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La UFM está de fiesta

Warren Orbaugh
16 de agosto, 2021

La Universidad Francisco Marroquín está de fiesta: cumple 50 años de existencia. Es la criatura de Manuel Ayau y un grupo de amigos que se preguntaron ¿por qué es Guatemala una nación pobre? Y ¿cómo podemos salir de la pobreza? Tras mucha investigación sobre el asunto identificaron que la principal razón es el desconocimiento de la ciencia económica por parte de políticos y población en general. Así que decidieron fundar una universidad donde se resolviera ese problema. El resultado es la Universidad Francisco Marroquín, cuya meta es la búsqueda de la excelencia académica y la formación de hombres libres y responsables.

Al igual que Atlantis, la comunidad de hombres libres en la novela La Rebelión de Atlas de Ayn Rand, se encuentra en un barranco. Referida en el mundo académico liberal clásico como el “Barranco de John Galt” se ha convertido en un faro de libertad y honestidad intelectual. Y es que en ésta no hay libros prohibidos ni censurados. Quieres saber de Marx, allí lo encuentras. Quieres saber de Comte, allí lo encuentras. Quieres saber de Adorno, allí lo encuentras. Quieres saber de Menger, allí lo encuentras. Quieres saber de Adam Smith, allí lo encuentras. Quieres saber de John Stuart Mill, allí lo encuentras. Quieres saber de Keynes, allí lo encuentras. Quieres saber de Hayek, allí lo encuentras. Quieres saber de Mises, allí lo encuentras. Quieres saber de Rand, allí lo encuentras. Lo que quieras saber allí lo consigues. Y, además, en la universidad se fomenta y favorece la discusión racional de toda idea y teoría. (Algo que se está perdiendo en las universidades del mundo donde la modalidad es el adoctrinamiento de ideologías y el ataque ad hominem – producto del polilogismo marxista -contra todo aquel que piense distinto). En las aulas es común la discusión socrática, método éste que consiste en leer textos y examinarlos mediante su discusión entre alumnos y profesores. También se celebran numerosos seminarios donde se leen libros y discuten socráticamente entre profesores y amigos de la universidad que asisten regularmente a estos simposios. Aquí no se impone ninguna idea y cada quien saca sus propias conclusiones de la discusión.

Aunque se busca la excelencia en cada disciplina, sea esta arquitectura, medicina, nutrición, odontología, derecho, psicología, economía, negocios, cine y artes visuales, política y relaciones internacionales, artes liberales, o posgrados y doctorados, también se busca que cada egresado conozca de economía por medio de los cursos que imparte para todo alumno el Centro Henry Hazlitt.

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Pero ¿por qué todo el mundo debería saber de economía? 

¿Acaso, porque parece que todas las cuestiones políticas de hoy se refieren a problemas llamados económicos? ¿O es porque cada acción que hacemos tiene que ver con la economía? ¿O tal vez, porque al tomar una posición política, o unirse a un partido político, o emitir su voto, todo el mundo está, implícitamente, tomando una posición sobre las teorías económicas esenciales?

¿Acaso no podemos eludir la responsabilidad y las consecuencias de las decisiones económicas, ni siquiera optando por dejar que algún oscuro especialista de un círculo esotérico decida por nosotros? ¿O es porque no podemos permitirnos el lujo de estar implicados en alguna política que no rastrea los efectos sobre nuestros propios intereses a largo plazo? ¿O tal vez, lo que no podemos permitirnos es ser conducidos al camino de la servidumbre?

Como dijo Ludwig von Mises en su libro Acción Humana, la economía es la filosofía de la vida humana y la acción humana, y por lo tanto, concierne a todos y a todo. Y cito de su libro: 

“[La economía] es la médula de la civilización y de la existencia humana del hombre”.

La afirmación de Mises de que la economía es la médula de la civilización y de la existencia humana del hombre, es bastante reveladora. Pero algunos bárbaros, como parásitos, han conseguido viajar a través de la historia con los ciudadanos, saqueando todo lo que han podido. Y ellos también se refinaron. Ahora, para saquear usan el arma más poderosa que pueden agarrar: el gobierno. Tratan de justificar sus crímenes convenciendo a sus víctimas con ideologías falsas, equívocas y engañosas. Y están destruyendo la ciudad, transformando a los humanos libres en ganado u ovejas serviles, y a sí mismos en pastores ordeñando el rebaño.

La ciudad es una asociación libre y voluntaria de comerciantes, de personas libres, que cooperan intercambiando valor producido por valor producido, disfrutando de todos sus derechos, protegidos por la ley, basados en principios éticos fundamentales, para que cada ciudadano pueda actuar libremente para ser virtuoso, con su objetivo de prosperar y florecer, y vivir una vida agradable. La ciudad es una asociación contractual. Su forma de gobierno es una República constitucional. Esta asociación es el medio para todos los fines ciudadanos.

Los saqueadores intentan destruir la ciudad o la República, y su manifestación, el libre mercado, introduciendo la Democracia, cambiando el estado de derecho al gobierno de la turba, el libre mercado al mercado socialmente controlado. Pero la democracia, como señaló Aristóteles, es una transición a la oligarquía, el gobierno de una élite gobernante, representada por un dictador o un rey, y una economía totalmente controlada.  Si los saqueadores tienen éxito, el hombre se convierte en un medio para los fines de la clase dominante.

Entonces, ¿qué antídoto, qué arma conceptual puede utilizar el ciudadano, el librecambista, para defenderse de los saqueadores? Conocimiento de economía, por supuesto. La economía no es una ciencia histórica. No descubre sus leyes mirando la historia, que ya está teñida de ideología. Como dijo Mises, la economía, al igual que la lógica y las matemáticas, es una muestra de pensamiento abstracto. Y uno debe saber economía por la misma razón que uno necesita saber lógica y matemáticas. Porque la razón del hombre no es infalible, porque pensar correctamente no es fácil, el hombre necesita estas tres disciplinas de razonamiento correcto. Al igual que la lógica y las matemáticas, la economía ayuda al hombre en su proceso de pensamiento, para que no caiga en los escollos del razonamiento malo y defectuoso. Ayuda al hombre a identificar falacias ideológicas disfrazadas de “teorías económicas” cuyo propósito es el saqueo de unos para beneficiar a otros, estableciendo la antítesis del propósito de la ciudad: en lugar de una situación de ganancia- ganancia, una situación de ganancia- pérdida. Ayuda a destruir la afirmación de los saqueadores de que las leyes de la economía a gran escala son diferentes y contradicen las políticas económicas pequeñas. Ayuda al hombre a identificar la verdad de lo que dijo Adam Smith: “lo que es prudencia en la conducta de toda familia privada, difícilmente puede ser locura en la de un gran reino”. 

Henry Hazlitt dice en su libro Economía en una lección, que la economía es la ciencia de rastrear los efectos de alguna política propuesta o existente no en algún interés especial en el corto plazo, sino en el interés general en el largo plazo. Al ver que la economía es una ciencia de rastrear las consecuencias, de establecer relaciones causales, debemos saber que, al igual que la lógica y las matemáticas, es una ciencia de reconocer las implicaciones inevitables, aunque no son necesariamente implicaciones obvias.

Así pues, el conocimiento de la economía es un asunto de la supervivencia para la civilización. Por eso, en la Universidad Francisco Marroquín, todos los estudiantes, sin importar a qué escuela asistan, ya sea medicina, derecho, arquitectura, negocios, psicología, etc., estudian las teorías de la economía austriaca. Su vida como ser humano depende de este conocimiento. Nuestro objetivo es que cada estudiante entienda los principios de una sociedad de seres humanos libres, éticos y responsables.

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