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¿Qué tiene que hacer Argentina para salir de este círculo que lleva al país a caer en la estanflación en los buenos tiempos y en depresión en épocas de recesión?

Daniel Lacalle
06 de julio, 2021

Argentina es uno de los países más ricos del mundo. Adicionalmente, tiene un capital humano muy valioso, en parte tristemente esparcido por el mundo. ¿Qué le pasa a Argentina para que la pobreza sea del 45% y un 20% adicional esté al borde de caer en ella, según la Universidad Católica Argentina (UCA)?

Argentina es un país donde se escucha constantemente criticar al neoliberalismo y exigir más intervención cuando el país está siendo devastado por la inflación y el clientelismo extractivo implementado por gobiernos cada vez más intervencionistas.

Argentina es uno de esos tristes casos de un país con enorme potencial que está siendo hundido por un sector político que niega los elementos que destruyen su economía: Una política monetaria destructora y una política fiscal confiscatoria.

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Argentina es un país rico lleno de pobres porque la política confisca la riqueza vía monetaria con la inflación, el impuesto de los pobres, y una fiscalidad simplemente que ahoga al sector productivo.

¿Qué tiene que hacer Argentina para salir de este círculo que lleva al país a caer en la estanflación en los buenos tiempos y en depresión en épocas de recesión?

Primero, abandonar ya la política equivocada del Banco Central de Argentina. No puede continuar destruyendo el poder adquisitivo de la moneda -el peso- donde se aumenta la base monetaria siete veces más que en Estados Unidos con demanda de pesos local y externa cayendo. Los argentinos e inversores internacionales no aceptan pesos, y no es porque sean tontos o malvados, sino porque tienen la certeza de que se va a hundir el poder adquisitivo de la moneda con una de las políticas monetarias más devastadoras del mundo, solo comparable a la venezolana.

Esa política monetaria ha hecho que el peso pierda el 98% de su poder adquisitivo en los últimos diez años y que la inflación en 2021 ya alcance un 49% en los últimos doce meses. Ninguna familia o negocio puede sobrevivir a una moneda que hunde así los salarios reales y los ahorros. Culpar al neoliberalismo de esta aberración en un país rico donde la inflación de los países cercanos no llega al 5% es una falacia y un engaño.

El presidente Alberto Fernández dijo recientemente que ”ha llegado la hora de entender que el capitalismo no ha dado buenos resultados” y lo dice en un país donde se ha destruido el más mínimo atisbo de libre mercado, competencia e incentivo al crecimiento con el intervencionismo más absurdo y agresivo de la región.

El problema de Argentina nunca ha sido el capitalismo sino un estatismo extractivo que ha elevado el gasto político a niveles estratosféricos mientras destruía la posibilidad de crear empleo del sector privado con una fiscalidad confiscatoria. El coste del empleo en el sector público ya supera el 19% del PBI y además la fiscalidad a empresas alcanza el nivel más alto de la región, superando el 100% para las pequeñas empresas.

En Argentina no queda el más mínimo destello de capitalismo y se ha impuesto un sistema de incentivos perversos donde el estado fagocita cualquier atisbo de riqueza productiva para perpetuar un sistema ineficiente que, además, aumenta la pobreza y empeora el potencial de crecimiento.

El sistema económico argentino nos demuestra que el intervencionismo no solo no genera mejor crecimiento y empleo, sino que multiplica la pobreza y destruye puestos de trabajo.

Argentina debe recordar que para repartir riqueza hay que crearla, no entorpecerla y que la desigualdad se combate atrayendo inversión, no echándola.

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