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Nos enseñaron a bajar la cabeza

Juan Diego Godoy
19 de agosto, 2019

Creo firmemente en que siempre podemos encontrar algo en común con cualquier persona, y éste fue el caso. Hace poco invadió mi timeline de Twitter un post de Rebeca Lane, una artista guatemalteca con quien a pesar de no coincidir en casi nada, estuve 100% de acuerdo con una publicación suya. 

Lane escribía lo siguiente: “Por cierto en esta foto (muestra una foto en un concierto) estoy en Austria donde toqué en un festival, tuve en total 20 fechas en Europa en una gira de dos meses. Supongo que los que se andan burlando de mi han de hacer cosas más maravillosas y entretenidas que yo (…) Y si les parece que soy mamona en este tuit me vale pito. En este país nos enseñan a bajar la cabeza a menos que seamos de la oli (sic.) y de apellido fifi (sic.), tenemos baja autoestima y por eso criticamos a quien sobresale. Estoy orgullosa de mi misma ¿por qué les molesta?”.

En otras palabras, la artista saca nuevamente a la luz un tema que nos caracteriza a algunos guatemaltecos: la cultura del cangrejo. Ese “si sobresalís te jalo para atrás porque no se vale que vos te superés y yo no”. Algo así funcionan éstas personas que, con un autoestima tan baja mezclada peligrosamente con un egoísmo descontrolado, se dedican a contagiar a quienes les rodean, tirando para atrás de la olla a quienes buscan salir de ella con su talento, esfuerzo y trabajo arduo.

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Es cierto. Inconscientemente nos enseñaron a bajar la cabeza, a practicar un ejercicio de falsa humildad. Nos “creemos humildes” si no comentamos algún logro personal, si no reconocemos para qué somos buenos, si no aceptamos algún alago o cumplido. Siempre estamos agachando la cabeza, incomodándonos si se nos congratula, babeando por ídolos en lugar de vernos al espejo y convencernos de que también tenemos potencial y algo valioso que ofrecernos a nosotros y a nuestra comunidad. Aún así, siempre conscientes de nuestras imperfecciones y debilidades, hemos de mantener la frente en alto, tomando en cuenta no caer en el otro extremo: una perspectiva demasiado centrada en nosotros mismos que solo nos traerá tristeza y agobio. El equilibrio lo es todo y ese es el reto. 

Se vale congratularnos del trabajo bien hecho, de la ayuda bien dada, de los éxitos cosechados. Sintámonos orgullosos de nosotros y no temamos en demostrarlo. Así como dice Lane, no debería importarnos lo que los cangrejos (aquellos fáciles de identificar y que habitan en todos nuestros círculos sociales) piensen y murmullen. Hay quienes siempre criticarán, digas lo que digas y hagas lo que hagas. Ante eso, ¿Por qué no decirlo y hacerlo de todos modos?

Nos enseñaron a bajar la cabeza, pero podemos aprender a subirla y, con la frente en alto, decirle basta a esa carga negativa y sobresalir en aquello para lo que hemos decidido invertir nuestras energías, tiempo, talentos y esfuerzo. 

#TendamosPuentes

@JDGodoy95


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