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¿Cómo salir de la pobreza? 2nda parte

Warren Orbaugh
07 de junio, 2021

En mi artículo anterior propuse que la principal razón que provoca la emigración de guatemaltecos hacia los Estados Unidos de Norteamérica es la ausencia de alguna otra alternativa económica viable para ellos como solución para mejorar su calidad de vida. Y que la principal razón que provoca la inmigración ilegal de guatemaltecos en Estados Unidos de Norteamérica es la imposibilidad que tienen los emigrantes por pobreza de adquirir visas, provocada por el temor de los obreros estadounidenses de perder sus empleos ante una competencia de labor más barata.

Afirmé que las tres razones son de carácter político. 

La mayor parte de guatemaltecos tienen las cualidades necesarias para crear riqueza. Son sensatos, atentos a la información que dan los precios en el mercado, pueden hacer su cálculo económico para orientar su acción hacia la producción más rentable, son laboriosos y productivos, son creativos, decididos, ambiciosos y benevolentes, son perseverantes y dedicados, responsables, honrados y sinceros. De ahí su éxito en Estados Unidos cuando emigran. Son tan productivos que con sus remesas ayudan a muchos guatemaltecos que se quedan en el país. Entonces, pregunté en mi entrega anterior, ¿por qué los guatemaltecos no pueden aquí crear la riqueza necesaria para convertirnos en un país del primer mundo? Afirmé que la respuesta es que malas decisiones políticas que se le imponen por la fuerza le entorpecen, dificultan e impiden crear riqueza. 

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El primer punto que debemos considerar es que la creación de riqueza, es decir, de bienes y servicios demandados sólo se da cuando el individuo actúa conforme a su mejor juicio. Si la acción, sea ésta, producción o intercambio, no se da, no hay creación de riqueza. Si la acción se retrasa y ya no corresponde con la demanda del mercado, no hay creación de riqueza. Si la acción es obstaculizada hasta hacerla no rentable, no hay creación de riqueza. Si el individuo no puede actuar conforme su mejor juicio, conforme a su planeación racional, se verá desmotivado en producir aquellos bienes o servicios que beneficiarían su vida y la de los demás. El problema en Guatemala es que las malas decisiones políticas han creado innumerables obstáculos a las acciones que podrían crear riqueza.

Guatemala está muy lejos de ser uno de los mejores lugares que facilitan el hacer negocios. Está muy lejos de Nueva Zelanda (número 1 en la clasificación del 2020 de Doing Business del Banco Mundial), de Singapur (2), de Hong Kong (3), de Dinamarca (4), de Corea del Sur (5), de Estados Unidos (6), de Georgia (7), del Reino Unido (8), de Noruega (9), de Suecia (10) de Lituania (11), y muchos otros.  De hecho, Guatemala se encuentra en la posición número 96.  Es cierto que califica mejor que Argentina que se encuentra en la posición 126, que Honduras en la 133, que Belice en la 135, que Nicaragua en la 142, que Haití en la 179 y que Venezuela en la posición 188. Pero si queremos salir de la pobreza deberíamos apuntar a estar en la posición número uno.

Las regulaciones y trámites burocráticos engorrosos son obstáculos para la creación de riqueza al dilatar el tiempo de espera y lapso de aprovisionamiento para cubrir el período de producción, limitando la capacidad de una actividad económica sostenible. Las normas onerosas causan que muchos individuos se alejen de la supervisión de los organismos reguladores y recaudadores de impuestos, prefiriendo operar en el sector informal o en otro país buscando un ambiente más propicio para los negocios. 

Las normas que afectan a los individuos desde el inicio de sus actividades hasta el cierre de sus operaciones son: apertura de un negocio, manejo de permisos de construcción, obtención de electricidad, registro de propiedades, obtención de crédito, protección de los inversionistas, pago de impuestos, comercio transfronterizo, cumplimiento de contratos y resolución de insolvencia.

Mientras que en Hong Kong se puede crear una empresa en 4 días, en Guatemala toma 15 días. Y conseguir una licencia de construcción en Guatemala toma de 226 días hasta 720 días, mientras que en Singapur toma 36 días, en Hong Kong toma 69 días, en Malasia toma 41 días, en Corea del Sur toma 28 días, y en Dinamarca, 64 días. El tiempo representa un costo para todo productor, por lo que la elección de qué producir implica siempre la elección de un período de aprovisionamiento para cubrir el tiempo de espera que requiere el periodo de producción. Dilatar el tiempo de espera innecesariamente, como sucede en Guatemala por los trámites burocráticos para poder iniciar y operar un negocio, es aumentar considerablemente los costos de la operación, poniendo al guatemalteco en una posición desventajosa en la competitividad mundial. Esto, lo que significa es que, para la construcción del mismo edificio de veinte niveles, que requiere 540 días para completarse, en Corea del Sur toma 568 días (540 más 28 de trámites), mientras que en Guatemala toma 1260 días (540 más 720 de trámites) – 692 días más. En otras palabras, en Corea del Sur, en el tiempo que al constructor en Guatemala le toma construir un edificio, el mismo constructor podría hacer dos edificios, uno tras otro.

La diferencia no es tecnológica, es política.

Continuará.

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