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La columna vertebral

Si no hay justicia, no hay paz. Punto. No puede haber justicia si quienes violan cualquier ley no son procesados apegados a derecho y asuman las consecuencias de sus actos, si son hallados culpables.

Carolina Castellanos |
01 de abril, 2022

En anatomía, la columna vertebral es el conjunto de huesos, músculos, tendones y otros tejidos que van desde la base del cráneo hasta el cóxis (información obtenida de google). En la vida diaria, nos referimos a la columna vertebral como la estructura fundamental de algo. A mi criterio, el sistema de justicia es quien cumple, o debe cumplir, esa función.

Desde hace ya varias semanas se está llevando a cabo el proceso de selección conducente a elegir al próximo Fiscal General. La abrumadora mayoría de guatemaltecos no le ponen atención a este proceso, no lo entienden, no les interesa y, consecuentemente, no se involucran ni siquiera opinando al respecto en alguna reunión social o familiar.  Simplemente, no es un tema de conversación.

Sin embargo, el Ministerio Público está plagado de enfermedades que han afectado significativamente la salud e integridad de esa columna vertebral. El cáncer del llamado socialismo, que no es más que una gran farsa para aprovecharse de la ignorancia de muchos y de la debilidad de otros para tener poder, control y cantidades obscenas de dinero, ha logrado penetrar en el proceso.

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La definición de justicia se ha vuelto ideológica. Hay una tuitera que afirma que “el sistema de justicia es un instrumento castigador que se ensaña en contra de los pueblos y/o las personas que luchan, asegurándose de materializar su desprecio a través de condenas injustas.” Esto lo publicó a raíz de la condena a 175 años de cárcel a César Montes, guerrillero acusado de asesinar a tres soldados durante el conflicto armado. Después de más de 30 años, se llevó a cabo el debido proceso y finalmente empieza a cumplir su condena. Esto es justicia para quienes creemos en ella; es un instrumento castigador para quienes defienden a los asesinos.

Otro tuitero, marcadamente “chairo” acusa de asesinos a miembros de organizaciones civiles que defienden la libertad, promueven la justicia, exigen que sea imparcial y luchan a diario por tener un país más civilizado donde haya paz y desarrollo.

Si no hay justicia, no hay paz. Punto. No puede haber justicia si quienes violan cualquier ley no son procesados apegados a derecho y asuman las consecuencias de sus actos, si son hallados culpables.

Sin embargo, no puede haber justicia si las leyes son redactadas de forma que estén sujetas a interpretación. Tampoco puede haberla si los jueces, quienes han jurado defenderla, no lo hacen por tener intereses monetarios, ideológicos o de cualquier otra índole. Mucho menos la habrá si no es pronta y cumplida.

La impartición de justicia, en demasiados casos y en grandes porcentajes, es lenta, ineficiente, corrupta y alejada de la verdad. Un acusado puede pasar años sin ser procesado en prisión preventiva. Si es hallado inocente, habrá perdido años de vida productiva y feliz. Si es culpable, pues habrá cumplido parte de su condena.

Ante la falta de certeza de la aplicación efectiva de la ley, los maleantes de cuello blanco, azul o del color que sea, se “salen con la suya”. Serán imitados por muchos otros que verán un riesgo mínimo a ser capturados.

¿Y las víctimas? Cualquiera que sea el delito, desde el robo de un teléfono celular hasta un asesinato, tendrán sus vidas alteradas por corto o largo plazo, teniendo que aceptar que vivimos en un país donde es más importante acusar sin escrúpulos en las redes sociales que tener un sistema que castigue a quien viola cualquier ley.

Nuestra columna vertebral tiene cáncer y es mortal. Sí se puede curar al aplicar medicamentos adecuados: un proceso limpio y abierto de elección del nuevo Fiscal General, una limpieza profunda de todas las células cancerígenas corruptas a lo largo y ancho del sistema de justicia y un apoyo incondicional a este tratamiento por parte de los otros dos organismos de Estado: el Ejecutivo y el Legislativo.

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