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Combatiendo la pobreza y la migración con Trabajo

Ninoshka Linde
11 de junio, 2021

En abril 2021 vacacioné en California, desde San Francisco hasta Santa Barbara, un viaje que tenía muchos deseos de realizar desde hace mucho tiempo, y que no hubo pandemia que me lo impidiera. Arribé un sábado por la tarde, el domingo me dirigí hacia Pier 39. Luego de 20 minutos de caminar en el lugar estaba realmente sorprendida, esta no era la idea que yo tenía de San Francisco, aunque el Golden Bridge se mirara como en las películas. Ese día comprendí que nos habíamos llevado Latinoamérica a Estados Unidos.

En un recorrido de aproximadamente 1.5 kilómetros escuché español con variedad de acentos. En las calles múltiples puestos de ventas callejeras ofrecían: pupusas, tacos, shucos (hot dogs latinos), Takis Takis con limón, tamales, mole y podría continuar con un menú completo de opciones. La música que salía del interior de los automóviles a todo volumen me llevó de paseo a Colombia con el ballenato y a Monterey con el ritmo norteño. Realmente estaba sorprendida, y una parte de mi entendía “la sensación de invasión” que se han expresado en varias propuestas públicas para frenar la migración.

Ese primer almuerzo lo hice en un restaurante italiano, mi mesero era hondureño. En Sausalito mi mesera guatemalteca, se llamaba Ana y era de Mazatenango; en Santa Bárbara me tomé un Mezcal preparado por un joven originario de Puebla. En Carmel by the Sea un joven de Huehuetenango y en Napa Valley el sommelier originario de Mendoza, Argentina. Así transcurrí 9 días platicando con mis compatriotas y amigos latinoamericanos, quise entender porque se habían ido de sus países si en “America” seguían en trabajos que requerían habilidades básicas.

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Luego de varias conversaciones, entendí que: muchos de ellos en sus países de origen ni siquiera tuvieron acceso a este tipo de trabajos, que en Estados Unidos se puede ganar hasta 20 dólares por hora trabajando en construcción sin tener papeles legales, que tener un sistema de salud es de mucha valía para alguien que ha visto a su familia morir, en su país de origen, por falta de atención primaria. Lo sorprendente fue la consistencia en una respuesta que podría resumir en esta frase “no importa cuánto o lo duro que hemos tenido que trabajar, pero estando aquí logramos tener algo. Además, mis hijos están mejor, tuvieron educación y ellos no van a ser pobres como lo ha sido toda mi familia.”

Francisca de Xela, tiene un hijo que está estudiando para ser médico y me dice “Imagínese seño, en mi familia nadie tiene estudios, pero mi hijo será doctor. ¿Qué más le puedo pedir a Dios? Este país (refiriéndose a EEUU) me ha dado muchas bendiciones.”

Este viaje, más que un viaje de descanso, fue un terminar de abrir los ojos a una realidad que ya no veo, aunque tengo años de estar trabajando para generar oportunidades de empleo en Guatemala. Me di cuenta de que estoy tan acostumbrada a ver pobreza y precariedad que se me ha nublado la sensibilidad al contexto en el que vivimos, un país con 62.4% de pobreza media y un 29.6% de pobreza extrema.

Comprendí de mejor forma porque tristemente el sueño del guatemalteco promedio, que no ha tenido oportunidades en su país natal, es ahorrar para poder migrar al norte sin importar arriesgar su vida en el intento. Como lo han hecho los más de 2.7 millones de compatriotas que viven en Estados Unidos. Los guatemaltecos migran porque no tienen opción, el país que los vio nacer no es capaz de brindarles oportunidades para que con sus propios esfuerzos salgan adelante, y tengan una vida digna en donde no se expongan a morir por falta de ingresos.

Con el objetivo de medir el impacto del proyecto que he liderado durante más de 5 años, para impulsar el empleo en el sector de Contact Center &BPO a través de capacitación de inglés para el trabajo, recientemente realizamos una encuesta a los jóvenes que participaron en el programa en 2016. Obtuvimos 248 respuestas, de estos 25% manifestaron haber tenido intenciones de migrar antes de pasar por el programa y de obtener un empleo. Gracias a que consiguieron un trabajo con ingresos que duplican o triplican el salario mínimo, los jóvenes tuvieron opción de quedarse en su patria, al lado de su familia y alcanzando sueños.

Entender como un trabajo formal con ingresos de por lo menos el doble del salario mínimo puede impactar a un joven es impresionante. El 82 % indica que ha utilizado este trabajo para contribuir a los ingresos familiares, 72.69% en equipar el hogar, 50% en comprar carro, 48% en hacer mejoras en su vivienda, 40% en viajar, 37% en invertir en su formación profesional, y 9% para comprar casa o apartamento.

Sí además consideramos que la gran mayoría de estos jóvenes tomaron el programa con una edad promedio de 20 años, y añadimos los otros beneficios que indican haber encontrado en sus empleos: acceso a seguro médico y de vida, crecimiento laboral, apoyo en estudios, entre otros. Entendemos claramente la movilidad social que se puede lograr a través de la capacitación para el trabajo, y lo importante de multiplicar este tipo de modelos de empleabilidad.

En 5 años el programa impulsado por el sector de CC&BPO en alianza con INTECAP orientado a inglés intensivo para el trabajo, el cual tiene una duración de entre 16 y 10 semanas intensivas de aprendizaje, ha beneficiado a más de 5 mil jóvenes e impactado a más de 40 mil personas. Abriendo una oportunidad a una mejor vida a los beneficiados y sus familias, para esta y las generaciones por venir.

Con escalar este programa de formación intensiva de inglés para el trabajo, y programas similares de upskilling de mano de obra, la realidad de Guatemala y los guatemaltecos sería otra. Se podría atraer nueva inversión extranjera directa y generar alrededor del círculo virtuoso del empleo formal, impuestos para que el estado pueda invertir en desarrollo, nuevos negocios para otras industrias, y disminuir el porcentaje de migrantes.

Además, se debería considerar cerrar la válvula de escape que implica una carga social muy fuerte para el país, capacitando para el trabajo a aquellos pocos que tienen acceso a la educación vocacional. En 2019 según datos del Ministerio de Educación de Guatemala, se graduaron (12 años de estudio) alrededor de 170 mil 929 jóvenes que estarían ingresando al mercado laboral, dato similar de los últimos años. Sin embargo, según información del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social se reportó un crecimiento neto de 12,520 empleos formales nuevos. La brecha existente entre oferta y demanda de trabajo es una de las principales causas de la informalidad, la migración y la violencia.

En el 2020 en un plan piloto, implementado en alianza con MINEDUC, de formación de inglés para el trabajo en diversificado, se demostró la efectividad de la metodología. A pesar de que el piloto se montó en remoto y con un celular inteligente, se logró certificación del 94% de las participantes. Si Guatemala invirtiera en total de Q2500 (dividido en dos años) por alumno en diversificado del sector público, generaría alrededor de 30 mil nuevos jóvenes bilingües listos para trabajar. Al mismo tiempo el gobierno obtendría en el primer año de trabajo de cada joven alrededor de Q18,500 en impuestos. ¿Qué inversión podría tener mayor retorno?

El tiempo para actuar es ahora, aprovechando la ventana de oportunidad que se abre con el redireccionamiento de los flujos globales de inversión hacia el mercado de nearshore, el lanzamiento del Plan Guatemala no se Detiene y la misión de EE. UU de detener la migración hacia su territorio.

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