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Ojalá que llueva pisto

Carolina Castellanos
12 de noviembre, 2021

Tal parece que al Ejecutivo y al Legislativo se les olvidó que el dinero es un recurso muy limitado, que no cae del cielo y que hay que trabajar muy duro para obtenerlo. Seguramente están en una especie de trance en algún espacio del inmenso universo haciendo alguna danza que va a generar tanto dinero que ni usted ni yo tendremos que pagar impuestos para financiar el descomunal presupuesto que está siendo discutido y que asciende a más de Q106,000,000.

Cada año se repite la historia. Pareciera como si Guatemala estuviera en una noria, dando vueltas eternamente sobre el mismo tema. En ningún momento se detiene a revisar si la maquinaria está sólida, aceitada y con capacidad de seguir sosteniendo a todos los que vamos sentados allí, tratando de sostenernos con manos y pies para evitar caer al vacío.

En cuestión de días, el presupuesto creció en tres mil millones. Se habrán dado cuenta que les hizo falta incluir algunos temas impostergables, de necesidad extrema, tales como más salarios porque hay que seguir dando empleo a los compadres del momento y a un montón de nuevos que serán estratégicos para construir la plataforma preelectoral.

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La ceguera, ocasionada por el poder efímero, hace que se olviden de la razón de ser funcionarios públicos: servir a la población que los eligió, y no servirse de ella. Las promesas de campaña, como siempre, son tan vacías como su deseo de servir. Los millones de quetzales que pasan frente a sus ojos ciegan cualquier vestigio que pudo haber de honradez y deseo de contribuir a que Guatemala levante el vuelo, como dice nuestro Himno Nacional.

Como siempre, parte del fruto de nuestro trabajo se irá al vacío, a ese hoyo negro en el que entra todo y no sale nada, para nosotros los tributarios, por supuesto. Lo veremos en casas, carros, viajes, lujos y, en especial, en compra de voluntades. Es fundamental mantener la inmunidad, agarrarse al cargo actual o a otro y no soltarse de la noria. De lo contrario, caerán en la desgracia, el desprestigio y, alguno por allí, en la cárcel.

También veremos los impuestos (dinero suyo y mío) en una cantidad extraordinaria de oenegés que no sirven para nada. Por supuesto, entre éstas hay unas muy valiosas que realmente velan por mejorar la educación, reducir la desnutrición, solventar problemas diversos de salud, etc. Pero la gran mayoría no son más que grupos refugiados en un formato que les permite recibir dinero “gratis” y gastarlo en sus agendas políticas oscuras y destructivas. Si se les quitara el dinero a éstas y se les diera a las buenas, ya hubieran transformado nuestra Guate.

¿Cómo detener esa noria, estirarla de alguna forma y volverla un tren súper poderoso que vaya generando desarrollo a su paso? Se necesita valentía, visión de futuro y mucho apoyo de quienes pagamos los salarios burocráticos. Es imprescindible cambiar el sistema de gobierno, empezando por reducirlo al mínimo para enfocarse en lo esencial. Es un sueño que pareciera imposible pero no lo es. Toca ejercer el poder que tenemos los que pagamos impuestos y exigir hasta el cansancio para vivir mejor, en paz y con infinidad de oportunidades a nuestro alcance.

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