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Lo que hay que cambiar es el cómo, no el que.

La meta es la adquisición de conocimientos y destrezas; estos se miden de acuerdo con estándares establecidos, así comprobando el éxito del esfuerzo, o los niveles aún pendientes por alcanzar.

educación
Diana Brown |
20 de octubre, 2022

El estado de la educación es conocido; desde antes del forzado cambio de modalidad del aislamiento por COVID, se habían detectado serios vacíos, y la imperante necesidad de otras estrategias de proveer una ruta exitosa para la adquisición del aprendizaje.

Los sistemas educativos giran alrededor de un currículo, definiéndose “Descrito en forma documental, a través de planes y programas, materiales didácticos sugeridos, guías curriculares y los objetivos que el sistema educativo vigente aspire alcanzar mediante la aplicación de esos planes”. Se encuentran los conceptos de curriculum operacional o pertinente; oculto; nulo y extra. La meta es la adquisición de conocimientos y destrezas; estos se miden de acuerdo con estándares establecidos, así comprobando el éxito del esfuerzo, o los niveles aún pendientes por alcanzar.

Los gobiernos inviertan recursos amplios y variados para la elaboración de estos parámetros: son económicos, horas hombre, capacitaciones y desarrollo el material didáctico, además de investigaciones de los entornos de la ciudadanía. Es una labor que debe abarcar desde la etapa inicial hasta diversificado, con la continuidad de un mismo hilo conductor, una filosofía pedagógica, una visión enfocada hacia la arquitectura de la ciudadanía, proveyendo los elementos. Importante la participación ciudadana en esta construcción, y los modelos de monitoria para asegurar su cumplimiento y el alcance de la calidad.

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La construcción del Currículo Nacional Base de Guatemala inicio en el 2004, durante varios años, por los niveles, basado en competencias e indicadores de logro.

En un intercambio en vivo, se hizo la pregunta ¿Qué se debe hacer para lograr la calidad educativa? La repuesta, “una dinámica disruptiva, cambiando radicalmente las estrategias didácticas”; la continua pregunta, “Como? “.  Se ha allí la incógnita.

La respuesta automática: cambiando el currículo. Pero ¿se tiene el tiempo? Otros ocho años en discusiones académicas, mesas de dialogo, pruebas de primera fase? No. El rescate debe ser inmediato! Y entonces, cómo…

Es de cambiar la práctica aplicada dentro del currículo, emplear distintas estrategias para alcanzar la meta del aprendizaje. No se tiene el tiempo de años para una nueva construcción, la necesidad es imperante; la finalidad didáctica pueda ser exactamente la misma: las destrezas necesarias para vivir dignamente en el siglo 21 en adelante, las nuevas exigencias vitales. Lo que hay que cambiar es el cómo, no el que.  

John Jacques Rousseau (1712-1788) en su obre Emilio o la Educación, propone una tutoría permanente para el pupilo, uno a uno, durante todos los años de formación.  Se puede trasladar el concepto a la actividad de acompañamiento, ya no modificar el currículo, sino su aplicación, tornando esa aplicación en una educación personalizado, complementada por trabajo en equipo, con el perfeccionamiento de los talentos de sus integrantes, la complementariedad de tareas, la integración de disciplinas, y la aplicación a la vida diaria. “En primer lugar, el maestro debe poner al alumno en la situación que cree conveniente para que tal situación le lleva a una determinada conclusión. Debe poner los medios, poner los medios, disponerlas cosas, para hacer ver en el alumno aquello que trata de inculcarle.” JJ Rousseau

¿Qué implica este giro educativo? La formación de comunidades de aprendizaje; el intercambio de proyectos, experiencias, dinámicas, que tiene como fin provocar al estudiante cuestionar, luego el docente a guiar, para alcanzar la finalidad del aprendizaje, el fortalecimiento de las destrezas de análisis y discernimiento. Este acompañamiento enriquece a todos los involucrados; se aprende de las culturas cercanas, y lejanas. Pues la experiencia de aprender por medio de la tecnología, colaborativamente, fortalece la pertenecía cultural propia, y el conocimiento de las culturas de otros países, permite el desarrollo de las competencias de análisis, comparación, lectura, matemática, todas estas destreza y más; las implícitas y explicitas como logros deseados en los currículos escritos.

Implica que el docente debe innovar sus actividades, a que tengan la finalidad del alcance de las competencias deseadas por medio del acompañamiento.

Este tipo de estructuras de acompañamiento requieren de mucha inversión en la formación de cuadros para la tarea, en el desarrollo de metodologías de trabajo y, no menos importante, en el acompañamiento de los propios acompañantes, valga la redundancia. La función no se construye de un día para otro y continuamente se corre el riesgo de que se desvirtúe y se burocratice. Pero una inversión fuerte y sostenida en una buena estructura de acompañamiento probablemente tendrá en el mediano plazo más impacto en la experiencia de los estudiantes que un debate curricular interminable y cíclico.Pedro Ravela. ¿Reformar el currículo o mejorar el acompañamiento pedagógico?  

Cambio: necesario; importancia: magna; rapidez: pronta; lo que se necesita: decisión, voluntad y actitud; no olvidar: ¡La educación es prioridad nacional!

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