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¿En dónde queda la lucha contra la corrupción?

Antonio Melgar
02 de octubre, 2019

Sin duda las condiciones sociales que afronta el país, son cada vez más contradictorias y sobre todo dejan una huella profunda y que de seguro dejan secuelas que enfrentan las futuras generaciones que al final se convertirán en parte de su historia. 

La lucha contra la corrupción y la impunidad, de seguro tendrá un capítulo muy extenso en esa historia, que por supuesto quedará marcado por el actuar de CICIG (que finalizó en septiembre pasado su mandato) y el MP de Thelma Aldana, que con el tiempo veremos si fueron más los aciertos o los desaciertos que se cometieron para luchar contra este flagelo que tanto afecta a la población.

Lo cierto es que por el escrutinio público pasaron casos que rompieron el silencio ante la malversación de los fondos públicos, como La Línea, Cooperacha y Cooptación del Estado, que tenían como principales responsables a la ex vicepresidenta Roxana Baldetti, y el ex presidente Otto Pérez Molina, quienes hasta el momento siguen con casos activos.

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Estas y otras investigaciones presentadas  por la CICIG y MP, tocaron a algunos políticos de altas esferas, y los señalaron como posibles culpables de cometer hechos que riñen con la ley. 

Así que no hay duda en que muchos de esos señalados buscan venganza,y llegan hasta el extremo de establecer una comisión que busca evidencias criminales contra la Comisión y otros actores a fin de procesarlos y perseguirlos. 

Por supuesto creo que las condiciones se pintan ante la opinión pública como divididas porque muchos creen que los políticos que fueron señalados y ahora están en procesos tuvieron algo que ver, mientras otros creen que la comisión cometió errores y solo se dedicó a  hacer cosas que no le tocaban realizar, y por ello era necesaria su expulsión como finalmente ocurrió.

Estos eventos que seguramente serán objeto de análisis profundos a futuro y de trabajos de investigación sean una lección aprendida, porque la corrupción es un mal que está muy enraizado y tan profundo que sigue campante en el Estado de Guatemala, y seguirá así si no se toman medidas para erradicarlo.

Las secuelas de la corrupción son profundas vengan de donde vengan, ya sea del pensamiento ideológico de izquierda o de la derecha, o de aquellos que persiguen perpetuar el estatus quo, o llegar a posiciones que los favorecerá para lograr sus fines personales y olvidarse que se hicieron funcionarios para servir a los demás.

Las prácticas de la corrupción dejan hambre, enfermedad y falta de educación, en la población más vulnerable dejándolos en la precariedad y la falta de oportunidades que tanta falta hacen para establecer desarrollo en nuestro bello país, que necesita de buenos guatemaltecos que merecen mirar condiciones que los hagan salir adelante.

Así que estemos atentos a todo lo que ocurre ahora, veamos quienes hablan y quienes son los que piden investigaciones, estemos atentos porque seguro que habrá ataques en contra de quienes buscan un mejor país o trataron de cambiar las reglas de un sistema podrido que solo deja más hambre que beneficio. 


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