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Marchar separados, combatir juntos

Jose Azel
25 de mayo, 2021

Desde sus orígenes en 1959 la oposición al régimen de Castro fue fragmentada, constituida por una miríada de grupos sin unidad operacional. A menudo, los cismas tenían raíces políticas o filosóficas, pero también brotaban de diferencias tácticas, revanchismos y ambiciones personales de protagonismo.

La desunión persevera hasta hoy, a menudo iniciada o explotada por los siempre presentes servicios cubanos de contrainteligencia. Llamados a la unidad bien intencionados fracasan repetidamente en alcanzar el objetivo. Porque un objetivo de unidad política no solo es inalcanzable, sino también indeseable. El papel de una oposición política vigorosa y efectiva es, en sentido figurado, marchar separados y combatir unidos.

La efectividad doctrinal de la estrategia de marcha separada y combate unido fue dramáticamente demostrada por Napoleón Bonaparte en su campaña de Italia.

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Utilizando su adaptada formación de batallón en rombo, Napoleón ensambló cuerpos de ejército compuestos que marchaban separadamente a lo largo de caminos paralelos, pero siempre a una distancia máxima de un día de marcha entre ellos. Se trataba de una formación de rombo consistente en una vanguardia, un flanco izquierdo, un flanco derecho, y cuerpos de reserva que aseguraban a su ejército una defensa circular y la capacidad de concentrarse rápidamente y atacar en cualquier dirección. Tácticamente, las tropas de Napoleón podían marchar separadas y combatir unidas con gran efectividad.

En un año, antes de cumplir sus 28, Napoleón cruzó los Apeninos y los Alpes, y derrotó seis ejércitos austriacos y uno sardo. Asumió riesgos estratégicos, pero como explicó: “Jugando 21 (juego de barajas) yo me detengo a los 20”.

En el contexto de luchas políticas, León Trotski fue quizás quien mejor articuló la táctica del “Frente Unido” de metafóricamente marchar separados pero golpear juntos.

Mis lectores conocedores de historia, percibirán la ironía de que el genio imperfecto que fue Napoleón murió en el exilio; y que estoy citando a Trotski quien, tras perder la lucha por el poder con Stalin, también murió en el exilio en México. Allí fue asesinado en 1940 por un español agente soviético, Ramón Mercader. Veinte años después, tras cumplir su condena en una prisión mexicana, Mercader recibió los mayores honores soviéticos y fue a vivir a Cuba, donde el nuevo gobierno revolucionario de Fidel Castro le dio la bienvenida. Mercader murió en La Habana en 1978.

En el entorno de la oposición cubana actual la teoría de León Trotski del frente unido representaría un esfuerzo para saltar el abismo entre los grupos opositores y entre la oposición y la población en general. En términos prácticos, significa trabajar con personas que pueden tener un amplio rango de ideas políticas diferentes, pero que están dispuestos a unirse sobre temas y derechos específicos.

La idea de Trotski era promover la unidad solamente en demandas y acciones específicas. Los grupos de oposición no pueden aspirar a la unidad en el conjunto de sus programas político-económicos divergentes. Dentro de la actual oposición cubana está representado el espectro completo del pensamiento sociopolítico. No puede esperarse que esas divergencias se diluyan en un imposible acto de unidad ideológica.

Trotski lo entendió y expresó que los grupos deberían pronunciarse en sus diferencias sociopolíticas para entonces poder unirse en actividades específicas donde pudieran amoldarse. La teoría del frente unido de Trotski es sobre tácticas operacionales que pueden superar el aislamiento, no sobre comprometer principios políticos.

En un escrito de 1931 lo señaló así: “¡…no publicaciones comunes, pancartas, letreros! ¡Marchar separadamente, pero golpear juntos! Acordar solamente cómo golpear, a quién golpear, y cuándo golpear. Un acuerdo así se puede cerrar incluso con el mismo Diablo…”

El enfoque político de Trotski refleja el pensamiento militar de Napoleón. Los llamados a la unidad en ideologías políticas son, de hecho, divisionistas. La lección para los cubanos de hoy es que la oposición, para ser efectiva, debe traducirse al idioma de tácticas. Unidad no es referirse a las diferencias con lenguaje empalagoso. En sentido figurado, unidad es marchar separadamente, pero combatir unidos.

Una oposición ideológicamente diversa operando unida es el paradigma que superará el abismo entre una valiente y desinteresada oposición y una población esperanzada en un futuro mejor.

El Dr. José Azel es Investigador Senior en el Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos de la Universidad de Miami, y autor del libro Mañana in Cuba.

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