendrá a esos criminales, se ahorra el juicio y la posibilidad de que salgan a la calle porque grupos de derechos humanos los protejan y otras son las excusas que se escuchan de quienes en la calle, el ciudadano de a pie, la Guatemala profunda y silente afirma para apoyar a estos grupos o apoyar la pena de muerte. Al final, si hubiera, como debe ser, una justicia pronta y cumplida, esa exigencia en el imaginario, no existiría.

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El gran problema de los escuadrones de la muerte es que al realizar sus acciones se salen del Estado de Derecho y la protección de esos mismos derechos individuales que pretenden proteger. Al final, esos grupos, o algunos de sus individuos realizan trabajos por su cuenta, fuera de su mandato original y se vuelven contra la población inocente con actos delincuenciales. Además de realizar trabajos por contrato o por intereses puramente personales. Es decir, la justificación termina siendo ser peor para la sociedad y solo corresponde a intereses efímeros degradando grandemente los valores de la sociedad, violando el Derecho de todos y por supuesto, haciendo víctimas a inocentes y a personas que aunque culpables de delitos, no se les hizo verdadera justicia.

Violentar la justicia es igual que tener escuadrones de la muerte. Cuando una persona no puede defenderse en un tribunal, cuando es culpable aún antes de la presentación de las pruebas, se viola su derecho a defensa y el debido proceso, se violenta el principio de buena fe y de libertad de acción, cuando se le acusa por los medios periodísticos envés de solo consignársele, en ese momento se actúa gravemente en contra de la personas, y se le asesina en su buen nombre, estima, etc. Este es otro tipo de muerte, provocada por otro tipo de escuadrón.

Es por ello que la justicia debe, a toda costa, respetar los valores esenciales de su existencia: presunción de inocencia –i.e. que no sea el acusado el que debe entregar “pruebas” de su inocencia sino el ente acusador el que presente lo que lo convierte en culpable-, el debido proceso, derecho a un juicio justo, con jueces independientes, respetando la libertad de acción y la buena fe del individuo al realizar sus acciones. (Y qué mejor que tuviéramos un derecho basado en la ley natural y tuviéramos juicios por jurado).

Cuando el ente acusador ejerce presión sobre jueces, los amenaza y los insulta si las resoluciones le son contrarias, se les abre procesos de investigación; cuando las personas detenidas no han sido acusadas con pruebas concretas, sino con puras manipulaciones o testimonios falsos, cuando se retrasa liberación de acusados como única forma de mantener presión, recusa jueces sin ningún sentido, cuando se mantiene a personas sin acusaciones reales cautivas – sin el derecho a su libertad -, alejadas de sus familias y de sus fuentes de ingresos, estamos frente a otros escuadrones de la muerte. Esos escuadrones de la muerte, aunque por momentos pueden tener el apoyo de grupos de la población – como aquellos que asesinan mareros o secuestradores -, en un momento dado se pueden volver contra nosotros. Un escuadrón de la muerte no respeta la justicia, lo único que quiere es la aniquilación de individuos o grupos. Cuando un escuadrón de la muerte agrede a un individuo, nos agrede a todos, arruina la sociedad y los valores, y en algún momento se vuelve contra usted, sus hijos, su familia y contra mí, contra todos…

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República es ajena a la opinión expresada en este artículo

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