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La jugosa desigualdad

Carolina Castellanos
13 de diciembre, 2019

La peor forma de desigualdad es tratar de hacer iguales a las cosas desiguales.

Aristóteles

Somos desiguales.  ¡Gran descubrimiento!  Dios nos hizo desiguales.  Ni los gemelos idénticos son totalmente iguales.  Nada nuevo aquí, excepto para los que lucran resaltando la desigualdad.

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Phillip James Baily, poeta inglés, dijo “la única igualdad en la tierra es la muerte”. La Declaración Universal de los Derechos Humanos, en su Artículo 1, establece que “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos…”. Y el Artículo 7 dice “todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley”.

Estando claramente reconocida esta igualdad ante la ley a nivel mundial, ¿por qué muchas oenegés se dedican a resaltar las desigualdades? Mi opinión está en el viejo refrán: “divide y vencerás”. Para esos grupos, vencer significa dinero por montones, aparición en los medios de comunicación y espacio en las agendas de políticos, como diputados y el vergonzoso procurador (con minúsculas, a propósito), de los Derechos Humanos. Estas relaciones de conveniencia les dan poder. La fórmula perfecta: dinero y poder.  

Causar división es la estrategia que ha utilizado la izquierda desde sus inicios. Etiquetar de proletariado a la población obrera fue un gran logro, causando una mayor división: ricos y pobres.  Los que ostentaban el poder demonizaron a los “ricos”, acusándolos de causar la pobreza de los demás.  Esto lo vemos día con día en nuestro país y en el mundo.  CICIG lo agrandó acusando de corruptos a los empresarios, generando odio y rechazo por parte de los menos favorecidos.  Es una estrategia bien pensada pues, al acusarlos de corruptos, ellos son los responsables de la falta de medicinas, de útiles escolares, de alimentación, de vida digna, etc., pues evaden impuestos y eso impide que el gobierno otorgue todo eso a la población. ¿Qué “talito”?

Una vez establecida esa división, es como una rajadura en un dique: se va haciendo cada vez más grande por la presión del agua, que en este caso es la población de nivel socio económico medio y bajo. Acompañando la división está el discurso clásico de los socialistas: el gobierno es el responsable de proveerlo todo: salud, educación, carreteras, vivienda, desarrollo, y un largo etcétera.

No es de extrañar, entonces, que estos grupos logren privilegios tales como la ley de femicidio y toda una infraestructura en el Ministerio Público con la Fiscalía de la Mujer.  Cualquier delito es el mismo, sea quien sea que lo cometa.  El afectado será víctima, hombre o mujer.  Mientras más se regula, más corrupción hay.  La ley de femicidio se ha utilizado para lograr favores y también para victimizarse. Recordemos a Sandra Torres a media campaña electoral, utilizando esta ley para quitarse de encima una acusación que no tenía nada que ver con su condición de mujer.

Yo no tengo nada en contra de la comunidad LGTBI.  Cada quien es libre de ser y hacer lo que quiera siempre que no dañe a nadie más. El problema es cuando estos grupos, tales como los de feministas, indígenas y cualquier otro, quieren politizar su condición. Dicen representar a esas comunidades pero solo se representan a sí mismos.  Buscan poder, dinero y privilegios.  Aquí se rompe la igualdad ante la ley. Además, causa más división entre nosotros y más animadversión contra quienes lo promueven.

Algo que sí queda muy claro es que, en la gran mayoría de los casos, quienes promueven esta división y la obtención de privilegios, son militantes de la izquierda. Pregonan el socialismo como la solución a todos los problemas.  Los dirigentes probablemente crean algo de la retórica socialista.  Los demás, en su mayoría, son acarreados, como los que vemos en las protestas y manifestaciones organizadas por CODECA u otro.  Es un discurso que genera lástima y con eso, brotan los millones de euros (principalmente), suficientes para comprar voluntades políticas.

¡¿Hasta cuándo los funcionarios de turno seguirán cayendo en esta trampa?!

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