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Endependencia

Celebramos, pues, otro mes de independencia. Esos treinta días nos sentimos orgullosos de ser chapines, en medio de todas nuestras virtudes y falencias.

independencia
Carolina Castellanos |
07 de octubre, 2022

Terminó el mes patrio y con ello las banderitas por todos lados, las celebraciones, las marchas, las actividades cívicas en los centros estudiantiles, las efemérides y y cuanta celebración hay.  Disfturamos de la comida chapina, más de lo usual, de pasteles con la bandera de frostin, de mucho café bien chapín y de un largo etcétera. Todo esto nos hace sentir orgullosos de haber nacido en esta tierra bendita. Como me dijo un buen amigo hace muchos años: “Dios es guatemalteco”. ¡Estoy convencida de ello!

Vivimos endependencia de los fenómenos de la naturaleza, pues de ellos dependerá si logramos movernos de nuestra vivenda al trabajo y de regreso, como sucedió hace pocos días. Estas tormentas destapan el pésimo trabajo que se hizo al construir las calles y carretaras. Los constructores estarán felices por haber salido de pobres, el gobernante o el alcalde de turno de igual forma y nosotros, los ciudadanos que pagamos impuestos, la vamos pasando. Lamento el fallecimiento de las dos mujeres en Villa Nueva.

Vivimos endependencia de la nefasta cooperación internacional que critica todo, se mete de shute, nos castiga cuando no se hace lo que ellos quieren y seguimos endeudados “hasta el copete” para la eternidad. ¿Podemos ser realmente independientes de estos “cooperantes”? A como estamos ahora, difícilmente, pero sí podríamos cortar de tajo la intromisión. Con dignidad, y no con la mano extendida para pedir limosna, podemos proteger a nuestra patria y celebrar la no-tan-pequeña independencia, todo el año.

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Una pésima, nefasta y destructiva endependencia la tenemos con la agenda globalista. Si no digo “todas y todos o “todes”, seré acusada de discriminación. Si no acepto el llamado “cambio climático”, seré acusada de apoyar la contaminación y de defender a las grandes empresas que son acusadas de contaminar y hay que acabar con ellas. Es muy sencillo ir al relleno sanitario o a los ríos y ver cuáles son los desechos más abundantes. No son las grandes y “demoníacas” corporaciones las que tiran desechos. Tampoco lo son las hidroeléctricas que, lejos de contaminar, limpian los ríos pues la basura no puede pasar por la generadora. Ah, pero los jugosos impuestos que éstas pagan, eso sí los quieren.

Endependemos de los nefastos dirigentes como el de educación, que cada año se asegura obtener su buena tajada del presupuesto del Ministerio de Educación y de darle migajas a los maestros. A cambio, tenemos pésima calidad educativa mientras seguimos pretendiendo que Guatemala se desarrolle y prospere.

El movimiento sindical nos hace endepender de ellos para pagar salarios mínimos e imposibilitar cambios de personal. Los salarios y las contrataciones deberían darse por capacidad, nivel de responsabilidad y conocimiento. Habría libre oferta y demanda de trabajadores, lo que motivaría a contar con muchísimas más personas disponibles para contratar y libertad para despedir a quienes no cumplen con su trabajo, roban o abusan.

El sistema electoral y de partidos políticos promueve la mediocridad. Son muy pocos los realmente capaces para dirigir nuestra Guate pero la corrupción enraizada, el sistema trasnochado, corrupto y nefasto para elegir y luego ser nombrado para un cargo, hace que las personas capaces, honestas y con ideas innovadoras no quieran ensuciar su nombre y prestigio.

Celebramos, pues, otro mes de independencia. Esos treinta días nos sentimos orgullosos de ser chapines, en medio de todas nuestras virtudes y falencias. Disfrutamos de la comida, tradiciones, costumbres y tantas cosas de las que sí vale la pena depender pues nos hacen sentir vivos, pertenecientes a una cultura milenaria, mezclada con la importada de España en la conquista, y enriquecida a través de los años, con los inmigrantes de muchos países.

Se acabó el mes patrio, se acerca el fiambre y el Halloween y, en la antesala del proceso electoral, esperaremos que aparezca el ungido que regirá nuestro destino a partir de enero de 2,024. Endependemos, pues, de la historia que se repetirá indefinidamente.

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