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El café como vehículo clave para detener el flujo migratorio desde el Triángulo Norte de Centroamérica

Melanie Müllers
05 de mayo, 2021

Por lo general, los programas actualmente diseñados para mejorar la condición económica de los pequeños productores de café se enfocan únicamente al nivel de la finca para aumentar los rendimientos, disminuir los costos y aumentar la calidad. Sin embargo, estos programas jamás sacarán de la pobreza al pequeño cafetalero. De manera similar, la mayoría de las cooperativas de café de pequeños agricultores no son más que un conjunto de pequeñas fincas ineficientes y carecen de influencia para beneficiar significativamente a sus miembros debido a: (a) habilidades técnicas y empresariales de bajo nivel, (b) poca participación en poscosecha, valor agregado actividades, y (c) bajo volumen de producto. La ausencia de competencia administrativa y una masa crítica de productos comercializables impiden que las cooperativas de pequeños productores compitan en las operaciones posteriores a la cosecha, donde se crea la mayor parte del valor agregado. No obstante, un número relativamente pequeño de cooperativas exitosas ha demostrado que un camino comprobado para lograr ingresos adecuados para sus miembros es a través de (a) una mayor competencia empresarial, administrativa y técnica, (b) agregar productos para explotar los beneficios de escala, y (c) incorporación de actividades de valor agregado.

Uno de los mitos quijotescos que subyacen a muchos programas de desarrollo es que los pequeños agricultores sin educación son un tipo de sabios emprendedores; una noción que se basa en gran medida en su capacidad para sobrevivir con los ingresos producidos en una parcela de tierra del tamaño de una estampilla. Como resultado, una falla común de esos programas es que no brindan una estrategia, un enfoque y un nivel de preparación apropiados a los miembros de las organizaciones de pequeñas fincas para prepararlos para los roles exigentes requeridos para transformar su estructura tradicional y lograr la paridad económica. Un proyecto funcional debe sincronizar la educación, la capacitación y la asistencia técnica para desarrollar empresas cooperativas con competencias técnicas y de gestión que coincidan con las de las empresas privadas competidoras.

Para aumentar significativamente los ingresos de los pequeños productores y escapar de la trampa de la pobreza, deben recibir un porcentaje mayor del valor total creado en la cadena de valor del café. Para lograr este objetivo, se requiere una reconfiguración estructural y funcional del modelo y la capacidad de negocios de los pequeños productores. En el marco un buen proyecto, la reconfiguración se debe diseñar en torno a las grandes cooperativas cafetaleras, que agregarán productos y operaciones para lograr beneficios acordes a los que disfrutan las grandes empresas competidoras.  Para los que piensen que este es un proyecto imposible, Sistemas Empresariales Mesoamericanos (SEM), por medio de su asesor, Dr. Michael Schwartz ya solicita financiamiento, para un proyecto de desarrollo de empresas comerciales multifuncionales competitivas en treinta y dos cooperativas de café en el Triángulo Norte. Los candidatos se seleccionarán entre las poblaciones de cooperativas, pequeños productores y comunidades locales, prestando especial atención a los grupos tradicionalmente marginados, incluidos los jóvenes y las mujeres. El proyecto también proporcionará asistencia técnica para orientar el desarrollo de empresas cooperativas y para complementar y perfeccionar las habilidades adquiridas a través de la educación y la capacitación. La combinación de un equipo de gestión competente y una mayor escala de operaciones permitirá a las cooperativas integrar las operaciones de producción, procesamiento y comercialización, y capturar los ingresos de valor agregado correspondientes.

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La industria del café en el Triángulo Norte de Centroamérica es una actividad dominada por el sector privado, que ni busca ni recibe una intervención gubernamental significativa. Esta independencia del sector público hace del café un socio ideal para mitigar las condiciones económicas que obligan a la población rural a abandonar sus regiones cafetaleras aumentando la participación de los pequeños productores en la riqueza creada en el sector cafetero de la región.  

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