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Lo que América Latina debería abordar

Particularmente para los EE. UU., el nearshoring es una opción que puede ser un catalizador económico para América Latina, impulsando el crecimiento y la creación de empleo.

América Latina
Melanie Müllers |
13 de julio, 2022

América Latina es bien conocida por sus altos niveles de iniciativa empresarial, hay al menos dos docenas de unicornios (empresas unicornio son aquellas compañías que logran generar un valor de 1.000 millones de dólares durante su primer año de lanzamiento al mercado, aún sin haber ingresado a la bolsa de valores y sin contar con el financiamiento de inversionistas u otras empresas más grandes) en la industria que va desde entregas a pedido hasta pagos digitales y han surgido nuevas empresas para llenar vacíos como el acceso al crédito, la atención médica y la educación.  Así como el creciente reconocimiento de startups y unicornios latinoamericanos innovadores ha atraído recientemente importantes flujos de inversión, nuestra región, que cuenta con vastos recursos naturales y un valioso capital humano, debe estar a la vanguardia de las oportunidades emergentes en términos de transición energética, mercados y empleos, infraestructura moderna y preparar a las nuevas generaciones con las capacidades y habilidades tecnológicas alineadas a las oportunidades de empleo del futuro.

Con una población relativamente joven, América Latina no enfrenta el tipo de declive demográfico que está comenzando a afectar a China, lo cual nos puede dejar bien posicionados a medida que las economías avanzadas, desde EE. UU. hasta Japón, busquen diversificar sus cadenas de suministro.

Particularmente para los EE. UU., el nearshoring es una opción que puede ser un catalizador económico para América Latina, impulsando el crecimiento y la creación de empleo.

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La región también ha visto algunas novedades sorprendentes (y disruptivas) de innovación, incluida la adopción de Bitcoin como moneda por parte de El Salvador.

Por el momento, el crecimiento económico se está recuperando lentamente a pesar de la pandemia que aún sigue su curso. La región está gravada por uno de los mayores aumentos inflacionarios en un mundo lleno de ellos, varios  economistas esperan que los precios al consumidor en América Latina suban, pero a diferencia de épocas pasadas, muchos de los bancos centrales de América Latina se han esforzado más por contener los precios y  en el proceso, han buscado evitar el tipo de paralelismos con la década de 1970 y principios de la de 1980 que hicieron los críticos de la Reserva Federal de EE. UU.

Liderados por Brasil, los bancos centrales de América Latina han actuado con mayor rapidez y agresividad que en otros lugares. Solo este mes, Brasil, México, Argentina, Chile y Perú han aumentado las tasas de interés. Pero las expectativas son que los costos de endeudamiento todavía tendrán que subir.

Ignorar los riesgos potenciales señalados no evitará su ocurrencia, pero debemos responder a ellos con responsabilidad e impulsar la integración de nuestra región, dejando de lado las divisiones ideológicas y coordinándonos mejor para avanzar en soluciones innovadoras que aborden problemas estructurales. Debemos promover una mayor productividad con una visión de largo plazo para brindar certidumbre a nivel nacional y ojalá sea regional, con una fórmula que integre indicadores socioeconómicos tradicionales con soluciones en términos de resiliencia e inclusión, así como respuestas a los desafíos ambientales.

Si bien los desafíos requieren atención inmediata, la pandemia y sus consecuencias socioeconómicas han demostrado una vez más que los riesgos globales no respetan las fronteras o las divergencias políticas y las amenazas compartidas requieren una respuesta global coordinada. América Latina no puede concebirse aisladamente de los hechos y tendencias que prevalecen en el resto del mundo. Por el contrario, es evidente la necesidad de insertarnos más en el contexto global, donde la región debe ganar nuevamente su protagonismo, saber aplicar las lecciones aprendidas y el compromiso de los líderes de todos los sectores, dejar de lado las divisiones internas, las diferencias ideológicas o las fricciones y rivalidades históricas.

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