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Dolor del alma

Diana Brown
20 de febrero, 2018

“Una sociedad no vive sin utopías, es decir, sin un sueño de dignidad, de respeto a la vida y de convivencia pacífica entre las personas y pueblos. Si no tenemos utopías nos empantanamos en los intereses individuales y grupales y perdemos el sentido del bien vivir en común.”                                                                                                                                                  Leonardo Boff

Con profunda tristeza, periódicamente se escucha de tragedias fatales en ambientes escolares. Entornos que son el segundo hogar de los estudiantes, deben proveerles de una total e insoslayable seguridad para su integridad física y emocional, y que por invasiones de personas que sobrellevan algún desbalance emocional, como resultado sufren de ataques indescriptibles.

Recién ha pasado en el condado de Broward, Miami Florida U.S.A., la matanza de diecisiete personas: estudiantes, docentes, entrenadores, que estaban dentro del recinto educativo, gozando de su vida diaria.   Un ex alumno, quien fue expulsado por conducta inadecuado fue el asesino, sin dar ninguna razón en específico. Arribó armado, sin que se le parara para ni siquiera preguntarle porqué estaba en el campus, e inició su despiadado ataque a los inocentes. Además de los fallecidos, han quedado heridos, y el estado de su bienestar está todavía en suspenso. Este hecho congeló al mundo, y trajo a la memoria las innumerables incidencias previas de homicidios masivos en ambientes escolares.

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El mismo día, dieciséis de febrero, se presenció vía video de WhatsApp, el asesinato de una alumna en la puerta de entrada de su centro educativo en Canalitos, zona 24, ciudad de Guatemala.   Cualquier ciudadano puede virtualmente presenciar este hecho con solo teclear el tema en un buscador, y luego aparece. Sin embargo, este hecho no ha tenido la difusión que merece, pues es la pérdida de una vida joven quien tendría su vida por delante.

Esta discusión se ha compartido en momentos anteriores; las ráfagas de violencia son periódicas, y lastimosamente provocan imitaciones fatales en otros ambientes. Son nefastas provocaciones que se deben anular.

Los padres de familia de los asesinos, en general, comentan que no habían observado ninguna conducta inadecuada en sus hijos.  Si, el aislamiento sintomático, cierta reticencia a la vida social, pero nada inadecuada a lo supuesto de la vida adolescente.

El más reciente asesino si tenía un preocupante perfil virtual; no se le había tomado en cuenta, y hasta la misma FBI (Buró Federal de Investigación) sabia de sus enfoques pervertidos, y no los tomaron en consideración; ofrecieron sus disculpas por no hacer el seguimiento adecuado a los indicadores.

La pregunta puntual es cómo prevenir; ¿Cómo percibir un perturbado psiquis que pueda estallar en reacciones violentos hacia terceros inocentes?

Indistintamente de los entornos culturales, el desarrollo de la persona inicia en el seno familiar. La única persona quien pueda percibir cambios esenciales es o la madre o el padre de familia; pueda ser que esa percepción pase, valga la redundancia, desapercibida; pero el primer filtro es, la familia, y con la meta de asegurar el crecimiento correcto del hijo, el padre de familia es el salvaguarda del bienestar de la comunidad educativa.

Entonces la pregunta puntual es qué hacer.  Sin duda, se observan los desenlaces internacionales; lo que debe preocupar son los indicios nacionales.

¿Por qué se actúa como se actúa?  Por los modelos que se han observado; por los valores admirados, correctos o incorrectos; por el sistema de sanciones que indica cuando una conducta es inadecuada, y entonces tiene su consecuencia.  Por una mística familiar que inspirar imitarla, y ser la mejor versión posible de sí mismo; o su ausencia que deja un vacío insostenible.

No hay respuesta a la incógnita. Se descansa en las teorías pedagógicas de modelaje. ¿quién es el responsable de la conducta del hijo? ¿Es el padre de familia? O es la decisión personal que impulsa a la reacción.

Se debe regresar a las estructuras iniciales de la familia; y los padres de familia que envuelven y se comprometen a la responsabilidad del crianzo de sus hijos. Claro está, actualmente la integración de la familia se comprende de otra manera; sin embargo, los preceptos iniciales son igualmente válidos; respeto, unión, lealtad, compromiso, conocimiento del ser como quien es. Y el amor.

Padres de familia: hay que estar atentos a los cambios por sutiles que fuesen, en las actitudes de los hijos, en su actuar, en su expresión.  Se comparte la preocupación, y la responsabilidad de prevenir, sobre todas las cosas. El bienestar de todos, es asunto de todos. Velemos por la seguridad de los niños, de los jóvenes, del país.

República es ajena a la opinión expresada en este artículo

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