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La deshonestidad socialista, 3ra parte

Warren Orbaugh
08 de noviembre, 2021

En mi entrega anterior indiqué que, la deshonestidad es crear una supuesta realidad que reemplaza la que a uno no le gusta. 

La deshonestidad es construir otro hecho para reemplazar el hecho actual. Cuando uno deliberadamente no mira algo que a uno le disgusta, y uno hace o finge algo irreal para reemplazarlo, entonces, la acción es específicamente deshonesta. 

También referí que Ayn Rand sostiene que fingir, falsificar la realidad es un acto fútil, inútil, porque no crea un universo alternativo en el cual, los deseos del deshonesto de alterar ciertos hechos, milagrosamente se cumplirán. El problema con la deshonestidad es que el falsificar la realidad no la cambia. Sólo aquello que existe puede tener un efecto florecedor en una persona, sólo lo que es real puede ser valioso para alguien. Por eso el socialismo no es un valor para nadie. Excepto para aquellos que pretenden usarlo como un medio para llegar a convertirse en la “clase regente” – los nuevos reyes y señores feudales de la era moderna.

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Escribí así mismo que los socialistas, aunque saben que cada persona es un fin en sí misma, fingen que este no es el caso y pretenden usarlas como medios para sus propios fines. Su primera táctica consiste en invertir el propósito de la moralidad. Sustituyen una ética prudencial, cuyo propósito es servir de guía al individuo para que su conducta se oriente a conseguir una buena vida, prosperar, florecer, por una ética de abnegación, cuyo propósito es el sacrificio espontáneo, voluntario, de los propios intereses, deseos e incluso de la misma vida en favor de otros o de todos. Fingen que lo bueno es esta ética patológica, malsana, que establece inmediatamente que la persona no es un fin en sí misma, sino un objeto para ser usada por otros, y que Augusto Comte denominó “altruismo”. 

Apunté incluso que el hombre razonable ha descubierto que la mejor estrategia para alcanzar sus propios fines es colaborando con otros hombres honestos, por medio de la especialización y el intercambio de los bienes y servicios producidos, preocupándose del bienestar de sus potenciales socios según le recomienda las virtudes de la justicia y la beneficencia, es decir, preocupándose por no perjudicar al prójimo y promover su felicidad. Pero como esta ética prudencial sujeta a recta razón no admite que la persona sea tratada como objeto – por ser un fin en sí misma – los socialistas pretenden convencer a la gente que buscar el provecho y la felicidad propias es cosa mala. Su doctrina pregona que el individuo no posee derecho alguno y como afirma Comte, no tiene derecho a su vida, no tiene derecho a su libertad, ni tiene derecho a su propiedad – lo único que tiene es deberes para con los demás. Y una vez los incautos aceptan esta falsedad, están listos para ser usados y sacrificados como lo hacían los reyes y señores feudales con sus súbditos a quienes mandaban a luchar y morir para robarse las tierras y posesiones de sus vecinos. Lo mismo quieren hacer los líderes socialistas, exigiendo el sacrificio para beneficio de alguna causa que crean sirve a sus propósitos.

El enemigo al que quieren destruir es al Capitalismo, por ser éste un sistema político que reconoce y protege los derechos individuales, que reconoce que cada persona es un fin en sí misma y no un objeto para ser usado o sacrificado  por otros, cualesquiera que sean los motivos aludidos; que tiene derecho de vivir su vida como prefiera; que tiene derecho a disponer libremente de sus posesiones como mejor le convenga; que tiene derecho a pensar lo que desee y emitir libremente su opinión, al estar protegido por un sistema de leyes que amparan sus libertades, leyes generales, universales y objetivas, que no obedecen a ningún interés particular, sino que sirven como las reglas de juego para que cada quien pueda florecer en la sociedad sin ser sujeto de coerción arbitraria por individuo alguno.

Para destruir al Capitalismo, los socialistas necesitan crear conflictos entre los ciudadanos para hacer colapsar al estado de derecho. En un principio fingieron que los burgueses – empresarios y capitalistas – explotaban al proletariado enriqueciéndose mientras empobrecían a la clase trabajadora. Les funcionó en la Rusia y la llevaron a la confrontación y luego cuando se hicieron del poder, al colapso económico. Pero la realidad destruyó su farsa. Los países que se han acercado más al Capitalismo o sistema de mercado han propiciado el enriquecimiento de los obreros. Es allí donde su nivel de vida ha mejorado considerablemente. Es tan evidente, que aquellos que buscan prosperar intentan de cualquier forma emigrar hacia los Estados Unidos de Norteamérica. Ninguna caravana de emigrantes se dirige a Cuba o Venezuela.

Así que, como esa estrategia ya no funcionó, ahora tratan con otras. Intentan confrontar a las mujeres con los hombres, fingiendo un estado patriarcal que les viola sus derechos a las féminas. Y éste naturalmente es el Capitalismo, al que hay que destruir. Pero como todas sus otras posturas, esta también es una farsa – no protestan por las verdaderas violaciones que sufren las mujeres bajo regímenes como los del talibán. Las feministas socialistas pretenden convencer a las mujeres de que todos los hombres son sus enemigos y persiguen que peleen contra sus padres, hermanos, esposos e hijos. Pero como esto es tan antinatural, fracasaron con esta táctica.

Probaron destruir la lógica epistémica, esperando convencer a todo el mundo, que el concepto de mujer no es una unidad mental sintética que integra diversidad de entes de la realidad, conforme a sus características comunes – que es su denominador conceptual común – omitiendo sus diferentes medidas particulares. El concepto “mujer” es producto de juicios categóricos clasificatorios. Se clasifica cuando el predicado es un sustantivo, un ente, en cuyo caso el predicado indica una clase de cosas. Por ejemplo, el juicio clasificatorio «Verónica es mujer» la subsume bajo el concepto “mujer”. Subsumir algo bajo un concepto es clasificarlo, es decir, captar que califica como unidad de un concepto ya formado. Y, Verónica, como ente que es puede actuar. El juicio descriptivo describe la acción o un atributo en específico del sujeto, por ejemplo, «Verónica está corriendo». La proposición descriptiva analiza del total del sujeto una parte, un atributo, etc., cuando el predicado es un adjetivo, un verbo o preposición. Mientras la proposición clasificatoria clasifica al sujeto en su totalidad, la proposición descriptiva analiza de la totalidad del sujeto una parte, un atributo, una acción, etc. Una descripción no es una clasificación disfrazada. “Correr” es un verbo, no un substantivo. Los nombres o substantivos nombran; los verbos expresan acciones, un estado que realiza o sufre un sujeto. Es evidente que no se puede subsumir a Verónica o a “esta mujer” en la clase “correr”. Ella no es una unidad de “correr”.

 Los socialistas fingen que el concepto “mujer”, se forma en base a lo que una persona siente o piensa que ella es. Así si un hombre “siente o piensa” que es mujer, entonces lo es, afirman estos deshonestos y quieren que todo el mundo acepte su declaración como verdadera. Esperan los socialistas que lo que piensa que es lo clasifica como este tipo de entidad. Pero una descripción – lo que piensa o siente – no es una clasificación disfrazada. “Pensar o sentir” es una acción o pasión, no un substantivo. No hay ningún denominador conceptual común entre lo que son determinados entes y entre lo que piensan o sienten. Es un grave error tratar de reducir la descripción a un tipo de clasificación. Una persona puede pensar que es bombilla eléctrica y que ilumina su habitación, pero eso no lo convierte en bombilla y fingir que lo que piensa que es lo clasifica como tal es una abominación epistémica. Y como la gente sensata no acepta esta distorsión de la realidad, los socialistas recurren a la coacción y fuerzan por mandatos legales a los demás para finjan que aceptan esto como real. Y entonces vemos que atletas hombres, que se autodenominan mujeres, pueden competir en las categorías femeninas, entrar a los vestidores y baños para mujeres. Mas la realidad siempre tiene la última palabra, y la consecuencia de este disparate es facilitar el camino a depravados que violan niñas en los sanitarios para mujeres, y a abusivos que lastiman a mujeres en deportes de contacto. Y como en realidad a los socialistas no les importan los derechos de las personas, en lugar de defender los derechos de las mujeres, presionan para privilegiar a estos desadaptados. Y en esta confrontación social, entre deshonestos y sensatos, si alguien osa denunciar esta injusticia, esta farsa, los socialistas, que son totalmente intolerantes, cual fanáticos religiosos, lo atacan con falacias ad hominem, lo persiguen y presionan para perjudicarlo, si es posible para que lo despidan de su trabajo, y conseguir que no lo contraten más. 

Continuará.

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