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Siguen saltando los sapos

Carolina Castellanos
15 de febrero, 2018

Un poco burdo el titulo pero lo considero muy adecuado al pensar en todo lo que está sucediendo. Me refiero a “sapos” como todos los casos de corrupción que siguen “saliendo”, muy entre comillas pues, como buenos sapos, están bajo las piedras y de pronto salen de un salto, a la superficie.

El caso “Transurbano” no es nada nuevo. Se viene hablando de esto desde que sucedió, pero es hasta ahora que sale abiertamente a la luz pública, con cifras y, principalmente, con nombres. Es histórico para un país  cualquiera, y en especial como el nuestro, el que tengamos a dos expresidentes en la cárcel. Uno con más de dos años de estar allí y el otro con pocos días, el futuro de ambos es aún incierto.

¿Qué hacemos el resto de los guatemaltecos mientras todo esto sucede? Lo primero, opinar en redes y chats, y hablar de ello en reuniones de  cualquier índole, especular sobre lo que podría haber detrás de las acciones de esta semana, etcétera. En mi opinión, todavía es anticipado especular sobre esto, lo que no significa analizar los posibles escenarios futuros.

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A la vista del mundo, esto es algo grande y positivo, pues la “lucha contra la corrupción” sigue adelante y más fuerte que nunca. Sin embargo, como he expresado antes en este espacio, tener un montón de personas en la cárcel no resuelve, más aún cuando han pasado ya casi tres años de las primeras acusaciones y aún no hay condenas. Es una muestra más que el mismo sistema de justicia está corrupto, desordenado, colapsado y es totalmente ineficiente. El conjunto de todo esto hace que se pierda el efecto intimidatorio pues las consecuencias de los actos de corrupción se han limitado a tener a muchos en la cárcel. Reconozco que esto no es poca cosa, pero no es suficiente, por mucho.

Con vista de águila, Guatemala avanza. Con vista de hormiga, no. La diferencia que esto hace es drástica. El mundo entero nos ve como águilas, de lejos, sin adentrarse a todo lo que mencioné en el párrafo anterior. Esta vista es positiva. Pero, con vista de hormiga, se ve todo lo anterior y es negativo. Esto ocasiona una pérdida de confianza en nuestras autoridades, en la economía del país y la incertidumbre es altísima. El resultado de esto es la casi nula generación de nuevos empleos, aumentando así la pobreza. También incrementa el involucramiento de jóvenes en maras y otras actividades ilícitas, ante la falta de oportunidades. También motiva a la migración hacia Estados Unidos.

Un inversionista extranjero, que de pronto nos vio como águila, cambió su percepción al descubrir cómo está todo, desde la vista de una hormiga. Esta visión le permite ver la altísima conflictividad qué hay, a todo nivel. Desde los incesantes ataques a los proyectos de inversión, la invasión de fincas de palma africana, que incluye el secuestro de trabajadores, hasta el bloqueo de caminos y la irresponsabilidad de la corte de constitucionalidad (con minúsculas, a propósito), al no resolver el caso de la Minera San Rafael. Por cierto, la ley manda que esa resolución se debió dar en cinco días, y ya van más de tres meses (casi nueve desde el inicio de todo esto).

Pero nuestra Guate se enfoca en los escándalos del momento y se le olvidan los problemas de fondo. Es urgente hacer muchas reformas al sistema de justicia. Es vital acabar con la corrupción de jueces y fiscales y esta guerra jurídica que pareciera estar diseñada para que la corte de constitucionalidad sea quien resuelva todo, y ya hemos visto la significativa parcialidad en sus fallos. Se le dio demasiado poder a esta corte y, como dijo Lord Acton en el siglo XIX, el poder absoluto corrompe absolutamente.

Esta guerra jurídica ha desatado una guerra ideológica. O de pronto fue al revés. Sea como sea, nuestra Guate está dividida al extremo, la desconfianza en el Estado y sus tres poderes (bueno, cuatro pues la corte de constitucionalidad es uno) es mucha y nuestros más de 130,000 estudiantes que se graduaron en octubre, no encuentran trabajo. La pobreza crece, la desnutrición también, la educación sigue deficiente, y el abandono hacia las áreas más lejanas de nuestras metrópolis, es desgarrador.

¿Hasta cuándo dejaremos de enfocarnos en los sapos que saltan, y nos decidimos a trabajar en lo que más importa, que somos los chapines?

República es ajena a la opinión expresada en este artículo

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