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El Salario Mínimo como Simulacro

¿De qué sirve hablar de aumentar salarios mínimos si, de entrada, sabemos que 2.4 millones de guatemaltecos no lo van a poder ganar porque no logran encontrar empleo y por eso les toca salir a la calle a hacer lo que pueden?

Salario Mínimo
Lisardo Bolaños |
30 de noviembre, 2022

Hablar del salario mínimo en Guatemala, usando datos y comparaciones internacionales, parece ser un esfuerzo irrelevante: las posiciones ya están tomadas pues el tema se ha vuelto ideológico. Más razón para insistir en escribir sobre esto.

Dado que, para muchos, la discusión del salario mínimo es ideológica, conviene entender mejor esto. Para quienes gustan de Jean Baudrillard, el salario mínimo en Guatemala está en la segunda etapa del signo pues funciona como una representación que, en lugar de ser la realidad, es una perversión de la realidad. No importa lo que la realidad es. Es una máscara. Una distorsión. Es un simulacro, no es lo real. Lo que importa es el discurso. Que se vea bonito el tweet donde el twittero da la apariencia de ser un gran héroe defensor. Que se vea hermosa la portada del diario. Que se oiga bonito en el noticiero. Que se oiga que, defendiendo un salario mínimo el político da la apariencia de ser alguien bondadoso y de buenas intenciones. Pero, como diría Baudrillard, esto es simplemente una perversión de la realidad: estos vendedores de espejitos nos quieren convencer de una realidad que no es tal. 

El grueso y opaco lodo ideológico que cubre sus ojos y oídos no les permite ver aspectos importantes de la realidad:

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  1. Guatemala cuenta con una elevada proporción de autoempleados (33.5%), gente que le toca salir a buscar cómo se gana la vida, vendiendo lo que sea o cosechando lo que sea. De existir más empresas creciendo, estos trabajadores podrían ayudar más a sus familias con ingresos laborando en otra empresa. Este tipo de empresarialidad por necesidad no es la gloriosa empresarialidad á la Ayn Rand. Este tipo de empresarialidad, de 2.4 millones de personas, es una empresarialidad dura e ingrata. Una empresarialidad que suele generar ingresos por debajo del salario mínimo. Estos trabajadores autoempleados ganan, en promedio, Q.1,600 al mes, mientras que el salario mínimo con bono incentivo es de Q.2,954 ó Q.3,209, dependiendo el tipo de empresa. ¿De qué sirve hablar de aumentar salarios mínimos si, de entrada, sabemos que 2.4 millones de guatemaltecos no lo van a poder ganar porque no logran encontrar empleo y por eso les toca salir a la calle a hacer lo que pueden?
  2. La situación de los jornaleros también conviene mencionarla. Equivalen a 914 mil guatemaltecos que ganan en promedio Q.1,157 al mes, muy por debajo del salario mínimo.
  3. Guatemala cuenta con una alta proporción de empleados no remunerados (8.5%), usualmente trabajando para pequeños negocios familiares. De existir más empresas creciendo, estos 600 mil trabajadores podrían ayudar más a sus familias con ingresos laborando en otra empresa y subiendo sus ingresos de cero a Q.2,954 ó Q.3,209, dependiendo el tipo de empresa.

Esta realidad. Esta realidad de 3.9 millones de guatemaltecos no puede ignorarse. Pero, esta realidad, es lo que quieren hacernos olvidar aquellos que se somatan el pecho cada vez que se cuestiona el salario mínimo. Estos 3.9 millones de guatemaltecos son más de la mitad de los trabajadores. Y son quienes, por falta de creación de empresas prósperas, no logran una mejor calidad de vida.

Por eso es importante cuestionar la situación del salario mínimo. Como hemos visto en estos artículos, las oportunidades perdidas para crear empleo formal son considerables. Tan sólo analizando la producción de playeras de algodón y la producción de arneses eléctricos hemos podido encontrar que, debido al nivel del salario mínimo en Guatemala, al menos hemos perdido la oportunidad de generar 18,156 empleos. ¿Qué tanto es esto? En los 30 años previos al Covid-19, creábamos 20,023 empleos formales cada año. Así que viendo SÓLO DOS PRODUCTOS vemos que la creación de empleo formal, producto del salario mínimo, equivale casi a un año perdido de mejoras.

Si con sólo dos productos vemos esto efecto dañino a la potencial creación de empleo, significa que las oportunidades perdidas han sido muy graves para el país. Imaginen si en el análisis agregáramos lo que pudo suceder con el ensamble de motocicletas –un producto que ha crecido considerablemente en la región. Imaginen si agregamos el ensamble de lavadoras, de secadoras, de hornos microondas, de muebles para apartamentos de universitarios, de guitarras con maderas producidas de forma sostenible en las comunidades que cuidan las concesiones forestales de Petén. La lista de potenciales productos puede seguir y las pérdidas de empleo que pudimos crear, seguir creciendo. Tan sólo en el sector de vestuario y textiles existen más de 30 categorías distintas de productos que Guatemala podría exportar tan sólo a Estados Unidos. Y en varias de ellas vemos que Guatemala se queda muy por detrás de su competencia para la cual cercanía a Estados Unidos y costos laborales es importante. Vemos, por ejemplo, cómo tan sólo en pantalones de algodón para hombres Guatemala exportó US$23 millones, mientras que Nicaragua exportó US$206 millones y Vietnam exportó US$701 millones. Quitarles 20% del mercado a ambos países fácilmente crearía aquí 2 mil empleos adicionales.

Pero, mientras tanto, discutir la realidad del salario mínimo no será fácil. Como ya dije, para muchos, el problema es el grueso y opaco lodo ideológico. Para otros, es cuestión de interés: si yo fuera sindicalista nicaragüense o estadounidense, para conservar mi empleo, preferiría que las autoridades guatemaltecas siguieran cometiendo errores manteniendo los salarios mínimos altos.

 

El contenido en la sección de Opinión es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la postura o la línea editorial de República.

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