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Arreglando el semáforo

Redacción
08 de septiembre, 2020

El mecanismo de semáforo ha sido una herramienta utilizada por varios gobiernos para retomar la vida durante la pandemia del COVID-19. Las medidas en general se han basado en decisiones técnicas y decisiones políticas que unidas forman parte de los planes de reapertura que se han visto en casi todos los países del mundo, Guatemala no siendo la excepción. 

En nuestro caso el gobierno, tras varios meses de medidas severas de confinamiento, decidió implementar un semáforo que está siendo actualizado cada dos semanas para medir que tan bien estamos avanzando con la pandemia para así otorgar mayores libertades a distintos sectores. Hoy en día el semáforo pinta rojo en casi todos los municipios del país, a pesar de que la situación en general este mejorando. ¿Por qué el semáforo no representa la realidad en el país?

Los semáforos están hechos para facilitarle la vida a las personas. Un semáforo parte de la premisa que las personas sueltas en el tráfico y manejando a su discreción puede que ocasionen accidentes o que generen tráfico innecesario. Esto ya que las personas tienen información incompleta acerca de la forma en la que otras personas manejan, si respetaran o no un alto o siquiera si las otras personas están poniendo la misma atención al manejar. 

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Pero para que un semáforo cumpla efectivamente su función necesita reunir varias características: tiene que facilitar la movilidad a las personas, tiene que estar bien sincronizado y tiene que existir certeza en su cumplimiento. 

Esto aplicado al semáforo ‘epidemiológico’ nos hace pensar que las personas si no son guiadas conforme a ciertos colores (restricciones), puede que ocasionen una tragedia. Esta afirmación pienso que requiere un análisis más profundo acerca del comportamiento de las personas para evaluar que tan efectivas pueden ser las medidas impuestas por los gobiernos o si las personas son capaces de autorregularse de forma efectiva para evitar una catástrofe. 

La evidencia a simple vista pareciera no ser tan contundente en el sentido que las medidas restrictivas de los gobiernos son la única vía para evitar el crecimiento exponencial de los casos y los fallecidos. Pero dejando a un lado la consideración de si las medidas restrictivas son o no efectivas, es necesario evaluar también si los indicadores del semáforo son los adecuados. 

El semáforo implementado por el gobierno consta de tres indicadores principales: pruebas por cada 1,000 habitantes, positividad y casos por 100,000 habitantes. El principal problema de este semáforo es que el gobierno tiene bastante discrecionalidad en la cantidad de pruebas que se hacen y por lo tanto controla el ritmo con el cual un municipio puede pasar de rojo a verde. 

La positividad depende también en gran parte de la cantidad de pruebas que se hacen entonces en aquellos municipios en donde se hacen muy pocas pruebas tienden a tener la positividad bastante alta y viceversa. Por otro lado, en los municipios en donde se hacen mas pruebas y la positividad cae, los casos suelen ser mayores a los parámetros fijados por el gobierno para estar en verde por lo que también puntean mal en los indicadores. 

Tener indicadores sin duda alguna es mejor a tener que ir navegando a ciegas. Sin embargo, pienso que podría haber mejores indicadores para implementar la reapertura. La tasa de mortalidad es un indicador que verdaderamente evalúa que tan bien esta siendo mitigada la pandemia y allí Guatemala esta relativamente bien. La disponibilidad de camas tanto en el ámbito público y privado también es un buen indicador y que ha ido en aumento en las últimas semanas y meses. Incluso el modificar la cantidad de casos por cada 100,000 habitantes hacia números más realistas podría tener un efecto positivo en la cantidad de municipios que estén fuera del semáforo rojo. 

Nuestro semáforo ‘epidemiológico’ ha fallado en facilitar a las personas recuperar la movilidad que existía antes de la pandemia, no está bien sincronizado ya que no representa la realidad de la situación y su cumplimiento se ha vuelto difícil al ser tan estricto en relación con los indicadores que lo componen. Si no existe un cambio en la forma en la que está compuesto el semáforo, acostumbrémonos a seguir viendo un mapa pintado de rojo por los próximos meses o incluso años.

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