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EL MÉTODO LITERARIO DE AYN RAND, 7a Parte

Warren Orbaugh
18 de julio, 2018

Vimos en mi artículo anterior como Nietzsche le dio a Rand la raíz de su sentido de vida y primera orientación filosófica, que influencia sus novelas hasta el “Manantial”, donde conscientemente se diferencia de su filosofía, mas no de ese sentido de vida que se resume en la cita nietzscheana que reza “El espíritu noble tiene reverencia por sí mismo.

En el “Manantial” define ella al superhombre randiano, que contrapone al superhombre primigenio nietzscheano. También encontramos en esta novela varias de las ideas básicas de la filosofía de Rand, aún no elaboradas en la filosofía que llegará a ser el Objetivismo. El discurso final de Roark trata primordialmente de los conceptos clave de creatividad, integridad y acción auto generada como la esencia de la vida apropiada del hombre –las raíces de la ética Objetivista.

El Manantial” es la novela en donde Rand intenta por primera vez retratar al hombre ideal randiano, ya no nietzscheano, pero se enfrenta con la dificultad de que aún no está lista para retratarlo, pues sus ideas e ideales están todavía en proceso de desarrollarse lo suficiente –en la filosofía explícita que llega a ser el Objetivismo– para cumplir con la tarea que se auto asigno. En “The Early AynRandvemos en los episodios ausentes en la versión final, a un Roark en su relación con Vesta Dunning –una joven actriz de quien se enamora antes de conocer a Dominique– que aúnretiene vestigios del superhombre primigenio nietzscheano: cruel, distanciado y violento:

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“«Escucha, Howard…» susurró gentilmente ella. Sus dedos entrelazados en una pequeña bola en su cuello, sus ojos abiertos de par en par, suplicantes  e indefensos; nunca se había visto más adorable. «Escucha, cariño, mi ser más adorado, te amo. No te estoy reprochando. Sólo te estoy suplicando. Te quiero. Nunca te he tenido realmente, Howard. Quiero conocerte. Quiero entender. Me siento… sola.»

«No soy una muleta, Vesta.»

« ¡Pero quiero que me ayudes! ¡Quiero saber que quieres ayudarme!»

«Yo no querría, si fuera tú. Si quiero llegar a ayudar a alguna persona, no querría a esa persona ni ayudar más.»

« ¡Howard!» gritó ella. « ¡Howard, cómo puedes decir una cosa como esa!»

Y entonces empezó súbitamente a sollozar, antes de que pudiera evitarlo, sollozando abiertamente, convulsivamente, sin tratar de ocultar el hecho, simple, vergonzoso de su dolor, sollozando con su cabeza apoyada en el codo de él. Él no dijo nada ni se movió. Ella deslizó su cabeza hasta la mano de él, presionó su cara contra ésta, pudo sentir sus lágrimas en la piel de su mano. La mano no se movió; no parecía estar viva. Cuando alzó su cabeza, al fin, vacía de lágrimas, de sonidos, aún de dolor, el dolor tragado bajo un estupor entumecido, sólo su garganta meneándose silenciosamente, cuando lo vio, vio una cara que no había cambiado, que no había sido alcanzada, que no tenía ninguna respuesta que darle. Él dijo:

« ¿Puedes irte ahora?»

Ella asintió, humildemente, casi indiferente, indiferente hacia su propio dolor y la falta de respuesta que era una respuesta tan elocuente. Ella retrocedió lentamente hacia la puerta, salió silenciosamente, sus ojos fijos hasta el último momento, incrédulos y desconcertados, en su cara, en la vasta e incomprensible crueldad de su cara.”                      

[Ayn Rand, editado por Leonard Peikoff. The Early Ayn Rand. “Vesta Dunning”, NAL Books, New York, 361].

El Roark que vemos en la versión final de la novela es un concepto más maduro. Es un Roark emocionalmente más abierto, más introspectivo, más deseoso de relacionarse con los demás y más dispuesto a valorar a otra gente.

Pero Roark plantea otra dificultad para Rand. Esta vez, una de carácter literario. El personaje ideal, moralmente perfecto, ofrece pocas oportunidades para centrar la historia en un conflicto moral interno. Un héroe que carece de problemas psicológicos descarta enfocar la intriga en un conflicto psicológico. Para resolver este problema, Rand convierte ados euteroagonistas en los verdaderos protagonistas que sustituyen a Roark en el rol principal. Roark permanece fuera de escena por más de la mitad del libro. No así losverdaderos protagonistas que son, primero Dominique Francon y luego Gail Wynand. Y el tema de la trama se convierte, ya no en la presentación del hombre ideal, sino que en ‘cómo reacciona la gente imperfecta ante el hombre ideal’. De esta forma Rand centro la trama en un conflicto moral interno, tanto de Domique, como de Gail.

La premisa moral de Domique y de Gail parte de su convicción de que el mal está irremediablemente destinado a triunfar. Entonces, ¿por qué luchar por ser virtuoso? ¿Por qué no permitirse hacer el mal? Dominique desperdicia su talento tratando, lo mejor que puede, de destruir todo aquello que valora más, desde estatuas hasta a Roark y hasta su propio espíritu. Gail usa su poder económico para exaltar lo banal y aplastar a aquellos que muestran algún signo de integridad. Como no están convencidos de que el bien puedatriunfar, tratan continuamente de probar que su desesperación es realista. Y por eso mismo, en lugar de esforzarse en alcanzar la virtud, se empeñan en destruir su propia virtud.

Dominique es una mujer con una fuerza vital intensa, por lo que ese intento de auto controlarse y reprimirse crea un conflicto interno en ella que es insostenible. Lo que al fin la quiebra es Howard Roark, a quien descubre como obrero en la cantera de su propiedad de Connecticut. Allí se da la primera agnición unidireccional entre ellos, cuandoDominique alardea a los cuatro vientos con su actitud quien es ella y Roark se lo hace saber:

“« ¿Por qué esta siempre mirándome fijamente?» preguntó ella con aspereza.

Pensó con alivio que las palabras eran la mejor manera de distanciarse. Ella había negado todo lo que ambos sabían al nombrarlo. Por un momento, el permaneció silencioso, mirándola. Ella sintió terror sólo de pensar que él no respondería, que dejaría que su silencio le dijera claramente porque no era necesaria una respuesta. Pero él respondió. Dijo:

«Por la misma razón que usted ha estado mirándome a mí.»

«No sé de que habla.»

«Si no lo supiera, estaría más sorprendida y mucho menos enojada, señorita Francon

« ¿Así que conoce mi nombre?»

«Lo ha estado anunciando de forma fuertemente llamativa.»

«Mejor no sea insolente. Sabe que puedo hacer que lo despidan inmediatamente.»

[Ayn Rand. The Fountainhead. Signet, New York, 209].

Roark es el compañero ideal de Dominique: un héroe. Ella así lo siente. Pero ¿cómo puede responder ella a él dado su atormentado conflicto? El amor sólo puede llegarle en alguna forma torcida, sólo a manos de un violador que la obligue a ceder a lo que ella realmente desea. Dominique desea ardientemente a Roark, a quien considera un obrero inferior, pero que no puede evitar percibir como un hombre superior.

La famosa secuencia de la cantera muestra la estupenda técnica literaria de Rand. La lucha de Dominique por mantener su control sobre sus emociones es descrita con una percepción psicológica extraordinaria. Roark no puede sino reconocer la necesidad de Dominique cuando dice: “La presión es un factor poderoso. Conduce a consecuencias que, una vez iniciadas, no pueden controlarse.”

Después de ese encuentro, desea encontrar otra vez a Roark, pero éste se ha ido. Aliviada por no tener que sentir que valora a alguien prefiere no saber su nombre ni como encontrarlo. Dominique se deleita en atormentar y tomarle el pelo a la gente que desprecia. Cuando encuentra una estatua que realmente le gusta, la destruye, no para evitar que alguien la vea, sino para ella no verla, porque no puede permitirse sentir lo que la hace sentir. Sabotea su carrera como periodista para no disfrutarla. Intencionalmente se dedica a reprimir sus emociones. No tiene amigos, no le importa su padre, no responde a los abrazos de los hombres, no le provocan ni deseo ni asco.

Su segunda agnición con Roark –recíproca esta vez– es también una revelación. Descubre que el arquitecto a quien admira por su integridad y originalidad, manifiesta en su obra, es el obrero de la cantera de quien se enamoró una vez. Pero desde el inicio de su reencuentro con Roark, Dominique se ve obligada a seguir la lógica de sus premisas psicológicas. Debe, desde luego, destruirlo, no para salvarlo de la corrupción del mundo, como dice, sino para restaurar su control emocional y la seguridad de que su visión del mundo es correcta. Pero se da cuenta de que para lograrlo, no sólo debe destruir a Roark sino que debe destruirse a sí misma. Si los valores no tienen oportunidad en el mundo, entonces su único valor, su integridad es también una amenaza para ella. Se degrada casándose con aquellos a quienes desprecia, primero con Keating y después aceptando ser vendida a Gail Wynand.

Sin embargo no tiene éxito. Defiende a Roark en el juicio del Templo Stoddard. Le advierte a Keating que no se case con ella. Trata de salvar a Wynand de Toohey. La paradoja está en que buscando su propia degradación encuentra la salida de su laberinto de problemas, de su pantano existencial. Descubre que ella y Wynand son similares, en lo que valoran y en que traicionan esos valores. Ambos pierden su habilidad para auto engañarse, para hacerse creer que no les importa lo que valoran. Finalmente, Howard Roark destruye el supuesto balance emocional de Dominique y Wynand, arrastrándolos de regreso a la realidad, a la necesidad de tener valores y de luchar por ellos.

Continuará.

República es ajena a la opinión expresada en este artículo

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