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Del egoísmo o amor, 8ª Parte

Lo que caracteriza a la sociedad humana es la cooperación deliberada y, por tanto, la sociedad es fruto de la acción cuyo propósito consciente es el de alcanzar el fin individual de cada uno de los asociados.

Ludwig von Mises
Warren Orbaugh |
13 de mayo, 2024

Revisemos ahora lo que dice sobre el egoísmo Ludwig von Mises, economista austriaco del siglo XX. Mises afirma que el egoísmo bien entendido es la causa fundamental de la civilización. La sociedad no es producto de un instinto gregario, ni una entidad que tiene existencia autónoma, independiente y separada de la vida de los diversos individuos que la integran, actuando por cuenta propia para alcanzar fines distintos de los de cada individuo, conduciendo a la necesidad de someter el egoísmo de los particulares obligándolos a renunciar a sus proyectos puramente personales en beneficio de ésta.

El origen de la sociedad

En su libro LA ACCIÓN HUMANA, en el capítulo VIII “LA SOCIEDAD HUMANA”, Mises pone:

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«La cooperación social no tiene nada que ver con el afecto personal ni con el mandamiento que ordena amarnos los unos a los otros. La gente no coopera bajo la división del trabajo porque deban amarse los unos a los otros. Cooperan porque de esta suerte atienden mejor los propios intereses. Lo que originariamente impulsó al hombre a acomodar su conducta a las exigencias de la vida en sociedad, a respetar los derechos y libertades de sus semejantes y a reemplazar la enemistad y el conflicto por la colaboración pacífica no fue el amor ni la caridad ni cualquier otro sentimiento de simpatía sino el propio egoísmo bien entendido». 

El egoísmo bien entendido

La acción humana es teleológica. Busca un propósito. Es una conducta consciente transformada voluntariamente en actuación que pretende pasar de una situación que el actor considera menos satisfactoria a una que él considera más satisfactoria. La mente le presenta al actor situaciones más gratas que mediante la acción desea alcanzar. Advierte mentalmente la existencia de un curso de acción deliberado capaz de suprimir o, al menos reducir, la incomodidad sentida. Sólo mediante individualizados juicios de valoración puede ponderar la mayor o menor satisfacción personal, juicios que son distintos según los diferentes interesados y, aun para una misma persona, diferentes según los momentos. Al actuar el hombre opta por un curso de acción pues de dos cosas que no puede disfrutar al mismo tiempo, elige una y rechaza la otra. La acción implica siempre a la vez preferir y renunciar, y es siempre racional por ser producto de la deliberación voluntaria, la ponderación y la elección. El que sea siempre racional no significa que siempre es razonable, pues el hombre no es omnisciente y se puede equivocar. Puede así mismo, razonar mal. Pero aun en ese caso, está razonando. 

Lo que caracteriza a la sociedad humana es la cooperación deliberada y, por tanto, la sociedad es fruto de la acción cuyo propósito consciente es el de alcanzar el fin individual de cada uno de los asociados.

«El hombre» nos dice Mises, «actúa siempre para acrecentar su satisfacción personal. En este sentido – y en ningún otro – cabe emplear el término egoísmo y decir que la acción es siempre y necesariamente egoísta».

La sociedad es el medio y no el fin

La sociedad es producto de un comportamiento consciente y deliberado, es acción concertada, cooperación, por darse cuenta de que es por este medio que mejor se satisfacen las apetencias individuales, y que se mejoran las condiciones materiales y espirituales de cada uno. El aspecto social de la acción individual es sólo una orientación determinada que adoptan las acciones individuales. Lo que caracteriza a la sociedad humana es la cooperación deliberada y, por tanto, la sociedad es fruto de la acción cuyo propósito consciente es el de alcanzar el fin individual de cada uno de los asociados. Así lo recalca Mises en el capítulo que estamos repasando de su libro LA ACCIÓN HUMANA:

«Los dos hechos fundamentales que originan la cooperación, la sociedad y la civilización, transformando al animal hombre en ser humano, son, de un lado, el que la labor realizada bajo el signo de la división del trabajo resulta más fecunda que la practicada bajo un régimen de aislamiento y, de otro, el que la inteligencia humana es capaz de reconocer esta verdad».

Continuará.

Del egoísmo o amor, 8ª Parte

Lo que caracteriza a la sociedad humana es la cooperación deliberada y, por tanto, la sociedad es fruto de la acción cuyo propósito consciente es el de alcanzar el fin individual de cada uno de los asociados.

Warren Orbaugh |
13 de mayo, 2024
Ludwig von Mises

Revisemos ahora lo que dice sobre el egoísmo Ludwig von Mises, economista austriaco del siglo XX. Mises afirma que el egoísmo bien entendido es la causa fundamental de la civilización. La sociedad no es producto de un instinto gregario, ni una entidad que tiene existencia autónoma, independiente y separada de la vida de los diversos individuos que la integran, actuando por cuenta propia para alcanzar fines distintos de los de cada individuo, conduciendo a la necesidad de someter el egoísmo de los particulares obligándolos a renunciar a sus proyectos puramente personales en beneficio de ésta.

El origen de la sociedad

En su libro LA ACCIÓN HUMANA, en el capítulo VIII “LA SOCIEDAD HUMANA”, Mises pone:

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«La cooperación social no tiene nada que ver con el afecto personal ni con el mandamiento que ordena amarnos los unos a los otros. La gente no coopera bajo la división del trabajo porque deban amarse los unos a los otros. Cooperan porque de esta suerte atienden mejor los propios intereses. Lo que originariamente impulsó al hombre a acomodar su conducta a las exigencias de la vida en sociedad, a respetar los derechos y libertades de sus semejantes y a reemplazar la enemistad y el conflicto por la colaboración pacífica no fue el amor ni la caridad ni cualquier otro sentimiento de simpatía sino el propio egoísmo bien entendido». 

El egoísmo bien entendido

La acción humana es teleológica. Busca un propósito. Es una conducta consciente transformada voluntariamente en actuación que pretende pasar de una situación que el actor considera menos satisfactoria a una que él considera más satisfactoria. La mente le presenta al actor situaciones más gratas que mediante la acción desea alcanzar. Advierte mentalmente la existencia de un curso de acción deliberado capaz de suprimir o, al menos reducir, la incomodidad sentida. Sólo mediante individualizados juicios de valoración puede ponderar la mayor o menor satisfacción personal, juicios que son distintos según los diferentes interesados y, aun para una misma persona, diferentes según los momentos. Al actuar el hombre opta por un curso de acción pues de dos cosas que no puede disfrutar al mismo tiempo, elige una y rechaza la otra. La acción implica siempre a la vez preferir y renunciar, y es siempre racional por ser producto de la deliberación voluntaria, la ponderación y la elección. El que sea siempre racional no significa que siempre es razonable, pues el hombre no es omnisciente y se puede equivocar. Puede así mismo, razonar mal. Pero aun en ese caso, está razonando. 

Lo que caracteriza a la sociedad humana es la cooperación deliberada y, por tanto, la sociedad es fruto de la acción cuyo propósito consciente es el de alcanzar el fin individual de cada uno de los asociados.

«El hombre» nos dice Mises, «actúa siempre para acrecentar su satisfacción personal. En este sentido – y en ningún otro – cabe emplear el término egoísmo y decir que la acción es siempre y necesariamente egoísta».

La sociedad es el medio y no el fin

La sociedad es producto de un comportamiento consciente y deliberado, es acción concertada, cooperación, por darse cuenta de que es por este medio que mejor se satisfacen las apetencias individuales, y que se mejoran las condiciones materiales y espirituales de cada uno. El aspecto social de la acción individual es sólo una orientación determinada que adoptan las acciones individuales. Lo que caracteriza a la sociedad humana es la cooperación deliberada y, por tanto, la sociedad es fruto de la acción cuyo propósito consciente es el de alcanzar el fin individual de cada uno de los asociados. Así lo recalca Mises en el capítulo que estamos repasando de su libro LA ACCIÓN HUMANA:

«Los dos hechos fundamentales que originan la cooperación, la sociedad y la civilización, transformando al animal hombre en ser humano, son, de un lado, el que la labor realizada bajo el signo de la división del trabajo resulta más fecunda que la practicada bajo un régimen de aislamiento y, de otro, el que la inteligencia humana es capaz de reconocer esta verdad».

Continuará.