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La mirada de la izquierda europea sobre América Latina y el temor al populismo

El nuevo estilo de populismo del siglo XXI promovido por Hugo Chávez, es posiblemente más peligroso y virulento que su predecesor, porque utiliza una combinación de recursos estatales, criminales, redes sociales y organizaciones civiles aprovechando quejas sociales legítimas para desestabilizar.

Melanie Müllers |
28 de diciembre, 2021

En la década de 1960 y 1970, la izquierda europea volteó hacia América Latina y vio la realización de sus sueños socialistas, que no parecían posibles en el viejo continente. Hoy, sin embargo, se observa con cierta sorpresa el vuelco político en la región. Los líderes  políticos europeos se sienten inquietos por personajes en América Latina como Hugo Chávez (Venezuela), Evo Morales (Bolivia) y Rafael Correa (Ecuador) y usan el término "populismo" para definirlos. Sin embargo, el término es tan flexible que dice menos sobre quienes supuestamente lo practican que sobre quienes lo usan con intenciones despectivas, es decir, la misma izquierda europea que ya no encuentra hoy a los "buenos” revolucionarios tan admirados en el pasado en América Latina.

La imagen que transmite América Latina después de tres décadas de desarrollo democrático en gran parte sin perturbaciones difícilmente podría ser más compleja y colorida. No se puede pasar por alto un rasgo sorprendente: La izquierda ha ganado más espacio y su gobierno parece estar hoy sobre bases más sólidas que en episodios políticamente similares de épocas anteriores.

Hoy la izquierda europea ya no mira a América Latina en busca de los "buenos” revolucionarios como modelos. Ella está ocupada rastreando a los dictadores, como Chávez, Morales y Correa, cuyo estilo de liderazgo populista promete una futura traición. En su opinión, su política se limita a un discurso extravagante desplegada de forma inepta y desvinculada de la realidad, aunque estos gobiernos, contrariamente a muchos clichés, venden un futuro económico asombroso e incluso en la búsqueda la fórmula magica horizontes utópicos. Si los populistas latinoamericanos son un factor disruptivo es principalmente porque, a pesar de su pragmatismo, aún no han renunciado al objetivo del cambio social. Algo que la izquierda europea ha revelado desde hace mucho tiempo, la izquierda alcanzó su rango de partido gobernante después de perder la batalla de ideas.

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La verdadera razón por la que estos gobiernos son el blanco de tantos ataques hasta ahora, es porque en muchos aspectos, actúan como el cargo de conciencia de una izquierda que ha renunciado a los ideales que habían formado su nube ideológica durante décadas y por su creciente popularidad entre los estratos más bajos con la "teoría del complot". El concepto de populismo ofrece, además de un discurso supuestamente despolitizado, promueve una ruptura entre las "masas" y sus representantes tradicionales. Es un esquema de masificación conveniente que genera un fraccionamiento con un discurso de culpas (políticos diosificados) y un (pueblo ignorante) y así libera a la izquierda europea de cualquier responsabilidad.

El entorno estratégico de América Latina se encuentra en las primeras fases de una transformación profunda y negativa que refleja los efectos combinados de tres de las fuerzas globales más poderosas de nuestra era:

  1. La difusión de un nuevo modelo populista para capturar estados democráticos con vulnerabilidad, instituciones y transformarlas en regímenes autoritarios con mayores niveles de criminalidad.
  2.  El golpe profundo, multidimensional y de largo plazo de la pandemia Covid-19 en la región.  
  3. Los avances de China en la consecución de sus ambiciones económicas, que tienen profundas consecuencias económicas y políticas para sus socios.

Cada uno de estos factores ha sido objeto de un debate considerable tanto en los medios de comunicación, foros académicos y cámaras de comercio, pero las consecuencias significativas para la región de sus efectos que se refuerzan mutuamente apenas están comenzando a comprenderse.

El nuevo estilo de populismo del siglo XXI promovido por Hugo Chávez, es posiblemente más peligroso y virulento que su predecesor, porque utiliza una combinación de recursos estatales, criminales, redes sociales y organizaciones civiles aprovechando quejas sociales legítimas para desestabilizar.

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