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Inversión en Hidrógeno. Una apuesta arriesgada

Daniel Lacalle
26 de enero, 2021

La búsqueda de energías limpias y el aumento de las restricciones a las emisiones de CO2 han disparado la inversión en hidrógeno. El factor clave es llegar a conseguir proyectos escalables y de carácter industrial que generen un diferencial real.  De momento, en España al menos, el problema con la mayoría de los proyectos que se han anunciado es su falta de escala industrial relevante y unas cifras de rentabilidad económica francamente desastrosas.

El hidrógeno verde es aquel que se produce usando un proceso de electrolisis a partir de la energía solar y eólica. La gran cantidad de electricidad requerida para producir hidrogeno vía electrolisis lo ha hecho prohibitivo económicamente. El hidrógeno azul genera emisiones de CO2 que se capturan para ser almacenadas o reutilizadas para fabricar combustibles ecológicos. Es un hidrógeno de bajas emisiones y está considerado el más viable para reducir emisiones en el corto y medio plazo. Sin embargo, la mayoría de los proyectos que se han anunciado son simplemente inviables económicamente.

Alguno de los proyectos que se han anunciado a bombo y platillo en medios de comunicación no aguantan el más mínimo análisis económico. Una planta con una inversión de 60 millones de euros combinando hidrógeno verde con el CO2 como materia prima en el proceso solo obtendría una producción de unos 50 barriles al día de combustible sintético. Además de la irrelevancia en un país que consume más de 1,2 millones de barriles al día, el coste no se justifica. Si esa planta estuviese trabajando treinta años sin parar y a cero coste -imposible-, cada uno de esos barriles costaría más de 120 dólares, me comentaba un ingeniero y experto energético internacional.

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Ese es el gran problema. En muchos casos, los anuncios a toda plana de proyectos de hidrógeno no hablan de su ruinosa factura económica especialmente con respecto a un petróleo que se mantiene por debajo de los $60 dólares el barril incluso con recortes de producción de Arabia Saudí.

Como me explicaba hace unos días un buen amigo gestor de energía e ingeniero, “a nadie se le ocurre gastar diez para generar uno”. No solo es un problema económico, que lo es, sino de matriz energética. La ratio de retorno energético sobre energía invertida es simplemente disparatado.

Todos los análisis que hemos recibido sobre proyectos similares sitúa el coste del hidrógeno a niveles estratosféricos con respecto a otras materias primas energéticas. El hidrógeno verde cuesta entre €3 y €6 por kilogramo, el hidrógeno azul entre €1,5 y €2,5/kg, haciéndolo simplemente inviable en la industria y como alternativa real, ya que €1/kg es equivalente a €25/MWh, según CapGemini. Es decir, incluso en un mix energético caro y asumiendo costes de CO2 elevados como los alcanzados en diciembre de 2020, el hidrógeno entra en la parte más cara de la matriz energética, entre los €75/MWh y llegando a los €150/MWh en un país donde se ha creado un enorme revuelo con la energía con un precio mayorista de €90/MWh.

Existe un factor adicional de pérdida de competitividad: Los altos impuestos que se aplican a la electricidad generada por instalaciones electrolizadoras no directamente vinculadas a energías renovables.

¿Significa esto que no es posible generar hidrógeno competitivo y limpio con una menor utilización energética? No, pero desde luego lo que estamos viendo en proyectos actuales está aún lejos de ser competitivo, eficiente energéticamente y realmente escalable.

No olvidemos que los costes pueden bajar rápidamente gracias a la tecnología y que estamos hablando en su inmensa mayoría de proyectos que se encuentran en una fase muy inicial. El problema, desde el punto de vista del inversor financiero, es caer en la trampa en la que cayeron los inversores en solar de primera fase. Confundir una promesa con un proyecto industrial y fijarse solo en el aspecto tecnológico sin entender el modelo de negocio.

El gran riesgo del modelo de negocio en muchos, no todos, de los proyectos de hidrógeno “start-up” que nos llegan es que en realidad son máquinas de consumir capital circulante que requerirán de varias y enormes ampliaciones de capital y significativos cambios en el escandallo de costes antes de ser medianamente rentables. El inversor en proyectos de hidrógeno debe reconocer que desde la fase actual hasta que sean competitivos pasará un periodo muy parecido al que vivimos con la energía solar fotovoltaica y la eólica, y que muchas empresas que se suban al carro pensando en valoraciones espectaculares sin un modelo de negocio bien armado van a perecer como cayeron más de 2.000 empresas solares entre 2009 y 2016, por muerte por capital circulante, en una espiral de deuda y ampliaciones de capital preocupante.

Por ello, lo más probable es que los proyectos de hidrógeno que sobrevivan se hagan dentro de empresas muy grandes que pueden absorber el agujero financiero en el proceso de viabilidad.

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