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Las Comunidades Socialistas rectifican –poco- con los impuestos

Una bajada bien diseñada de impuestos favorece el crecimiento y el empleo y además no pone en peligro los servicios públicos.

impuestos
Daniel Lacalle
03 de octubre, 2022

La bajada de impuestos pone en peligro la sanidad”, nos decían. Lo triste de esa falsedad es que alguien se la crea. La sanidad no se pone en peligro por bajar impuestos porque mantener impuestos altos no solo no recauda más, sino que frena el crecimiento y el empleo.

La idea de que un servicio público solo puede mejorar si se gasta más solo se le ocurre a un burócrata. Pero la idea de que hay que subir impuestos porque también hay que financiar todos los gastos prescindibles solo se le ocurre a un burócrata extractivo.

La realidad es que las bajadas de impuestos expansivas recaudan más porque dejan respirar a familias y empresas. En la Comunidad de Madrid, la bajada de impuestos de 2007 favoreció un aumento de 6,6%  de la recaudación. La reducción de 2014 favoreció un aumento de 1,5%, la de 2015 un 6,8%, y la de 2019 un 9,5% según datos oficiales. La Comunidad de Madrid ha mejorado la recaudación en periodos de pobre crecimiento y de dificultades gracias a esas bajadas de impuestos.

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No solo ocurre en Madrid. Las bajadas de impuestos de 2015 y 2016 en el estado español se pagaron solas. Los agoreros decían que «las bajadas de impuestos reducirán la recaudación en términos absolutos». Pues bien, la recaudación no solo aumentó gracias a mayor actividad económica, sino que lo hizo mejor, subieron las bases imponibles y, además, se redujo el déficit.

En 2017, un año después de la bajada del IRPF, los ingresos por este tributo subieron un 6,4%, permitiendo que se intensificase el crecimiento del empleo, y por encima el PIB nominal.

Menos IRPF también supone más ingresos por consumo.

En 2015 y 2016, años en que se bajó el IRPF, la recaudación por IVA subió un 7,4% y un 4,2%. En 2017 subió un 1,3%.

En 2015,  2016 y 2017, años de las bajadas del Impuesto de Sociedades, la recaudación creció un 10,3%, un 5% y un 6,8%, más que el PIB nominal (4% media).

La base imponible agregada de los principales impuestos aumentó un 4,3% en 2016, casi dos puntos más que el año anterior y también por encima del PIB. Además, aumentó la contratación.

Una bajada bien diseñada de impuestos favorece el crecimiento y el empleo y además no pone en peligro los servicios públicos. No significa bajar los impuestos a cero. En el debate político se nos vende la idea de que bajar los impuestos es vaciar la caja del estado cuando la realidad es que ya pagamos muchos impuestos. El esfuerzo fiscal en España es del 0,18% de la renta disponible per cápita en cuanto a paridad de poder de compra, superior al 0,17% de la media europea, y supera a países como Francia, Suecia, Finlandia, Bélgica, Países Bajos, Alemania y, sobre todo, Irlanda, como muestra el estudio del Círculo de Empresarios.

Los gobiernos regionales de Valencia, Extremadura y Cantabria han rectificado su posición confiscatoria y extractiva ante la evidencia de que los resultados electorales pueden ser un desastre. Pero la rectificación es mínima. Revilla, en Cantabria, no descarta una rebaja de impuestos para que Cantabria no se quede ‘descolgada de la especie de marea lamentable de a ver quién regala más’. Atención a la palabra. Revilla considera que devolverle a los ciudadanos parte de lo que han contribuido es “regalar”.

En Extremadura y Valencia las rebajas anunciadas son cosméticas e insuficientes, solo orientadas a acallar un clamor de los contribuyentes, hartos de pagar cada vez más impuestos para mantener gobiernos despilfarradores. Desafortunadamente, y a pesar de los titulares, la rebaja de Valencia y Extremadura mantendrá ambas regiones con niveles de esfuerzo fiscal muy superiores a la media de las regiones y países más dinámicos.

Lo que es evidente es que el gobierno no escucha a los ciudadanos y los barones de las comunidades autónomas han tenido que actuar ante una posible debacle electoral y rectificar sus políticas fiscales.

Las familias de la clase media española soportan una subida de impuestos de hasta 800 euros de más al año por negarse a deflactar el Impuesto sobre la Renta según los actuales niveles de inflación, según cálculos de Ignacio Ruiz Jarabo y Javier Santacruz. Mientras el gobierno mantiene todos los excesos de gasto y duplicidades, las familias están penalizadas dos veces. Pagan más impuestos y sufren el hachazo de la inflación.

Recordemos que deflactar impuestos no es bajarlos, pero no deflactarlos sí es subirlos.

Lo triste es que las comunidades autónomas socialistas solo rectifiquen por miedo electoral o, como dice Revilla, por “la marea” en vez de darse cuenta de que el expolio fiscal constante nos condena a seguir con tasas de paro elevadísimas, pobre crecimiento y baja productividad.

Dice Patxi López que “la idea de que el dinero está mejor en el bolsillo de los contribuyentes es una falacia”, pensando probablemente que el dinero está mejor en su bolsillo y el de los 22 ministerios y 800 asesores. Como la frase de Calvo de “el dinero público no es de nadie” es mentira. Es dinero del contribuyente, y sí, está mejor en las familias que lo gestionan mucho mejor.

Los mensajes de que ellos aplican “progresismo fiscal y no populismo” disfrazan que han tenido que recular sobre su postura numantina con los impuestos y que, encima, no les gusta mejorar la situación de los contribuyentes. Es triste, pero no aciertan ni cuando rectifican.

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