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¿Cómo salir de la pobreza? 3ra parte

Warren Orbaugh
28 de junio, 2021

La mayor parte de guatemaltecos tienen las cualidadesnecesarias para crear riqueza. Son sensatos, atentos a la información que dan los precios en el mercado, pueden hacer su cálculo económico para orientar su acción hacia la producción más rentable, son laboriosos y productivos, son creativos, decididos, ambiciosos y benevolentes, son perseverantes y dedicados, responsables, honrados y sinceros. Como señalé en mis entregas anteriores las malas decisiones políticas que se le imponen por la fuerza al ciudadano productivo le entorpecen, dificultan e impiden crear riqueza al dilatar el tiempo de espera innecesariamente, lo que requiere de un aprovisionamiento mayor y, por tanto,aumenta considerablemente los costos de la operación, poniendo al guatemalteco en una posición desventajosa en la competitividad mundial.

Como expliqué anteriormente, la creación de riqueza, es decir, de bienes y servicios demandados sólo se da cuando el individuo actúa conforme a su mejor juicio. Si la acción, sea ésta, producción o intercambio, no se da, no hay creación de riqueza. Si la acción se retrasa y ya no corresponde con la demanda del mercado, no hay creación de riqueza. Si la acción es obstaculizada hasta hacerla no rentable, no hay creación de riqueza. Si el individuo no puede actuar conforme su mejor juicio, conforme a su planeación racional, se verá desmotivado en producir aquellos bienes o servicios que beneficiarían su vida y la de los demás.

Las regulaciones y trámites burocráticos engorrosos además de ser obstáculos para la creación de riqueza al dilatar el tiempo de espera y lapso de aprovisionamiento para cubrir el período de producción, limitando la capacidad de una actividad económica sostenible, son fuente de corrupción al darle al burócrata un poder discrecional con el que puede perjudicar al productor si éste no le da la coima para agilizar los trámites. El oficial puede, por ejemplo, retener en la aduana un embarque de frutas, que si no ingresan a tiempo se echan a perder causándole una importante pérdida al importador. 

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Como mostré en mi artículo sobre el libre mercado y la ley de asociación de Ricardo, gracias a la división del trabajo, al asignar nuestro tiempo conforme a nuestros costos comparados aumentamos nuestra producción total, lo que mejora cuando el mercado es más amplio. Entre más grande sea el mercado mayor será la división del trabajo conforme a nuestros costos comparados y ventajas comparativas. La rapidez de los intercambios genera riqueza al disminuir tiempos de espera. Sin embargo, cuando el gobierno obstaculiza y frena el comercio transfronterizo, reduce el mercado, evita el aprovechar las ventajas comparativas,dilata el tiempo de espera y lapso de aprovisionamiento necesario para cubrir el período de producción. Y como si esto no fuera suficiente, grava los productos con impuestos aumentando su costo. Las aduanas son como los manifestantes parásitos que bloquean las carreteras impidiendo la circulación de vehículos con artículos comerciales, con el agravante de que le roban a su extorsionada víctima una cantidad de su producción para dejarle pasar. Lo disparatado de tener aduanas se puede ilustrar con una reducción al absurdo: ¿Mejorarían las transacciones comerciales si tuvieran que pasar por aduana entre las distintas zonas de la capital? ¿Agilizaría este sistema la productividad de las empresas? ¿Si tuviera que comprar papel en la zona 9 para su oficina en la zona 10, sería más eficiente tramitando en la aduana zonal el permiso e impuestos para ingresarlo a su zona? Evidentemente no. La escala muestra el daño, pero no hace diferencia cuando el principio es el mismo. Se podría crear más riqueza si prescindimos de las aduanas. Aumentaríamos nuestro mercado y la agilidad de las transacciones se intensificaría, reduciendo el tiempo de espera y lapso de aprovisionamiento. Y seríamos más productivos. Produciríamos más riqueza. Iríamos en el camino correcto para salir de la pobreza. Y habiendo más intercambios, el gobierno podría cobrar más impuestos al valor agregado.

La solución es política.

Continuará.

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