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Carolina Castellanos
23 de abril, 2021

Hay semanas en las que terminamos agotados, pero en positivo, y es porque tuvimos mucho trabajo. Deseo que usted, amable lector, se encuentre dentro de este grupo. Ese es un cansancio alentador, que motiva a seguir adelante y a seguir poniendo empeño en lo que hacemos.

Sin embargo, hay otros agotamientos que cansan hasta el hartazgo. Uno de ellos es el coronavirus que pareciera que llegó para quedarse. El uso constante de la mascarilla, el alcohol en gel y tantas otras medidas que debemos tomar para reducir al mínimo la posibilidad de contagio, han generado ya este sentimiento que nos frustra. 

Derivado de lo anterior, tengo cansancio extremo de estar leyendo opiniones de supuestos expertos acerca del virus y ahora de la vacuna. Unos dicen que es la mejor decisión pues reduce significativamente el riesgo de contagio. Otros afirman que los que reciban la vacuna van a morir en pocos meses o se les va a alterar su DNA. Después de varios meses y millones de personas vacunadas alrededor del mundo, no hemos sabido de tales alteraciones. Pero, los incrédulos dirán que los medios de comunicación, las empresas farmacéuticas y, sobre todo los gobiernos, están escondiendo la verdad.

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No solo el virus nos tiene cansados. La actitud de algunos diputados ya no nos debería sorprender ni agotar pues, a lo largo de nuestra historia democrática, hemos visto de todo.Esta semana se dio el incidente con el primer diputado que abiertamente reconoce su homosexualidad. En vez de servir de ejemplo para otros que puedan surgir más adelante, se ha comportado de forma prepotente y abusiva y, según se reportó, hasta llegó al extremo de escupir a los policías que lo estaban protegiendo. 

Este es solo un caso de muchos en los que funcionarios públicos actúan con prepotencia, con sus variaciones en los actos específicos. Debemos aceptar que el sistema electoral desmotiva a personas rectas y honorables a postularse a algún cargo de elección. Sí los hay, pocos, valientes y luchadores, pero “pocas golondrinas no harán verano” nunca. Es fundamental cambiar el sistema electoral pero, no siendo de la conveniencia de quienes lo han manipulado a lo largo de los años, es muy difícil que se pueda dar.

¿Cómo gobernar un país como el nuestro? Cada cuatro años surge una infinidad de planes y proyectos, pero ninguno pareciera “cuajar” una vez se está sentado en la silla burocrática. Hace unos días, un erudito escritor a quien admiro, sugirió conformar un grupo de “comendadores”, aquellos personajes notables que pudieran conducir al país a un mejor futuro. Conversamos al respecto pues es algo que se ha intentado en el pasado y nunca ha terminado en nada. Con la sociedad tan confrontada como está, será muy difícil pues la desacreditación vendrá de inmediato.

Lo que más cansada me tiene es esa horrible manipulación de la justicia. La nueva conformación de la corte de constitucionalidad (aún no se ha ganado las mayúsculas) pareciera que terminará con el cansancio de los fallos ideológicos y tendremos, por cinco años, oportunidad de atraer inversión y generar empleos. Esto conduciría al cansancio positivo de tener mucho trabajo. 

Muy pocos han logrado cambiar el mundo como Martin Luther King, Jr., Mahatma Gandhi y Nelson Mandela. Los pseudolíderes que han surgido recientemente resultan ser activistas financiados por poderes oscuros y mucho dinero, ocasionando que sean “aves de paso” que, a la larga, no trascienden. 

Esto nos debe hacer reflexionar sobre el hecho que será muy difícil tener de nuevo a personajes como los anteriormente mencionados. Nos toca brillar en nuestro metro cuadrado y moverlo hacia un futuro más prometedor. El cansancio que nos generará sí vale la pena.