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La venta de tortillas: ¿una injusticia?

Nicholas Virzi
09 de julio, 2021

Recientemente leí un artículo bastante interesante de Carolina Escobar Sarti en Prensa Libre, titulado Desigualdad los tres tiempos. Dicho artículo, que les recomiendo leer, trató sobre el mercado de tortillas artesanales en Guatemala. Este artículo recogió de manera muy interesante un rasgo económico-cultural guatemalteco. Lo enmarcó en contexto intelectual progresista para resaltar las injusticias percibidas de este segmento de mercado. Se expuso de manera detallada ciertas características del mercado de tortillas artesanales en Guatemala, tocando temas de pobreza, desigualdad, género, y trabajo infantil. Quedé fascinado por el artículo, no sólo porque soy comprador frecuente de las mismas, sino porque me hizo pensar mucho si yo, en lo personal, hacía bien, o mal, en comprar este producto, cosa que el mismo artículo invitaba al lector reflexionar.

El artículo detalló ciertos aspectos incómodos de este segmento de mercado. Las tortillerías artesanales son operadas por mujeres, usualmente indígenas, por lo general. Aquí tenemos dos temas acalorados en el discurso público, el tema de racismo, y el tema de género. Las mujeres indígenas sirven al mercado, atendiendo a las demandas generalizadas del pueblo guatemalteco por tortillas “de verdad”. Se suelen ver a niñas jóvenes trabajando en esos lugares, frecuentemente a la par de sus madres, tías, etc., pero no siempre. Se entiende del artículo que las niñas pueden estar trabajando por otras personas … indígenas. Este aspecto nos da paso al tema sumamente incómodo del trabajo infantil. El artículo cita a una investigación de USAID, la cooperación de EEUU, que recoge todos estos puntos de crítica a la perfección:

“el trabajo de niñas y adolescentes en tortillerías está configurado por el racismo estructural y el patriarcado, como dos construcciones históricas que han tenido mayores repercusiones en las niñas, adolescentes y mujeres indígenas y en pobreza.”

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No se puede negar que este trabajo de la elaboración y venta de tortillas nace de la necesidad económica que afecta a muchos guatemaltecos. Nace también de sus preferencias y costumbres, que tienen una larga historia que no obedece a la lógica de mercado impuesto por la colonización europea. Sin embargo, contextualizar y enmarcar la venta de tortillas artesanales en Guatemala como reflejo del racismo estructural y el patriarcado, es una idea que solo los expertos de la Cooperación de Estados Unidos serían capaces de externar. 

La tortilla es un producto cultural de Guatemala, viene de su cultura maya. En esa cultura, si son, y han sido, las mujeres que la producen. Criticar eso como reflejo del patriarcado y del racismo estructural, con la implicación que es algo malo que se debiese de eliminar, sería un ataque frontal a las tradiciones guatemaltecas. Constituye un ataque frontal a las tradiciones ancestrales que establecen cómo y quien debería de elaborar la tortilla. No se conocen quejas de personas indígenas acerca del tema. Todo lo contrario. Pero ahora vienen argumentos progresistas importados de países desarrollados para explicar por qué las costumbres indígenas que han contribuido a la continuidad de sus civilizaciones deberían de desaparecer. Ellos saben más. Siempre saben más.   

Si el método de producción de venta de tortillas artesanales fuera reflejo del racismo y machismo estructural, ¿no sería eso una crítica a la cultura indígena? La participación de la mujer y la niña en ese proceso no precisamente nace de la lógica del capitalismo moderno. Así evolucionó la cultura tradicional. Tampoco la demanda de ese producto auténtico, original, inigualable nace de los ricos, sino de gran parte del pueblo guatemalteco. Los guatemaltecos de a pie destacan por su demanda de la tortilla original y auténtica. Rechazan a versiones modernas hechas por maquina. Esos productos “chafa” los compran los ricos, no los guatemaltecos de a pie.

¿Cuál sería la solución al “problema” identificado? ¿Qué se deje de comprar tortillas artesanales en tortillerías de la calle? ¿Solo habría de comprar tortillas de cadenas grandes de tiendas establecidas? Cabe la pregunta de quienes serían los más afectados por esta solución. ¿Acaso, no serían las mujeres en condiciones de pobreza? ¿Qué se solucionaría con una ley que prohibiera la venta de tortillas artesanales, basado en el argumento que este proceso de mercado viola los derechos de las mujeres indígenas? El resultado inmediato sería más pobreza y exclusión del segmento de la población que se dice que quieren ayudar, las mujeres indígenas.

¿Qué sigue? ¿Critica a los textiles de Guatemala? Ya se han visto a críticas de replicas de productos artesanales típicos de Guatemala por personas no indígenas. Lo llaman apropiación cultural. Ahora critican la producción y venta de productos artesanales guatemaltecos de primera necesidad. Si lo hacen indígenas, mal. ¡Si lo hacen no indígenas, peor! Nunca se podrá satisfacer las exigencias y demandas de los planificadores sociales.  En su mente saben más. 

Estos expertos de USAID carecen de conocimiento de la cultura guatemalteca. No los van a encontrar en una venta callejera de tortillas. Los van a ver en una Multinacional, comprando un producto menos auténtico, de menor calidad, a mayor precio. Si ellos compran textiles, será en el aeropuerto, a un ladino.  Prefieren comprar en una cadena multinacional de comida chatarra que en una esquina de la calle. Son compradores de las grandes empresas, pero se pintan como defensores del pueblo con el que tienen escaso contacto. En su fatal arrogancia, hacen tremendo daño a los pueblos que dicen que quieren ayudar, especialmente a los más necesitados. 

Los invito a hacer precisamente lo que les pide el artículo de Prensa Libre. Reflexionen sobre sus compras. Decidan donde quieren comprar y a quienes quieren apoyar. Es su derecho, y responsabilidad. No debería de ser controversial la idea de que quien quiera apoyar a las pobres, le debería de comprar a las pobres. Eso sería la mejor manera de apoyarlas, de manera inmediata y directa. Caso contrario, pueden hacerle caso a USAID, y dejar de comprar sus tortillas de la doña en la calle. Quedarían bien con la Embajada, que siempre sabe más.

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