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En defensa de la reciprocidad

En realidad, si uno llega a negociar con las manos vacías, con toda seguridad terminará con las manos vacías.

Jose Azel
27 de diciembre, 2021

En una “Reflexión del camarada Fidel”, en 2009, el líder cubano advirtió al nuevo gobierno de Estados Unidos, que no trate de poner en práctica la política de “reciprocidad” con Cuba.

Similarmente, en su informe divulgado en 2009 con el título “Cuba: Una Nueva Política de Relación y Crítica Constructiva”,  la Institución Brookings repite palabras de Castro: 

... debemos evitar el error de adoptar la política de reciprocidad”. El Informe Brookings recomienda una serie de iniciativas americanas unilaterales e insiste con vehemencia en que los Estados Unidos no debe buscar concesiones de Cuba. Indica, “Ninguna de las iniciativas, sin embargo, debe estar atada, públicamente o en secreto, a acciones cubanas específicas. Como el gobierno de Cuba ha rechazado todo tipo de táctica de reciprocidad, sería contraproducente hacerlo”.

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Esta es una declaración Chamberlainiana, que sirve para plantear la pregunta, ¿Y por qué es el intercambio quid pro quo de posiciones políticas una herramienta ilícita? ¿Por qué es ilegal e irresponsable, como dicen Fidel Castro y la Institución Brookings, la búsqueda recíproca  de un acuerdo?

La diplomacia efectiva, como también la negociación en todos los aspectos de la vida, requiere que las partes estén dispuestas a hacer concesiones. Ningún esfuerzo diplomático encaminado a lograr concesiones del oponente puede tener éxito si una de las partes decide renunciar a todos sus argumentos de negociación antes de que las negociaciones comiencen.  El abandono unilateral e incondicional de nuestra posición negociadora no es base lógica para una relación constructiva. ¿Por qué insistir en que concesiones legítimas es un fracaso moral o práctico? Las concesiones que Estados Unidos busca no son onerosas. Son de gran valor moral, como pedir la liberación de los prisioneros políticos en Cuba y el respeto por los derechos humanos en la Isla.

El Informe Brookings parece justificar la estrategia que recomienda, evocando un amplio mea culpa para responsabilizar a la política exterior de Estados Unidos por todos los males políticos de Cuba. En su primer párrafo dice el informe: “... no es correcto atribuir la falta de libertad económica y política en la isla sólo o mayormente a las acciones de Estados Unidos”.  

Esta oración sugiere que el régimen represivo de Cuba y su desastrosa política económica son sólo marginalmente responsables del terrible estado de la sociedad cubana. En lo mínimo, la oración asigna a la política de Estados Unidos una responsabilidad desproporcionada a la ausencia de la libertad política y económica en Cuba. ¿Qué es, exactamente, lo que hay en la política de Estados Unidos con Cuba, que impide al gobierno cubano conceder libertades políticas y económicas en la Isla? Conceder estas libertades es cosa que enteramente está dentro del dominio del gobierno cubano. No lo impide en modo alguno la política de Estados Unidos. 

Las abismales condiciones sociopolíticas y económicas de Cuba son el resultado directo de las políticas fracasadas del gobierno cubano y no de las llamadas políticas fallidas del gobierno americano.

La pieza central de la política de Estados Unidos con Cuba debería ser un esfuerzo honorable – aunque sea interpretado como inefectivo—para realzar las libertades civiles y los derechos políticos de los cubanos. Esta es la misma política que durante  años gobiernos republicanos y demócratas han mantenido con América Latina. Bueno, a lo mejor no es posible llevar ese proceso a Cuba, pero eso no significa que unilateralmente debamos abandonar posiciones destinadas a inducir allí un comportamiento democrático.

La relación diplomática casi nunca fructifica con solo apelar a los principios de un adversario. Esta es una estrategia imposible con lideres totalitarios como Kim Yong-il o los Castro. Por definición, diplomacia y la relación diplomática, significan que es necesaria la negociación para hallar soluciones a un problema común, que sean mutuamente aceptables. 

eenunciar a todas las posiciones negociadoras de Estados Unidos a cambio de nada no es una solución aceptable. Cuando en las negociaciones una de las partes hace concesiones incondicionales, la otra parte se las mete en el bolsillo y pasa a hacer otra demanda nueva. Eso es precisamente lo que haría el gobierno de Castro con las concesiones que se recomiendan.  En realidad, si uno llega a negociar con las manos vacías, con toda seguridad terminará con las manos vacías.

 

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