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Las reglas aplican para todos

Debemos contar con las mejores personas para ser funcionarios públicos. La decisión más crítica es la selección de personas que integrarán ese equipo que jugará por Guatemala.

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Salvador Paiz |
16 de marzo, 2023

El fútbol es un deporte con las reglas claras. Los árbitros están allí para supervisar que las reglas se cumplan y, en caso contrario, aplicar las sanciones debidas. Imaginemos que “meter mano en el área” sea sancionado, pero solo para unos jugadores y para otros no. Sería inaceptable. Lo mismo sucede en la contienda electoral por lo que las reglas deben aplicar igual para todos. Esta semana fue evidente la subjetividad con que se aplican las reglas dependiendo del jugador en cuestión.

Durante el fin de semana se dio a conocer que el Tribunal Supremo Electoral (TSE) habría resuelto registrar a un candidato a diputado en el listado nacional, a pesar de los impedimentos legales en su contra. Inmediatamente se hizo sentir la indignación ciudadana ante tan flagrante y evidente “penalti”. Este martes el TSE se retractó y dio marcha atrás a la inscripción del personaje en cuestión.

A diferencia del futbol, donde las reglas están claramente establecidas, el problema de fondo recae en que la norma general carece de criterios objetivos para determinar a quienes se les debe marcar la falta. En nuestro proceso de registro de candidaturas existe el requerimiento constitucional de “capacidad, honradez e idoneidad” para cada candidato. Sin embargo, nos hace falta aterrizar criterios objetivos, previamente establecidos y que se apliquen en igualdad de circunstancias para todos los candidatos.

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Vale la pena recordar que el primer filtro, en estricta teoría, lo deben de implementar los secretarios generales de los partidos políticos. Son ellos quienes tienen la responsabilidad legal de depurar sus propios listados. Harían bien en definir y transparentar los criterios objetivos que aplicarán. Así como las empresas publican sus pactos de ética y normas aceptables de conducta, también los partidos deben demostrar que implementan un procedimiento para verificar. Sobre todo en el caso de cada candidato, el cumplimiento de los preceptos del artículo 113 de nuestra Constitución. Recordemos que los secretarios generales cargan con la responsabilidad legal para demostrar que sus postulados reúnen los “méritos de capacidad, idoneidad y honradez” requeridos para ser electos.

El segundo filtro recae sobre el Registro de Ciudadanos. Allí debe de suceder el mismo proceso, partiendo por publicar esos criterios objetivos para establecer capacidad, idoneidad y honradez. ¿Son idóneos y honrados los candidatos que han tenido sentencias por corrupción, lavado de dinero, o tráfico de drogas/personas (independientemente de la jurisdicción)? ¿Es conveniente registrar a alguien que tiene procesos penales abiertos y con ello truncar las investigaciones en curso?

Finalmente, como tercer filtro, el TSE como máximo tribunal en materia electoral, es quien debe hacer valer nuestra Constitución (estrictamente el artículo 113) y dar el ejemplo en esta materia. El TSE, como tribunal que es, debe preservar su independencia y no prestarse a las presiones políticas que puedan llevar a resoluciones que riñan con nuestro marco legal aplicable.

Podemos debatir, como nación, si debe o no incluirse el artículo 113 en nuestra constitución política. Podemos debatir sobre esos criterios objetivos que normen su aplicación en la práctica. Lo que no podemos hacer es ignorar que existe el artículo 113 y que, como tal, debe ser respetado.

En las estadísticas existe el concepto de Error Tipo I y Error Tipo II. Cometemos el error de dejar participar a alguien y vedar su derecho a ser electo, si erróneamente limitamos su capacidad de participación en el esfuerzo por hacer valer el artículo 113. Cometemos otro tipo de error, más grave en mi opinión, en dejar participar en la política a aquellos delincuentes reconocidos y quienes claramente violan el artículo 113. Creo que, en el balance de prioridades, se aceptarían los posibles “falsos positivos” en la aplicación del 113 siempre que exista claridad y preceptos objetivos para determinar los factores de honradez e idoneidad. Lo que ciertamente no se vale es cambiar las reglas del juego dependiendo del jugador. Y lo que tampoco se vale es que el árbitro esté parcializado. La depuración de la política es algo urgente y algo que respaldamos, al estar en ley, todos los ciudadanos guatemaltecos.

Si queremos una nación que avance hacia el bien común, la política en Guatemala tiene que cambiar. Para que eso suceda, tienen que cambiar quienes hacen política. El director de personal de la administración del ex presidente de Estados Unidos Ronald Reagan dijo en alguna ocasión “los funcionarios son la política”. Debemos contar con las mejores personas para ser funcionarios públicos. La decisión más crítica es la selección de personas que integrarán ese equipo que jugará por Guatemala. En ausencia de listados abiertos o verdaderos mecanismos de primarias, dependemos de los secretarios generales, los partidos políticos y el TSE para que ese equipo se integre a partir de nuestros mejores ciudadanos.

www.salvadorpaiz.com