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Basta de historias

Las brechas causadas por la pandemia profundizaron la necesidad de atención inmediata a estas “claves” del futuro, y otras patentes. 

educación
Diana Brown |
26 de julio, 2022

Hace doce años, el periodista Andrés Oppenheimer publicó un extraordinario libro, Basta de historias, que, como el mismo autor lo describe, es acerca de “La obsesión latinoamericana con el pasado y las doce claves del futuro.” El libro describe una aventura educativa, aventura en el sentido que el autor viajó por doce países, observando los sistemas educativos, desde su historia, su desarrollo, sus avances, sus retos, sus fracasos, y su realidad en ese momento, dos mil diez.

Se revisita hoy el libro, con cierta cautela, pues no solo son doce años de distancia, además hay una pandemia de por medio, y se pregunta, ¿serán válidas las doce claves del futuro que presentan?

Las conclusiones del aquel entonces son las mismas de ahora, con más urgencia, porque han pasado doce años sin cambio, y las implicaciones y resultados son aterradores.

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Miremos más hacia adelante.

Cada país no debe sumergirse en un examen exhaustivo del pasado, sino abrir la mirada hacia el futuro, observando el abanico de oportunidades que se perciben de las experiencias de otros países, no en el espíritu de copiar, sino en el espíritu de percibir qué dinámicas son posibles para así asegurar un avance en los sistemas educativos.

Hagamos de la educación una tarea de todos

Ni los gobiernos ni los estados son propietarios de la educación nacional; los padres de familia, protectores de la juventud que forma la futura ciudadanía, gozan del derecho de elegir la educación que sus hijos cursaran. ¿Cuál es la finalidad de la educación? ¡Ser feliz!

Inventemos un PIB educativo

¿Es posible crear una medición de la calidad y efectividad de la educación? ¿Existen parámetros de medición que puedan cumplir con ese fin? No existen per se, pero no es que no puedan existir; es otorgarle la importancia real y verdadera a la educación en su totalidad, y crearlas.

Invirtamos en educación preescolar

Existen fórmulas financieras para proveer los recursos necesarios para atender a la etapa MAS importante del desarrollo humano; en el momento cuando la persona humana tiene incalculable posibilidad para aprender; y por considerar que su atención es únicamente lúdica, y sin valor, infinidad de veces se deja por un lado. La educación inicial y preescolar es una inversión a largo plazo, que de no cumplir con ella, pierde la persona, pierde el país.

Concentrémonos en formar buenos maestros

El eje del proceso educativo es el docente; es el guía, el moderador del conocimiento, el modelo a seguir, el provocador de cuestionamiento. Su formación debe ser redonda, y selectiva. Ser docente es un arte, no es algo que solo se aprende, se trae, es una vocación que se perfecciona.

Démosles estatus social a los docentes

El docente debe ser reconocido como esa estrella norte que ilumina la ruta del conocimiento. Sin duda es un colaborador en un centro educativo, o es un tutor. Su entrega y esfuerzo, por buscar y encontrar el cómo aprenda cada alumno merece un reconocimiento social especial, no solo monetario.

Ofrezcamos incentivos salariales

El reconocimiento del esfuerzo se visualiza a través de la remuneración. El docente se entrega a su vocación por esa vocación misma, el salario es el medio de vida digna. Si es importante que el salario refleje el constante esfuerzo por perfeccionarse, porque solo así, su alumno recibe más y más.

Hagamos pactos nacionales

La mejora educativa es un esfuerzo colectivo, constante, consciente y complejo. No es una actividad que se inventa al paso; es serio e importante. Toda la sociedad civil debe participar.

Forjamos una cultura familiar de la educación

La familia es el eje de valores y visión dentro del desarrollo de la persona. Su inclusión es esencial para esa claridad y efectividad, y dentro de las ponderaciones oficiales de curriculum y enfoques, la participación de los padres de familia es fundamental.

Rompamos el aislamiento educativo

La educación está implícita en todo, desde la etapa inicial y preprimaria hasta doctorados. Toda persona puede aprender, la carrera o actividad que desea, y así se asegura la creatividad, innovación y diversidad para la formación de un país exitoso.

Atraigamos inversiones de alta tecnología

La pandemia nos demostró esta necesidad. No es lujo, ni es lúdica, es herramienta de acceso para una vida global, la comunicación abierta y generosa, para asegurar el bienestar mundial.

Formemos educación internacional

Las mediciones internacionales establecen estándares de calidad; estas se han mutado por la pandemia mundial. Los resultados de adquisición de contenidos han descendido; ¿y las competencias y destrezas desarrolladas? Otras mediciones son necesarias, porque otros conocimientos se han avanzado. La persona no puede caber dentro de una caja estática .

Abajo la complacencia, arriba la paranoia

Nadie es propietario de la educación; es labor de todos. Se cita al autor: “la educación es algo demasiado importante para ser dejado en manos de los gobiernos…Hace falta que nosotros nos metamos de lleno en la construcción de una cultura de la educación y que fundemos organizaciones civiles … que presionan a los gobiernos para mejorar la calidad educativa.”

Las urgencias son más urgentes, más y más validas. Las brechas causadas por la pandemia profundizaron la necesidad de atención inmediata a estas “claves” del futuro, y otras patentes. Porque

¡La educación es prioridad nacional!

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