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Altruismo, el código moral favorito de los tiranos

Es por todo esto que el altruismo es el código moral favorito de los tiranos, pues es el más importante instrumento de manipulación que haya podido concebirse.

altruismo
Warren Orbaugh |
12 de diciembre, 2022

Sí, el altruismo es el código moral favorito de los tiranos.

¿Pero Warren, cómo afirmas tal cosa si los tiranos no son ni benevolentes ni filántropos, sino todo lo contrario?, te estarás preguntando. Y es que al igual que muchas personas consideras al altruismo sinónimo de filantropía, de benevolencia, de caridad, y de generosidad, pero quizás no reparas en lo que siempre acompaña a ese concepto: abnegación y sacrificio. Porque el término altruismo se refiere a un concepto, esencial a su significado, que se oculta detrás de otros que lo acompañan como parte de un mismo paquete. Veamos su definición:

Altruismo:

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«Sentimiento que mueve a preocuparse del bien ajeno y dedicarle sacrificios o esfuerzos [sinónimo: abnegación]» [Diccionario Kapelusz de la Lengua Española]

«Actitud de quien busca o procura el bien de los demás, aun a costa del propio» [Altruismo - significado de altruismo diccionario (thefreedictionary.com)]

«Diligencia en procurar el bien ajeno aun a costa del propio. [altruismo | Definición | Diccionario de la lengua española | RAE - ASALE]

Comparemos la definición de altruismo con la de sus supuestos sinónimos:

Filantropía:

«Cualidad y actividad del filántropo – filántropo: Hombre que se distingue por su amor a sus semejantes y por sus obras en bien de la humanidad.» [Diccionario Kapelusz de la Lengua Española]

«Sentimiento de amor o de preocupación por la humanidad o por todo lo que afecta a ella.» [Filantropía - significado de filantropía diccionario (thefreedictionary.com)]

«Amor al género humano.» [filantropía | Definición | Diccionario de la lengua española | RAE - ASALE]

Benevolencia:

«Actitud benévola o cualidad de benévolo – benévolo: Que tiene buena voluntad hacia alguien» [Diccionario Kapelusz de la Lengua Española]

«Simpatía y buena voluntad hacia las personas.» [Benevolencia - significado de benevolencia diccionario (thefreedictionary.com)]

«Cualidad de benévolo – benévolo: Que tiene buena voluntad o simpatía hacia las personas o sus obras.» [benévolo, benévola | Definición | Diccionario de la lengua española | RAE - ASALE]

Caridad:

«Virtud que impulsa a auxiliar a los desvalidos.» [Diccionario Kapelusz de la Lengua Española]

«Actitud del que se interesa por los que se encuentran en situación precaria, se solidariza con ellos y les ayuda.» [Caridad - significado de caridad diccionario (thefreedictionary.com)]

«Actitud solidaria con el sufrimiento ajeno.» [caridad | Definición | Diccionario de la lengua española | RAE - ASALE]

Generosidad:

«Cualidad de generoso – generoso: Que da a los otros de lo que tiene.» [Diccionario Kapelusz de la Lengua Española]

«Cualidad de la persona que da a los demás, de forma desinteresada, lo que tiene.» [Generosidad - significado de generosidad diccionario (thefreedictionary.com)]

«Cualidad de generoso – generoso: Dadivoso, franco, liberal. Que obra con magnanimidad y nobleza de ánimo.» [generoso, generosa | Definición | Diccionario de la lengua española | RAE - ASALE]

 

Como te habrás dado cuenta, a los supuestos sinónimos les falta el componente esencial del altruismo, ese que realmente lo define, que lo describe tal cual es: el autosacrificio o abnegación.

La abnegación que según los diccionarios antes citados significa:

«Actitud que mueve al sacrificio de los propios deseos, afectos o intereses, en beneficio del prójimo o de un ideal.» [Diccionario Kapelusz de la Lengua Española]

«Actitud o cualidad de quien es capaz de sacrificarse por otros o por un ideal.» [Abnegación - significado de abnegación diccionario (thefreedictionary.com)]

«Cualidad de abnegado – abnegado: Que se sacrifica o renuncia a sus deseos o intereses, generalmente por motivos religiosos o por altruismo.» [abnegado, abnegada | Definición | Diccionario de la lengua española | RAE - ASALE]

El paquete con el que los paladines del altruismo pretenden vendértelo es en realidad una contradicción en términos. ¿Qué tiene de filantrópico exigirle a alguien que se sacrifique por otro? ¿Es amor a su semejante el exigirle que se inmole por beneficiar a otro? ¿Qué tiene de benevolente exigirle a una persona que sufra para que otro disfrute? ¿Dónde está la buena voluntad hacia quien se le exige el sacrificio de sí mismo? ¿Cuál caridad pretende ser esa que en lugar de solidarizarse con los desvalidos desampara a quien se exige el autosacrificio? ¿Qué tipo de generosidad es la que exige al individuo que renuncie a sus valores, a su vida en favor de otro?  El exigirle a alguien que sea altruista no es ni filantrópico ni benevolente ni caritativo ni generoso. Es malicioso, malintencionado, malevolente – pretende usar a las personas para los fines de otros. La filantropía, la benevolencia, la caridad y la generosidad no son sinónimos del altruismo – son exactamente lo contrario a este último, son sus antónimos. Los verdaderos sinónimos del altruismo son la abnegación, el autosacrificio, la autoinmolación.

El sacrificio, la inmolación o abnegación, como ideal moral es de antigua data. Es el fin ético de un código heterónomo, impuesto desde edad temprana a base de amenazas y castigo. Y el propósito de esta ideología es poder manipular la conducta de los que han aceptado este código de muerte. Para alcanzar su nefasto fin pretenden convencerte de que el código moral contrario, autónomo, prudencial, que te enseña cuales virtudes sirven para vivir bien es en realidad malo. Este código moral prudencial, cuyo propósito es servirte de guía para florecer se denomina “egoísmo ético”. El egoísmo ético o egoísmo noble, como lo designa Aristóteles, o egoísmo racional, como lo llama Ayn Rand, sostiene que quien ha de beneficiarse de la conducta moral es el agente mismo. Su virtud cardinal, la racionalidad, te sirve para identificar lo que te beneficia y lo que te daña, y así escoger lo primero y evitar lo segundo. Como código ético autónomo, depende del buen uso de tu razón y te hace responsable de tus elecciones. Se basa en el reconocimiento de que el hombre es un fin en sí mismo. Y no es otra cosa si no el principio natural de autopreservación llevado al nivel conceptual, propio de seres racionales. Mientras que el altruismo requiere obediencia a una autoridad superior, el egoísmo ético requiere libertad para deliberar y actuar según el propio juicio.

Al reconocer que el hombre, por ser racional, es un fin en si mismo, Francisco de Vitoria, el gran teorizante de los derechos del hombre de la Escuela de Salamanca afirmó en sus relecciones, que el hombre es libre por naturaleza y que la libertad es más útil que cualquier otro bien privado:

«Los hombres no nacen esclavos sino libres. Por derecho natural los hombres son libres.»

El derecho natural o ius naturae (ius significa justo, correcto, recto, derecho), nos dice Vitoria, se concibe como un cuerpo de primeros principios (prima praecepta) evidentes en sí mismos, que ningún ser racional puede dejar de ver. Entre estos principios están la ley del dominio de la propia persona, la ley de sociabilidad y comunicación del hombre (animal sociabile) – obligado por naturaleza a vivir en sociedad, apoyándose unos a otros, para sobrevivir – el principio de hacer con los demás como uno quiere que hagan con uno, el poder y derecho de autodefensa, por tanto, no debe matar a hombre inocente alguno, el derecho de viajar (ius peregrinandi) y el derecho de predicar (ius praedicanti), es decir, derecho a la libre expresión.

Las ideas de Francisco de Vitoria fueron recopiladas primero por Beltrán de Heredia, y luego en 1554, Bartolomé Sánchez hizo una versión revisada. La primera edición impresa se publicó en Lyon por Jacques Boyer en 1557. Y en 1563, el fraile Dominico Alonso Muñoz de Tevar, alumno de Vittoria, publicó la segunda edición en Salamanca. Sus ideas se conocieron en el mundo europeo continental y anglosajón debido a que numerosas ediciones impresas de sus lecciones aparecieron en el siglo diez y seis y los subsecuentes en Ingoldstadt, Lyon, Venecia, Antwerp, Colonia, Heidelberg, Oxford, y a pesar de haber aparecido en el Índice de libros prohibidos, en Madrid. En 1605 Lonardo Lesio, un jesuita, publica un resumen de todas estas ideas en su libro De iustitia et iure cæterisque virtutibus cardinalibus, libri IV. El florentino Bernardo Davanzati llevó estas ideas a Italia. Y Hugo Grocio difunde en 1609 a través de sus obras las ideas de Vitoria por el mundo protestante. Samuel von Puffendorf, quien lee a Grotius, las difunde por Alemania, Austria, Prusia y Suecia. Las ideas allí vertidas formaron parte importante de los Dos Tratados de Gobierno de John Locke, quien lee directamente a Covarrubias y a Juan de Mariana, tratados éstos que a su vez influenciaron a los independentistas norteamericanos, quienes en su declaración de independencia resumen el pensamiento de Vitoria, este prócer de los derechos del hombre.

Y también formaron parte importante de la Fundamentación para una metafísica de las costumbres y de Hacia la paz perpetua de Kant, quien las conoció por medio de Hugo Grocio y Samuel von Puffendorf. Escribió Kant en este último que los derechos individuales son principios morales para guiar y normar la conducta de los hombres en sociedad. El principio principal al que alude es el principio de humanidad que reconoce que la persona es un fin en sí misma y que reza: «obra de tal modo que trates a la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin y nunca solamente como un medio». Y basado en este precepto, anota Kant en el mismo libro, su oposición a que los gobernantes usen y consuman a los súbditos como cosas a las que pueden manipular arbitrariamente como tropas para sus guerras de agresión: «Además, ser tomados por un salario para matar o ser matados parece conllevar un uso de los seres humanos como meras máquinas e instrumentos en las manos de otro (del Estado), lo cual no se puede conciliar con el derecho de la humanidad en nuestra propia persona.» Esta sentencia desarma la supuesta justificación de la moral de abnegación usada por gobernantes para persuadir a sus súbditos de que deben sacrificarse por el ideal del Estado.

Sin embargo, la ética de abnegación tuvo en Augusto Comte un salvador que la defendió contra los embates de los ilustrados. Acuñó el término “altruismo” (del latín “alter” = otro) para designarla y la opuso al individualismo, la doctrina política que sostiene que los hombres tienen derecho a su vida, libertad y propiedad. El fundamento del altruismo es la negación de todo derecho:

«La idea de derecho debe desaparecer de lo político, así como la idea de causa del dominio de la filosofía. …El positivismo nunca admite nada más que deberes, de todos para con todos. Para su persistente punto de vista social no puede tolerar la noción de derecho, basada constantemente en el individualismo. … Todo derecho humano es tan absurdo, como inmoral.»

[Auguste Comte, El Catecismo de la Religión Positivista, Conversación XI, “Vida Pública”.]

Pero, como descrito así, en toda su crudeza, resulta repulsivo, para hacer a esté código moral más aceptable, Herbert Spencer se encargó de crear el paquete con el que hoy te lo venden. Por eso mucha gente cree hoy que altruismo y benevolencia o caridad o filantropía o generosidad son lo mismo. No obstante, la verdadera naturaleza del altruismo puede verse hoy en el hecho de que se invoca como justificación para la manipulación de jóvenes rusos que hacen Putin y el Kremlin. No los consideran personas, sino que los tratan como si estos jóvenes fueran cosas, como si fueran soldaditos de plomo, que mandan a matar o ser matados en Ucrania, meramente juguetes que pueden manipular arbitrariamente para jugar a su guerra de invasión. ¿Qué tienen que ganar estos jóvenes de esa correría? ¿Qué beneficio puede traerles quitarles la vida a otros jóvenes que posiblemente ni conocen, o peor, que son sus amigos, que como ellos gustan de la misma música, mismas películas, y disfrutan en las mismas fiestas? ¿Qué provecho puede traerles el destruir familias, ciudades, mujeres, ancianos, niños? ¿Qué bien puede traerles el perder una pierna o las dos, un ojo o los dos, un brazo o los dos, o la vida misma? Y todos estos sacrificios son para que el carnicero de Putin y sus generales, que no pisan el terreno de batalla, jueguen a la guerra, cómodamente en los salones del Gran Palacio del Kremlin con el propósito de cebar su vanidad de sentirse los modernos Atila el Huno y sus huestes. Y ¿cómo justifica Putin y sus compinches el sacrificio de miles de jóvenes? Convenciéndolos de que morir por la patria es una ¡causa noble! Llamando héroes a los fallecidos y mutilados y dándoles como premio por su sacrificio por la patria, unas medallitas, tal como hicieran sus profesores de párvulos cuando se comportaban como les decían.

Y para colmo de injurias, el obsceno discurso de Putin a las madres de los soldados fallecidos, el 25 de noviembre, sirvió para compartir las culpas al decirles que el que sus hijos escojan sacrificarse por la patria se debe a la educación que reciben en sus familias.

Es por todo esto que el altruismo es el código moral favorito de los tiranos, pues es el más importante instrumento de manipulación que haya podido concebirse.

 

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