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Política sin aplausos

Juan Diego Godoy
04 de agosto, 2021

¿Trabaja usted por los aplausos que le da el jefe? ¿Por el sueldo a final del mes? ¿Cuál es la  razón por la que usted ocupa el puesto que ocupa en su trabajo? ¿Tiene trabajo? Respóndase  esas preguntas en otro momento. Ahora ayúdeme con esta: ¿Trabajan los funcionarios de nuestro  Gobierno por los aplausos del pueblo? ¿Por el sueldo, las dietas y las bonificaciones? ¿Por qué  ocupan los puestos que ocupan? Yo creo que las respuestas son un “sí” y un “no sé” peligrosos.  Y por eso, estamos como estamos. 

Vamos a ello. 

Sin tapujos: aquí nadie trabaja porque sí. Un salario, condiciones y trato dignos son básicos para  el desarrollo de cualquier trabajo sea donde sea. El cheque mensual y la retroalimentación son  dos aspectos necesarios para que las condiciones laborales sean adecuadas y que el trabajo  rinda frutos. Pero los extremos son peligrosos y partiendo de estas condiciones y aterrizando en  el ámbito laboral gubernamental, nos damos cuenta de que por décadas hemos acostumbrado a  nuestros gobernantes a trabajar al son del aplauso y al acecho de salarios demasiado apetitosos  para la debilidad del ser humano.  

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Uno de los grandes problemas de este país es que hemos acostumbrado a nuestras autoridades  gubernamentales a recibir aplausos por cada cosa que hacen. He ahí la razón por la que nuestros  gobernantes llenan sus agendas diarias con la asistencia a actividades que les quitan tiempo útil  que podrían invertir en otros temas del atiborrado calendario del país. Cortar listones en  carreteras o pasos a desnivel inaugurados, dar discursos vacíos en municipios solo por tomarse  la fotografía publicitaria… Si, gobernar es hacer política y sí, la política se escribe con “p” de  publicidad. No somos ilusos ni utópicos como para ignorar esto, pero críticos sí que somos.  

El presidente mejor pagado de Latinoamérica (Q285,250 mensuales – Q33,588 como salario base  y el resto en bonificaciones) no debe estar cortando listones ni repartiendo sacos de comida. El  vicepresidente (Q136,412 mensuales) tampoco ni los ministros (Q42,125 mensuales). Con esos  salarios, tampoco es como que deberíamos aplaudir todo lo que hacen , que muy claro está que aquí nadie es santo ni héroe, ni trabaja por pura caridad.  Un buen jefe —y un buen pueblo— exige y aplaude muy de vez en cuando, no vaya a ser que al  empleado se le suba el orgullo a la cabeza y deje de desempeñarse de la manera en que su  trabajo lo exige. Aplaude cuando debe y punto. 

El debate sobre el monto de los salarios que pagamos a los funcionarios lo podemos dejar para  después. Ya han habido propuestas interesantes en el Congreso (la última del diputado Aldo  Dávila del partido Winaq) para modificarlos y reducirlos, aunque a mí ésta, más que una medida  de combate a la corrupción y de incentivo para que las personas idóneas ocupen los cargos  públicos no por dinero pero por la mera intención de servir, me parece más bien de corte  populista. Pero como digo, el tema tiene sus aristas y es profundo.  

Lo que no es tan profundo es dejar de aplaudirle al mono para que baile y comenzar a exigirle  para que dé resultados. A son de paros que castigan la economía, lo veo muy difícil. A son de  manifestaciones pacíficas, libertad de expresión en las diferentes plataformas mediáticas,  fiscalización perpetua y estricta y la creación de grupos políticos para ocupar los espacios que  nos han sido robados por una promoción de impresentables, sí. Esa es la manera. Menos  aplauso y más propuesta.  

@jdgodoyes  Suscríbase a La Columna Semanal y al Informe Godoy aquí: https://chat.whatsapp.com/ GRfNaM5ZJt02Mn9sMkjSS8

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