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Emprender para recuperar la memoria

Roberto Carlos Recinos-Abularach
09 de junio, 2021

El poder de la Madam Vice President, Kamala Harris, atrajo dos tipos de energías en su visita a Guatemala, a saber: la queja y la propuesta. Y es que hay algo en el ser humano que lo impulsa permanentemente a intentar cooptar el imaginario, a imponer sus ideas, intereses y criterios sobre los ajenos y lo hace a través de aquellos dos métodos o, mejor dicho, de uno de ellos. Por un lado, hay quienes irrumpen en lo colectivo con mensajes que sirven a su especie para trascender los límites de lo que se creía posible. Por otro, hay quienes eligen enredar la experiencia humana con su pensamiento, palabra y acción, lanzando a su especie a densidades siempre más bajas y pesadas, donde la posibilidad de cambio positivo es bastante menor.

El lenguaje de los primeros es la propuesta, conformada ésta, a su vez, por el riesgo creativo, la aventura, la complicidad, la confianza, la responsabilidad personal, la autoestima y la curiosidad. Los segundos se conducen habitualmente en términos quejumbrosos que producen desunión, sembrando a cada paso embriones de miedo-confusión y aniquilando toda posibilidad de evolución social o ascensión espiritual. 

Infortunadamente, son los segundos quienes gobiernan hoy los consensos de lo posible y definen los criterios de la realidad.  Los mismos que acapararon la atención y el discurso de Kamala Harris. Se vio, con una transparencia increíble, a representantes de esta forma de interpretar el mundo buscar acercarse a la vicemandataria estadounidense para echar culpas y colgarse medallas, sin proponer estrategias productivas conjuntas para sacar a los pobres de la pobreza y a los subdesarrollados del subdesarrollo. Al final de cuentas lo que todos se supone que queremos es erradicar, o al menos mitigar, todo tipo de males de un plumazo inteligente, incluyendo los principales incentivos para la corrupción, la migración y la cultura de violencia e impunidad. Encontraron estos personajes, al final de cuentas, eco en el Zeitgeist, en la ideología de turno, y salieron reforzados –envalentonados, más bien– y preparados para seguir haciendo la guerra donde otros buscan la paz, destruyendo donde otros buscan edificar y olvidando donde otros buscan recordar.

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Para allanar donde otros intentan, con suficientes dificultades entrópicas ya, gobernar. 

Por eso insisto, con o sin razón, que la raíz de todos los problemas de convivencia viene de olvidar los principios esenciales de la naturaleza y del hombre, pues nos llevan a actuar contra natura y despilfarrar nuestro potencial, dejando en el camino, de paso, un sinfín de enredos internos y con tus muchos interlocutores. 

Sí, hemos olvidado nuestros mejores secretos y precisamos recuperar la memoria.

Emprender como forma de vida

Más que nunca, parece claro ahora que esa amnesia a la que hacemos referencia tiene más que ver con la indisposición deliberada del sujeto que sufre y menos con sus circunstancias –que también importan, claro, como brillantemente categorizó Ortega y Gasset, en su momento– pero no tanto como algunos desean que importen. Y es obvio por qué. Si la circum-stantia (eso que me circunda) es más importante que mi actitud (el espíritu de mis actos que viene desde adentro), entonces la vida, convenientemente para mí, está llena de pretextos aceptables y chivos expiatorios, mientras que yo me encuentro, como por arte de magia, libre de responsabilidades por mi historia y mis actos. Exento, en fin, de la necesidad de recordar mi naturaleza o de sufrir las consecuencias del ejercicio de mi libertad. 

Yo a veces pienso que si Guatemala vive del subdesarrollo, el conflicto y la corrupción del hombre es porque Guatemala y los guatemaltecos se inclinan por portar una actitud mediocre, ignorante y farisea. Si en lugar de hablar tanto de corrupción hablásemos más de emprendimiento, seríamos menos corruptos y más emprendedores. Afortunadamente, entre tanto pesimismo se coló, aunque sea en una corta línea, un mensaje alentador. Kamala Harris habló con la prensa en Guatemala, México y Estados Unidos a posteriori (lo cual denota que la semilla sí germinó en su mente), sobre su conocimiento de proyectos de mujeres emprendedoras impulsados por el Ministro de Economía, y expresó su intención inequívoca de apoyar, pues considera que las “alternativas” optimistas, propositivas y creativas para afrontar los problemas de subdesarrollo, migración y corrupción, tienen cabida en su agenda liberal. 

De alguna manera, se siente como una misión parcialmente cumplida por quienes trabajamos en temas de emprendimiento. No porque ya no haya pobreza o falta de oportunidad, sino porque el optimismo edificador vive en tiempos de falso progresismo inquisidor. (Lo curioso, vale decirlo, es que los pesimistas se llamen a sí mismos woke, que significa algo así como “iluminados entre los ignorantes” o “despiertos entre los zombis”. Y así se inscriben ellos, dándose palmaditas en sus propias espaldas, en el índice de las ideas políticas contemporáneas). 

Cabe terminar con esto: pensaría yo que la lucha de clases que más importa no es la épica reduccionista esa de ricos contra pobres, sino la guerra entre dos clases de pensamientos contrapuestos: caminar por fe y esperanza a traves del ejercicio permanetne de la propuesta constructiva o correr por miedos y apegos, quejándose por todo y enjuiciando a todo el mundo, todo el tiempo. Diferencias, eh. Literalmente, seguir uno u otro arquetipo cosmogónico puede determinar si caminamos hacia la vida y la paz o hacia el eterno deseo no satisfecho. Por eso, la mejor manera de ser agentes útiles de la sociedad es recordando que nuestros pensamientos, palabras y acciones positivas atraen realidades positivas –circunstancias positivas, pues– y la mejor manera de recuperar esas memorias es emprendiendo con fe, sin quejas ni excusas, en todas las dimensiones de la vida. 

Celebro a cada mujer emprendedora de Guatemala y les agradezco su entereza, diligencia y espíritu inquebrantable, en medio de tanta aflicción. Nos han enseñado y nos enseñan aún, que el riesgo ejercido con buena voluntad siempre rinde generosos frutos.  Son un especial tipo de pioneras.

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