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Celebrar el #8A ProVida (pero ojo con los lobos disfrazados)

Juan Diego Godoy
11 de agosto, 2021

El domingo pasado, 8 de agosto, se llevó a cabo la “Caravana por la Vida” en la ciudad de  Guatemala. Una auténtica celebración que se caracterizó por el orden, las medidas sanitarias  implementadas y el mensaje. Pero aquí hay muchos temas que quedan siempre como cabos  sueltos aunados al movimiento ProVida. No pretendo profundizar en todos en una simple  columna, pero si por lo menos destacarlos. 

Vamos a ello. 

Lastimosamente la cobertura de medios sobre la “Caravana por la Vida” no fue tan completa  como debió ser, por eso utilizaré este espacio para revelar los datos que he solicitado a los  organizadores de la caravana, para comprender la relevancia que esta tuvo, pues toda  manifestación pública debe ser comunicada y analizada; desde los paros y bloqueos de grupos  como Codeca o las protestas de militares veteranos para pedir “resarcimientos”, hasta  manifestaciones pacíficas y respetuosas encabezadas por ciudadanos en contra la corrupción o,  como en este caso, a favor de la protección de la vida. 

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Aquí los datos: Más de 1,000 carros participaron y si había por lo menos dos personas por carro,  había 2,000 participantes, como mínimo. Se vendieron 150 kits a Q95 cada uno —el kit incluía  utensilios para decorar los autos— y del total de esas ventas, un porcentaje fue destinado al  Hogar Valle de los Ángeles, un hogar que brinda alimento y educación a más 200 niños en  situación de riesgo de entre 6 y 18 años. Y, claro, se respetaron todas las medidas de prevención  sanitaria así como el derecho a la libre locomoción de otras personas ajenas a la caravana (cosa  que no hemos visto en otras manifestaciones). 

Ahora bien, tal y como lo explicaron los organizadores de la caravana y como quienes nos  sentimos representados por este movimiento hemos dicho en reiteradas ocasiones: el  movimiento ProVida no debe estancarse en uno de sus frentes, que es la defensa de la vida de la  persona no nacida (desde el momento de su concepción, que es donde biológicamente comienza  una nueva vida, un ser humano único e irrepetible con los mismo derechos que cualquier otro).  Cuando el debate y las acciones se paralizan en temas como el “aborto”, el movimiento pierde  fuerza, porque desatiende otros frentes igual de importantes, que son el resto de las etapas del  ser humano hasta su muerte natural. Por supuesto, este es uno de los temas más latentes y que  genera mayor controversia, por eso suele ser el que acapara más titulares y requiere más  recursos para debatirlo y desenmascararlo. Pero no es el único eje fundamental de este  movimiento. 

He conocido a múltiples organizaciones cuyos voluntarios trabajan incansable e increíblemente  en brindar apoyo a los diversos frentes ProVida. Por ejemplo, el proyecto Latiendo Juntos de  Asociación Familia Importa que brinda apoyo material a madres en situaciones de vulnerabilidad  en zonas marginales de la Ciudad de Guatemala; o el proyecto Enfoque Familiar que atiende a  mujeres víctimas de abusos sexuales y psicológicos; o la organización Buckner Guatemala que  mantiene hogares temporales para niños y familias en situación de vulnerabilidad. Y hay  muchísimas más asociaciones privadas, no lucrativas, que hacen lo que los gobiernos corruptos  no pueden: atender a la población en riesgo, velar por ellos, defender sus vidas.  

Pero también hay que tener cuidado. Lo he criticado ya públicamente y vuelvo a hacerlo ahora:  hay oportunistas que quieren sacarle una tajada equivocada al movimiento ProVida y hay  miembros de este movimiento que están cayendo en sus juegos. El Gobierno actual, integrado en  su mayoría por una cartera de impresentables, ha intentado apropiarse del discurso y hasta de  los logros de organizaciones privadas a favor de la vida, cuando ellos —restándole fondos a los  programas contra la desnutrición, protegiendo a ministros criminales, haciendo negocios tras  bambalinas con la salud de los guatemaltecos en plena pandemia, jugando a la política en las  fiscalías y los tribunales de justicia, etcétera— lo que menos son es representantes de un  movimiento loable que no debería buscar medallas ni adulaciones de políticos deshonestos ni  aplausos de corruptos. 

Hay gobernantes, activistas, líderes religiosos —muchísimos— y colectivos lo suficientemente  hipócritas que buscan “abanderar” movimientos como este mientras a las espaldas financian,  apoyan y permiten las violaciones a los humanos más indefensos. Lo suficientemente hipócritas  como para abandonar la lucha contra la desnutrición y evitar los ciclos de abuso en las niñas  guatemaltecas. Lo suficientemente descarados como para descuidar a la población de riesgo,  abandonar a los ancianos a su suerte y mantener un sistema educativo mediocre para evitar la  formación de sus niños. Es cierto. Sí que los hay, pero son menos y tienen todo —desde la  biología hasta el sentido común— en contra. 

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