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Resaca electoral: estamos salados

Juan Diego Godoy
21 de junio, 2019

Ni las fuertes lluvias que continúan inundando el país, ni los reproches que algunos fanáticos hagan denunciando “fraude electoral”, podrán llevarse los resultados que nos dejó una contienda exprés cargada de campaña negra, pocas propuestas, nulo debate e intrigante sorpresa. La resaca es evidente, pero es ese tipo de desazón que queda sin los buenos recuerdos de la noche anterior; no es el castigo por una buena “parranda”, sino el recordatorio de que la fiesta nunca ha sido amena, al menos no en los últimos cuatro procesos electorales.

Pero de este proceso cabe resaltar al menos tres aspectos, causas de ese malestar que algunos ciudadanos sentimos a partir del 17 de junio, o antes quizás, desde que hemos estado sobreviviendo como cisnes sobre el fango, en un sistema que no funciona.

Abstencionismo: no hacer nada no es solución

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El Tribunal Supremo Electoral tiene contabilizada la participación de cuatro millones 981 mil 899 personas, y una abstención de tres millones 168 mil 322. El dato sorprende cuando consideramos que los datos oficiales registraban un total de ocho millones 150 mil 221 personas habilitadas para votar.

La oferta (o sobre-oferta) electoral no era atractiva. Más de 15 candidatos por la presidencia y más de 20 partidos políticos de cartón, construidos sin un plan, ni visión, ni ideas sólidas. Vehículos electorales con nombre y apellido cuyo único objetivo era catapultar a sus candidatos para luego mantenerse en bajo perfil o desaparecer.

Sin embargo, abstenerse a votar no era tampoco la solución. Los 3 millones 168 mil 322 empadronados que simplemente no fueron a votar (quitemos de la ecuación a aquellos que tenían un impedimento válido) cambiaron absolutamente nada con su rechazo. Dejaron que otros decidieran por ellos – aunque las decisiones apesten. No votar nunca es la solución. Dejar que cuatro millones de guatemaltecos elijan el futuro de 16 millones no me suena lógico, pero hay quienes prefieren la comodidad de sus burbujas.

Partidos a cancelación: cartón fallido

El artículo 93 de la Ley Electoral y de Partidos Políticos establece las causales de cancelación de un partido político. En la literal C señala que “si en las elecciones para presidente y vicepresidente de la República o en el Listado Nacional para cargo de diputados al Congreso, no hubiese obtenido, por lo menos, un cinco por ciento de los votos válidos emitidos“, ese partido entra a proceso de cancelación luego del proceso electoral. Claro, la excepción se da cuando el partido haya alcanzado una representación en el Congreso, aunque no tenga el cinco por ciento de votos.

¿Qué sucederá con Convergencia, Encuentro por Guatemala, Fuerza, Libre, Productividad y Trabajo, Unidos, Avanza, que no obtuvieron el 5% de los votos válidos ni ganaron un puesto en el Ejecutivo y Legislativo? Por el bien del país, espero enfrenten su inminente cancelación – a excepción de Encuentro Por Guatemala que, aunque difiera con ellos en cuestiones ideológicas, he de reconocerles su constante y atinada fiscalización. En general, necesitamos partidos políticos serios, reales y no más vehículos de cartón al servicio de sus caciques. La cancelación de estos 7 no significa que los que sí lograron un curul en el Congreso sean la excepción. ¿Qué harán – hacen – una UCN, Podemos, Todos, UNE y un FCN en el Organismo Legislativo? Robar oxígeno y dinero.

El voto rebelde pero insostenible: MLP

Que Thelma Cabrera, la dirigente de la organización criminal Codeca, haya alcanzado el cuarto lugar en la contienda presidencial y su partido de cartón, fachada de los ladrones de luz, el Movimiento de Liberación para los Pueblos – MLP, tenga representación en el Congreso con dos curules, es una sorpresa con explicación. La candidata creció con la caída de Thelma Aldana; hizo leña del árbol caído y, aparte de la fuerte base de votantes que tenía por los miembros de Codeca, supo atraer el voto de los jóvenes que se creen “rebeldes y patriotas”. “El voto del chairo millennial”, dijo un tuitero por ahí.

Pero más allá de lo sombrío que este personaje y sus allegados representan, hemos de ver toda crisis como una oportunidad y el fenómeno Cabrera y el MLP tienen sus matices interesantes. Su candidatura destapó dos temas que debemos abordar con seriedad: el evidente racismo actual y el abandono del Estado al país; abandono a “esa Guatemala profunda”, como le llamó un expresidente. Enoja ver cómo reaccionaron algunas personas contra Cabrera con una carga dolorosa de comentarios y actitudes racistas. Las críticas debieron haber estado en que, evidentemente, no era una candidata preparada para el puesto (como Roberto Arzú, por ejemplo). Personalmente lo que yo critiqué de esta candidata fueron sus nexos con Codeca y su apoyo público a la dictadura sangrienta, fraudulenta y despiadada de Nicolás Maduro en Venezuela. Debimos basarnos en eso y no en su vestimenta, origen, forma de hablar e imagen. ¡Eso es caer bajo!

Ahora bien – y Alejandro Giammattei acertó en esto – el reflejo del crecimiento del MLP responde al abandono cruel que los otros gobiernos han tenido del resto de su país. Se es presidente de una Nación, no del departamento de Guatemala. Dejarle los problemas departamentales a los alcaldes municipales es lavarse las manos y muestra la falta de equipo de trabajo a nivel nacional con el que llegan los presidentes. Falta mucho por hacer, pero hemos aprendido “a la dura” que no se puede ignorar a unos para atender a otros; ya no. Nunca más.

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Estamos salados. Somos un mar de propuestas, candidatos, opiniones y señalamientos intentando colarse en un espacio angosto, en un lago. Queremos ser agua dulce pero nos resistimos a dejar la sal a un lado, a ceder algunas ideas para enriquecer otras. La búsqueda inútil por ser todos cabeza de ratón en vez de cola de león nos tiene en donde nos merecemos estar.

Hay resaca electoral y sin agua dulce para calmarla.




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