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El bien y el mal desdibujados

Cada vez que permitimos que suceda algo contrario a nuestras creencias, sean éstas políticas, religiosas, morales o de otra índole, y no decimos nada al respecto, estamos descomponiendo al “bien” y abriendo la puerta de par en par para que entre el “mal”.

Carolina Castellanos |
06 de abril, 2022

La Real Academia Española define “desdibujado” como “dicho de un dibujo o de otra cosa: defectuoso o mal conformado”.  El título de este artículo lo tomé de algún lugar (no recuerdo dónde) pero me pareció muy atinado.

En la teoría de los valores, la RAE define “bien” como la realidad que posee un valor positivo y por ello es estimable. “Mal” es lo contrario al bien, lo que se aparta de lo lícito y honesto”. Tal parece que a nuestra sociedad está defectuosa y mal conformada.

¿Quién es el responsable de esta descomposición? Empiezo por lo más directo: usted y yo. Cada vez que permitimos que suceda algo contrario a nuestras creencias, sean éstas políticas, religiosas, morales o de otra índole, y no decimos nada al respecto, estamos descomponiendo al “bien” y abriendo la puerta de par en par para que entre el “mal”.

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El sistema educativo es un responsable directo. La indoctrinación, que no es más que una descomposición del bien, la reciben los niños en escuelas públicas y recientemente también en colegios privados. En el interior del país, con la pobreza tan extrema que hay, es muy fácil hablar de ricos y pobres y de culpar a quienes tienen más de no ayudar a aquellos que viven en precariedad. La ideología destructiva se abre paso de par en par con estos discursos de maestros resentidos. Sería muchísimo más productivo para las familias y para Guatemala que los maestros hablaran y educaran sobre emprendimiento. Tendríamos menos pobres.

El mal también está desdibujado. Me pareció redundante pues el mal de por sí, está descompuesto, apartado de lo lícito y de lo honesto. Sin embargo, vemos demasiadas acciones nuevas que parecieran redefinir ese concepto para convertirlo en algo aún peor. Además de la educación, tenemos el sistema de salud cuyo propósito puede ser loable pero la realidad es muy diferente. La precariedad del sistema, su ineficiencia y la extrema corrupción caracterizada, principalmente, por robo a manos llenas, ha causado demasiadas vidas a lo largo de los años.

La política, por definición, es un “mal”. No conocemos a casi nadie ni a casi nada que esté en política para causar un bien o para corregir un mal. Con algunas excepciones que se cuentan con una mano, la política existe para causar un mal a todos los demás que no vivimos de ella. Ya se empieza a hablar del próximo proceso electoral que iniciará en un año aproximadamente, y vemos caras arrugadas, gestos de desagrado y frases como “otra vez lo mismo”, “ya empiezan los favores y deudas políticas”, “no hay por quién votar”, etc. Veremos la danza de millones y, como no se cambia el sistema de elecciones pues no le conviene a los políticos, empezando por los diputados, tendremos los mismos resultados de siempre.

¿Habrá alguna forma de mejorar el “mal” y de crecer el “bien”? Muchos dicen que es imprescindible que las personas buenas se involucren en política para que puedan cambiar sistemas completos de gobernanza, de compras, de inversión, de todo. Estoy de acuerdo en que los buenos hemos dejado que los malos se apoderen del país. Pero, para empezar a enderezar el rumbo, se requiere de todo un batallón que asuma los diferentes cargos, incluyendo Congreso y Organismo Judicial, para realmente hacer prevalecer el bien.

Pienso que la forma más sostenible de lograrlo es por medio de cada uno de nosotros. No tenemos que involucrarnos en política pero sí podemos influir significativamente en nuestro metro cuadrado: familia, trabajo, amigos, la colonia, la sociedad inmediata y las redes sociales. Ningún gobernante, por bien intencionado que esté, lo podrá hacer solo, aún si hacer el bien fuera su única meta en la vida.

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