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Un poco de ceniza

Carolina Castellanos
26 de marzo, 2021

Sorprendidos por una “lluvia” de ceniza, amanecimos un día más pero ahora con un tema de conversación para agregar a la rutina diaria. Esto, sumado a las tareas adicionales de barrer, lavar carros y patios, tuvimos un día un poco diferente y hasta entretenido.

Hay diversas teorías del por qué la erupción de nuestro volcán de Pacaya y de la ceniza que lanzó. Supongo que los geólogos y otros estudiosos del tema tendrán una o varias explicaciones al respecto. Los fanáticos ambientalistas dirán que es porque la contaminación ya llegó al extremo. Los fanáticos religiosos dirán que es castigo de Dios. El resto de nosotros no tenemos respuestas, ni siquiera inventadas, aunque de pronto creativas.

Cualquiera que sea la causa, por un día la ceniza cubrió tanta pobreza y abandono en la que viven miles de personas. Ningún gobierno ha implementado programas efectivos que pudieran disminuir ese abandono. Por el contrario, el pésimo sistema educativo impide que éstas personas obtengan un trabajo que pueda sacarlos de allí. Los fallos ilegales de la actual corte de constitucionalidad han ahuyentado la inversión local y extranjera, dejando a cientos de miles de personas con dificultad para conseguir un trabajo.

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La ceniza logró que los grupos organizados y financiados por gobiernos extranjeros dejaran de protestar y exigir la nacionalización de los servicios básicos como la electricidad. Sus demandas y reclamos tuvieran una pausa. Estos actos de la naturaleza los refugiaron en sus casas dotadas de energía eléctrica, para ver las noticias en la “tele”.

El descalabro y la podredumbre del sistema de justicia también se olvidó. Culpables e inocentes, pasaron el día resguardados en algún lugar mientras la ceniza siguió cubriendo las telarañas que se han formado alrededor de los expedientes de sus casos judiciales. De pronto las arañas se tomaron el día libre por la dificultad de remover la ceniza para tejer su telaraña.

Los miembros del ejército “ahora sí” son útiles, como lo son cada vez que hay un desastre natural. Son los que salen a levantar escombros, cadáveres y ahora, a barrer la ceniza. Los férreos opositores, ex guerrilleros y aprendices de dictadores, no se opusieron a esto. Al final, alguien tenía que barrer la pista del aeropuerto y ellos son fuertes y siempre están prestos a servir. Lástima que la ceniza no logró cubrir la cabeza de estos opositores, en suficiente cantidad para que dejen de estar viviendo esa guerra constante fomentada por el resentimiento que causa la derrora. Como hay dinero de por medio, ni todo el volcán lograría hacerlo.

Al final del día, vemos que hasta los volcanes se quejan. Allí están, imponentes, erguidos con la cara al sol, luciendo su maravillosa estructura para la admiración de todos. Pasan los años y allí siguen de espectadores. Les tocó vivir en un gran país en el que la gran mayoría de su gente es buena, trabajadora, luchadora y aguantadora ante los embates de la naturaleza, de las decisiones gubernamentales, de la injerencia de quienes creen saber qué es lo mejor para nosotros. La destrucción de la ideología de izquierda que reclama igualdad cuando son sus “seguidores” quienes causan división, sumado a la inactividad de muchos y la complacencia de otros, habrá colmado la paciencia del volcán.  

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