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Discutiendo propuestas

Redacción
27 de octubre, 2020

La iniciativa de ley de infraestructura vial ha provocado una discusión interesante sobre la necesidad de reformar la forma en la que se evalúan, adjudican y ejecutan proyectos de construcción. Desde críticas a que esta podría ser una puerta a la privatización de las carreteras hasta discusiones sobre si el problema que tenemos es normativo o cultural, esta iniciativa ha despertado cada vez más interés en aquellos que reconocen un problema irremediable en la forma en la que funciona el sistema actualmente.

Lo primero que tenemos que discutir sobre esta iniciativa es identificar si las críticas tienen un fundamento o son más bien parte de una narrativa que se quiere fomentar. En el primer caso encontramos aquellos que se han tomado la molestia de leer la iniciativa y han identificado problemas en ciertos artículos, argumentando que esta iniciativa podría no ser la solución. En el segundo caso encontramos fanáticos ideológicos que, sin haber leído la iniciativa, despotrican con falacias y argumentos emocionales apelando a la ignorancia de las personas. 

Aquellos que la han leído tienen varios puntos interesantes que encajan dentro del dilema de identificar si el problema es normativo o cultural. Los que creen que el problema es normativo se enfocan en cambiar el modelo, modificando los incentivos y creando mecanismos de control para evitar que las deficiencias actuales se minimicen o desaparezcan. Los que piensan que es un problema cultural suelen creer que, sin importar el modelo o los incentivos, siempre van a haber actores capaces de cooptar el sistema y convertirlo nuevamente en uno corrupto e ineficiente. 

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Sin embargo, se puede estar en el medio y pensar que, si se dejan ciertas debilidades normativas, el incentivo va a ser que los actores continúen cooptando el sistema. Aquí es donde se vuelve más interesante la discusión ya que los que critican nuevos modelos deben por lo menos tener algunas respuestas acerca de qué sí funcionaría y aquellos que lo defienden deben probar por qué ese modelo cambiaría dichos incentivos. 

Por último, se encuentran los que no se han tomado la molestia de siquiera analizar la iniciativa, pero son fanáticos opositores o defensores de esta. Estos personajes suelen atacar personas y no ideas o propuestas porque son incapaces de ver más allá de sus propios paradigmas. Al final estas personas se convierten en tontos útiles que son captados por aquellos que tienen algún interés personal en que existan o no cambios. 

En fin, para discutir propuestas se necesita tan solo un poco de inteligencia emocional, cosa que carecen muchas personas. Esos fanáticos ideológicos casi siempre se quedan allí, en su fanatismo, incapaces de proponer ideas o soluciones ya que siempre están limitados por sus paradigmas, miedos y elucubraciones mentales. Escuchemos a aquellos que verdaderamente tienen argumentos a favor o en contra de propuestas y que son capaces de discutir de una forma sana y constructiva. Al fin y al cabo, el país será de aquellos capaces de proponer y no de destruir.

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