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Globalismo vs Nacionalismo

Betty Marroquin
29 de noviembre, 2018

Quienes nos tomamos la molestia de seguir el acontecer político nacional y/o internacional, vemos como cada día se debate una agenda política que aunque algunos no la quieran ver, pone en evidencia una polarización ideológica fuertísima. Y esto, no es sólo en Guatemala.

En Europa hay una pugna fuerte entre los que quieren conservar su identidad nacional versus quienes quieren multiculturizarla y volverla otra cosa, a punta de inmigración. En los USA está evidente el debate entre la izquierda que desea fronteras abiertas y la derecha que desea inmigración legal y ordenada. Guatemala no es la excepción, y sólo usé el tema migratorio como ejemplo, porque no se reduce a ello.

Nos importa mucho lo que piensen las potencias, porque vivimos con la mano extendida para pedirles desde asistencia para agricultura hasta asistencia para zootecnia. O sea, desde la A hasta la Z. Para rematarla, tenemos casi todos los huevos puestos en la misma canasta, de tal manera que si esa canasta llega a tener problemas a nosotros se nos quiebran los huevos. Y peor aún, la mentalidad globalista que busca en el exterior un paternalismo con libertinaje.

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Insisto, porque vivimos con las manos extendidas, pidiendo. En nuestro país, especialmente, influye mucho como cambien las cosas en Washington, DC. Si ganan los Demócratas la izquierda esta feliz porque creen que quiere decir que lograrán imponer su agenda globalista en Guatemala. Para muestra, un botón, el artículo de Edgar Gutiérrez, full militante e ideólogo de izquierda, quien pinta un futuro prometedor para la izquierda con la llegada de los Demócratas a la Cámara de Representantes. Cuando ganaron los Republicanos, la elección de Presidente y mayoría en ambas cámaras del Congreso de los Estados Unidos, la derecha en Guatemala celebró porque podían y de hecho se dieron, oportunidades de cambio en la política exterior de los USA hacia nuestro país.

No se ustedes, pero yo estoy china de que estemos a merced de lo que sucede en Washington, y que aquí tiemblen ante la idea de que “nos castiguen” quitando visas, o ayuda a las ONGs, si no hacemos lo que ellos quieren. Guatemala es de los guatemaltecos, y debieramos ser los guatemaltecos los que decidiéramos sobre nuestro propio destino. ¿Qué país deseamos construir? Esa es la pregunta.

Estamos polarizados porque quienes nos manipulan están movidos por dinero. La izquierda porque no quiere perder sus resarcimientos, mina de oro que encontraron para sangrar al país. Además, ya vieron que llegar al poder implica volverse multimillonario, viendo como están Thelma Aldana e Iván Velásquez, cuyo capital de sobra sobrepasa un par de millones. En la derecha es el deseo de poder individual que no permite unirse y luchar juntos por un mejor país. Debiéramos poner el bien del país por encima del propio.

Quienes abogamos por el respeto a la ley y a la soberanía, por más que nos explicamos un sector de la población insiste en ver el tema como quieren verlo, y no entienden razones. Es como si el odio los cegara al punto de no poder razonar. Se rehusan a entender que la aplicación de la Ley es sagrada, igual para todos, todos hijos o todos entenados, sin diferencia de clase, de raza o de género.

Dejando de lado quienes tienen intereses claros en la contienda, podría apostar que la gran mayoría de los Guatemaltecos queremos lo mismo: un país donde seamos libres, decidamos por nosotros mismos qué queremos hacer y podamos hacerlo, donde  haya seguridad y certeza jurídica, se respete la Ley y se aplique igual para todos, se pueda invertir y emprender corriendo los riesgos que eso conlleva, para generar empleo y riqueza. Deseamos un país próspero, dónde todos sus ciudadanos tengan acceso a educación y salud, con la infraestructura necesaria para hacer crecer las ciudades del interior del país, del altiplano, de cada región, llevando oportunidades de todo tipo para sus ciudadanos. Dónde los niños sean niños, y si se quiere ser ateo o religioso se pueda, libremente. Existen los gays y tienen derecho a ser tratados como cualquier otro ciudadano, heterosexual, hombre, mujer, anciano, niño, todos libres y con respeto mutuo, iguales ante la Ley, todos ciudadanos.

Y vuelvo al punto, ¿cuándo tomaremos responsabilidad de nuestro destino? Qué se de una confrontación entre izquierda globalista y derecha nacionalista, si es necesaria, y nos rompamos la cara por amor al país y a nuestros ideales, nosotros los chapines (sin canchitos extranjeros metiendo su naríz en lo que no les compete). Pero que ojalá terminemos de pié los que deseamos construir país, no destruir lo bueno que se ha logrado. Permitir al pueblo edificar, crear, producir. Sin complejo de “redentores” o de “diocitos”, sin imponer que es lo que el individuo debe hacer. Y sobre todo, es hora que los chapines si tenemos que tomar una decisión, la tomemos con conocimiento de causa, dispuestos a no ir a ver a Micky Mouse por un tiempo pero convencidos que la libertad bien vale el esfuerzo.

República es ajena a la opinión expresada en este artículo

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