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Al pan, pan y al vino, vino (1)

Alejandro Palmieri
07 de agosto, 2021

En la edición digital del jueves 5 de agosto, el periodista y dueño del medio elPeriódico, José Rubén Zamora, publicó una columna (artículo acá) con el título: “Al pan pan y al vino vino” título que yo uso ahora para glosar en una serie de artículos, el suyo; una diferencia, eso sí: yo escribo correctamente el refrán.

Al pan, pan y al vino, vino es un refrán de origen español que según el Instituto Cervantes se dice cuando se habla o se debe hablar con sinceridad, diciendo lo que sea llanamente y sin rodeos; Zamora usa el refrán, pero no lo aplica; no dice las cosas como son, comenzando en el comienzo de su artículo, pues alude a esa muletilla de muchachos revoltosos como Justicia Ya y otros “colectivos”, el ya famoso hashtag #PactoDeCorruptos que luego de años de investigación de Cicig y del MP (el de Aldana, nada menos) no han podido individualizar y mucho menos sindicar en tribunales.  Ese supuesto PdC (para abreviarlo) esta conformado por toda suerte de gente que, según el momento o del tema del que hablen, incluyen a fulano, mengano y perencejo; dicen que Jimmy Morales es parte de él y que también Alejandro Giammattei, pero a su antojo, los muchachos de redes sociales -aunque también recurren al fantasma ese Velásquez, Aldana, et al- meten a diputados, narcodiputados, jueces, magistrados y hasta a empresarios de toda especie.  ¿Hay corruptos en todos esos ámbitos? Si. Sin embargo, el disque PdC no es un grupo de personas plenamente identificadas a las que se les pueda imputar delitos puntuales, sino que es una amorfa y vaporosa entelequia que ni la poderosa Cicig pudo individualizar y que usan como el folclórico coco con el que se asusta a los niños que no quieren dormir.  Que los revoltosos muchachos de redes sociales usen esa denominación para meter en un mismo canasto a todo y a todos aquellos que no comulgan con su ideología o no sirven a sus intereses, pues ni modo, no se puede esperar más de un grupo de jóvenes que creen haciendo bailes alegóricos a modo de Twerk en las calles o, peor tantito, tuiteando todo el día, se hace patria.  La juventud es así.  Sin embargo, que el veterano periodista, nieto del gran Clemente Marroquín, se baje al nivel de protesta callejera, sorprende.  Los detractores de Zamora podrán decir muchas cosas de él y sobre él, pero creo que a pesar de todo, es un periodista que ha demostrado temeridad en un oficio y en un país en los que eso mismo produjo la muerte de muchos periodistas y activistas como él. 

Hasta ahora, no he pasado de las primeras 2 líneas de su artículo y ya pueden ustedes ver, queridos lectores su artículo, claro y preciso, no. 

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La glosa del artículo seguirá en próximas entregas en las que trataré de referirme uno a uno, a los puntos que yo creo que no menciona con claridad y/o con precisión.

El artículo de Zamora no le dice al pan, pan y tampoco al vino, vino.  

(Continuará)

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