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¡El lobo! ¡El lobo! ¡Ahí viene el lobo!…

Warren Orbaugh
30 de agosto, 2021

Si alguna lección deja el cuento del pastorcillo y el lobo es que la reputación cuenta. 

Y la justicia exige juzgar objetivamente el carácter y la conducta de un individuo, y actuar conforme a dicho juicio, dándole aquello que se merece.

Un primer elemento de la justicia comprende juzgar ambos aspectos: el carácter y la conducta de una persona. No se trata de juzgar sólo eventos aislados, sino que los mensajes profundos que los incidentes transmiten sobre la persona. El propósito de la evaluación es la identificación de su naturaleza básica, no como humano, sino como individuo. Esta evaluación sirve para proyectar la conducta futura del evaluado. Como las acciones de un individuo dependen de su voluntad, su conducta y carácter, que es el producto integrado de sus acciones a través del tiempo, revelan y muestran en que consiste su naturaleza. De hecho, la conducta y el carácter van de la mano: es a través de sus actos que una persona forma su carácter, y es su carácter el que a la vez influencia su conducta.

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Un segundo elemento de la justicia es que la evaluación del otro debe ser objetiva y, por tanto, reconocer el hecho que uno no puede falsificar el carácter de los hombres, así como uno no puede falsificar el carácter de la naturaleza.

Un tercer elemento de la justicia consiste en actuar basado en la evaluación objetiva que uno hace del otro y tratarlo como merece, conforme a su mérito. El mérito es una acción digna de premio o castigo, de confianza o desconfianza. Esencialmente, tratar a otros como se merecen, significa responder a su conducta buena, positiva, con recompensas, y a su conducta mala, negativa, con castigos.

Si el fin de una persona es su propia felicidad, no puede desligarse de la necesidad de juzgar a otros individuos y de tratarlos como merecen. La alternativa sería traicionar uno sus propios valores y su felicidad. Las virtudes de los otros contribuyen enormemente a un ambiente del cual podemos beneficiarnos. Entre más virtuosos sean los otros, entre más racionales, honestos y productivos sean, mejores compañeros serán, gente de la que uno puede aprender y con quien puede uno intercambiar valores. Podemos beneficiarnos enormemente de gente productiva, pero no de parásitos. Podemos confiar en gente honesta, pero no en deshonestos. Podemos contar con la gente íntegra, pero no con los hipócritas. 

Tratar a una persona como se lo merece es respetar la causalidad. Una persona para ser meritoria de, o merecer algo, debe hacer algo, pues el mérito no es un estado natural, ni una cualidad con la que uno nace. Más bien, el mérito significa un proceso: crear una causa que garantiza un efecto. Tratar a una persona como se merece es permitir que la causalidad siga su curso natural.

La tolerancia y condena indiscriminada son dos variantes de la misma evasión. El tratar de evadir la responsabilidad de emitir juicio moral. Abstenerse de condenar el mal, es convertirse en un accesorio del crimen del malvado.

Y esta reflexión es relevante porque últimamente ha circulado en redes y algunos medios noticiosos el rumor de que unos rusos le entregaron una cuantiosa suma de dinero, envuelta en una alfombra, al presidente de la república, como soborno para facilitar una concesión en la Empresa Portuaria Santo Tomás de Castilla. Tal afirmación se basa en la declaración que un supuesto testigo le hiciera al exfiscal Juan Francisco Sandoval. El exjefe de la FECI, al ser destituido, sustrajo copias de documentos del Ministerio Público donde se supone se encuentra la denuncia del presunto testigo y según afirmó, los entregó a las autoridades de Estados Unidos y al medio estadounidense The New York Times.  

¿Te parece familiar esta línea de conducta? Un testigo, un colaborador eficaz, que denuncia un supuesto crimen que resulta conveniente a los propósitos de cierto grupo.

¿Qué persigue esta línea de conducta?

Al igual que las raquíticas manifestaciones organizadas por los progres guatemaltecos y amigos internacionales, o debería decir, de la Internacional Socialista, lo que pretende es la destitución del presidente y allegados de turno. Su fin remoto es imponer un gobierno socialista totalitarista. Y para eso se orquesta el apoyo de diversas facciones, medios y personajes de las redes sociales.

¿Y el medio que usan no se te hace conocido?

El medio es la mentira.

Sí, el medio es la mentira, pero no como error, sino como deliberada e inmoral intención de falsear la realidad para alcanzar sus propósitos. Pretenden manipularnos, usarnos como medios para sus fines. Al igual que cualquier estafador, que cualquier truhán, no respetan nuestra racionalidad porque saben que de conocer la verdad no tomaríamos la decisión que pretenden y no los apoyaríamos. Quieren obligarnos a actuar en contra de nuestro mejor juicio al mostrarnos un escenario que no es cierto

Acaso no hemos sido testigos los guatemaltecos de como han implementado una y otra vez esta estrategia. Con ayuda de sus aliados internacionales crearon la CICIG, de la que Sandoval era un miembro clave, y cooptaron el sistema de justicia colocando a sus miembros en las cortes, la Corte de Constitucionalidad, el MP, y la Procuraduría de Derechos Humanos. Montaron juicios para perseguir a sus enemigos políticos, a aquellos que los derrotaron en la lucha armada. Mintieron inventando un genocidio que no se dio para poder ignorar la amnistía firmada en los acuerdos de Paz, que evidentemente nunca han pretendido respetar. Mintieron para violar el legítimo proceso y así condenar a sus víctimas. Y, contrario al decoro de todo juez que se supone imparcial, los jueces celebraron condenar a sus enemigos al finalizar la farsa – al estilo de las dictaduras totalitarias que fingen aplicar justicia. Sin embargo, el ardid fracasó gracias a buenos abogados y jueces honestos que impidieron tan descarada violación de la ley.

Su fin ha sido botar los gobiernos de turno, con excepción del de Colom, por ser un partido con miembros de la Internacional Socialista. Cuando éste se vio en peligro, mintieron inventando un cuento de telenovela para apaciguar las aguas, al que Castresana denominó “una verdad interina en una fase de proceso”. 

Se valieron de cuanta mentira y método corrupto pudieron para tratar de conseguir las condenas que buscaban. Violaron la presunción de inocencia y publicidad del proceso garantizada en el artículo 14 de la Constitución de la República. Mintieron para desprestigiar y condenar sin pruebas recurriendo constantemente a la acusación pública y exhibición del detenido ante la prensa, escrita y televisada, prohibida por la constitución, mostrando lo poco que les importa el sistema legal del país. La constitución indica que toda persona debe ser considerada inocente y tratada como inocente, mientras no se dicte en su contra sentencia condenatoria definitiva. Pero ellos trataron a sus víctimas como culpables, aunque no se les hubiera probado responsabilidad alguna. Recordemos que pesa sobre la conciencia de sus fiscales la ejecución extrajudicial de Pavel Centeno y las muertes del empresario José Estuardo Valdés Paiz y los médicos Jesús Oliva Leal y Edwin Raúl Castañeda. 

Mintieron con conocimiento de causa al usar y asesorar testigos falsos para tratar encarcelar a Giammattei, a Vielman, y a los Paiz. 

Mintieron cuando para intentar derrocar al presidente Morales le inventaron el crimen de acoso sexual – copiando a sus pares norteamericanos – presentando testigos falsos también. Asimismo, mintieron para poder extorsionarlo, cuando le inventaron un crimen de lavado de dinero a su hermano e hijo. Y cuando por fin se pidió cuentas a estos fiscales de CICIG por esas acciones corruptas y abusivas, se defendieron en contubernio con el Procurador de Derechos Humanos, sus abogados progres y la cooptada Corte de Constitucionalidad. Y cuando el gobierno guatemalteco acudió a la ONU para corregir esa situación, Guterres mostró su juego y evidenció el teatro internacional al tratar de imponer a su alfil diciendo que él nada podía hacer, que la CICIG, creada por la ONU con el gobierno de Guatemala era un ente independiente.

Mintieron cuando concedieron a Rigoberta Menchú el Premio Nobel por un escrito que no es de ella – otra mentira más – una supuesta autobiografía inventada y escrita por una comunista francesa. ¿Y qué pasó cuando esto se hizo público? Nada. Quienes le otorgaron el Premio Nobel se hicieron los suecos pues eran cómplices de la mentira. Y así, otras farsas por gobiernos “amigos” de Guatemala, premiando a jueces y fiscales del grupo de los progres, esos mismos que han violado las leyes y constitución guatemaltecas con fines políticos. Ese teatro mundial del absurdo es esa farsa montada para apoyar a los de su grupo dotándolos de un supuesto prestigio internacional

Y ahora lo vemos de nuevo. Un supuesto testigo. Un supuesto crimen. Un respaldo de actores internacionales, ente ellos, demócratas norteamericanos que durante cuatro años estuvieron tratando de derrocar al presidente Trump por medio de acusaciones ficticias y declaraciones de testigos falsos. Y como acusador, Juan Francisco Sandoval, el exfiscal que durante años practicó estas artimañas para tratar de condenar a sus víctimas.

¿Han sido el exfiscal y sus aliados honestos? La Honestidad es no fingir que la realidad es distinta de como es. ¿Acaso no han creado una supuesta realidad que reemplaza la que no les conviene? ¿No es eso precisamente la esencia de la deshonestidad?

¿Han sido el fiscal y sus aliados sinceros? La Sinceridad, que es la Honestidad aplicada a las relaciones con otros, consiste en no pretender ganar un valor mediante la mentira. ¿Acaso no han tratado de condenar a sus víctimas mediante la mentira?

¿Han sido el fiscal y sus aliados honrados? La Honradez es la virtud de aplicar la racionalidad, la honestidad y la justicia a evitar perjuicios a terceros de modo deliberado. ¿Acaso no han perseguido perjudicar a sus víctimas, que sabían ser inocentes, deliberadamente?

¿Entonces, por qué hemos de creer, esta vez, en sus acusaciones? ¿Merecen que creamos en ellos? ¿Merecen nuestra confianza?

No, no la merecen. Al igual que sucedió con el pastorcillo y el lobo, la reputación del exfiscal y sus aliados ya está bien establecida.

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