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Objetivismo y libertarianismo

Warren Orbaugh
29 de noviembre, 2021

El Objetivismo es un sistema filosófico. El libertarianismo no. El libertarianismo consiste en una postura política: en respetar el proyecto de vida del otro, en tanto éste no viole los derechos de los demás. Varios sistemas filosóficos coinciden en sus principios políticos con este postulado. De tal manera que los libertarios pueden estar de acuerdo en este punto y diferir en otros principios. El libertarianismo no responde a preguntas como ¿de dónde vienen los derechos? ¿Cómo lo sabemos? ¿Son necesarias y posibles las respuestas a esas preguntas para defender la libertad? Los sistemas filosóficos son los que responden a estas preguntas.

Un sistema filosófico es un conjunto de principios que responden a nuestras inquietudes de ¿qué es la realidad? ¿Cómo lo sabemos? Y según las respuestas a lo anterior, ¿cómo debemos actuar? ¿Cómo debemos interrelacionarnos con los demás? ¿Qué es importante? 

Un principio válido es una verdad fundamental, de la que dependen otras verdades, y que sirve de guía para nuestro pensamiento y por ende, de nuestras acciones. ‘Verdad’ es una cualidad del juicio y por lo tanto de la proposición. Es la calificación de la relación del predicado con el sujeto, que simboliza su referente, dentro de un contexto, rango y precisión específicos y delimitados. El juicio es ‘verdadero’, si lo que se predica del sujeto, dentro de determinado contexto específico, coincide con el estado de cosas del referente del sujeto. Dicho de otra manera, ‘verdad’ es la concordancia, correspondencia o adecuación del juicio con los hechos de la realidad.

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Un sistema filosófico nos provee de principios, que son integraciones mentales, abstracciones muy amplias que identifican relaciones causales, pero no nos dice como aplicar esos principios a los eventos y elecciones de nuestras vidas. En la aplicación a casos concretos, es la mente de cada uno la única que determina que hacer. Cada uno, usando su razón es quien decide como aplicar sus principios, si va a ser fiel a éstos o no, y cuál es el curso correcto por tomar. Uno decide, después de una deliberada evaluación si acepta o no cierta posición filosófica, pero lo cierto es que uno no puede actuar sin la guía de principios. Lo crucial aquí es identificar si los principios son válidos o no. Si no los son, su pretendida ‘verdad’ no corresponde con los hechos de la realidad, y serán inútiles o nocivos como guías de acción.

Los principios válidos son una ayuda y un enorme ahorro de tiempo para la mente que tiene que determinar la acción, pues han probado por qué cierto curso de acción es correcto y de acuerdo con que premisas. Hacen más fácil el considerar y evaluar cada caso, que si uno tuviera que hacerlo partiendo de cero. Ésta es la función de la filosofía, ahorrar tiempo.

El Objetivismo es un sistema filosófico cuyas bases fundamentales fueron establecidas por Ayn Rand. Otros filósofos, construyendo sobre esas bases, han contribuido con importantes aportaciones al sistema. Nathaniel Branden, con los principios de la auto estima; Leonard Peikoff y David Harriman con los principios de la inducción; David Kelley con la naturaleza de la certeza y la virtud de la benevolencia; Harry Binswanger con la naturaleza de la teleología y la epistemología del juicio; Andrew Bernstein con la naturaleza de la heroicidad; y Craig Biddle con el arte de pensar en principios.

Deriva el Objetivismo su nombre de una actitud cognitiva hacia la realidad. Ser “objetivo” en nuestra actividad conceptual es adherirnos voluntariamente a la realidad por medio de seguir ciertas reglas de un método, un método basado en hechos y apropiado a la forma de cognición humana. Objetividad es una adherencia voluntaria a la realidad por el método de la lógica. En esencia, la lógica es un método de observar hechos (las premisas), entonces consultar las leyes de contradicción, y entonces inferir las conclusiones que estas leyes garantizan. Es importante notar que el proceso debe anclarse en hechos observados. Derivar conclusiones de premisas arbitrarias, que representan caprichos arbitrarios, no es un proceso de lógica. Si la lógica es el medio de la objetividad, una conclusión lógica debe derivarse de la realidad, debe estar garantizada por conocimiento antecedente, el que a la vez se apoya en conocimiento anterior, y así hasta lo evidente, hasta los datos sensoriales. 

El principio de objetividad es pues esencial al Objetivismo, que no es una religión con dogmas definidos por un texto sagrado, sino que un sistema que exige el pensamiento independiente y compromiso con la búsqueda de la verdad. Uno de los principios fundamentales del Objetivismo es que la razón –la facultad que identifica e integra el material que nos dan los sentidos –es el instrumento de sobrevivencia del hombre y, por tanto, el compromiso de guiarse por ella debe ser una incesante e inviolable obligación. Cada pregunta teórica debe y puede responderse usando la razón; cada acción práctica debe y puede ser guiada usando la razón. 

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